Francia sería el gran Estado miembro más afectado: podría perder 1,4 puntos porcentuales de crecimiento, suficiente para llevar su economía a una contracción del 0,6% . La proyección de Triodos no es un recuento oficial de daños de la UE, sino un escenario económico que Reuters, Politico y otros medios han considerado una aproximación creíble a la magnitud del problema .
El Rin, el Danubio, el Loira y el Po alcanzaron niveles récord o cercanos al récord durante agosto, según el programa Copernicus de observación de la Tierra de la UE . El impacto sobre la logística y la industria pesada fue inmediato.
En el punto crítico del Rin situado junto a Kaub, Alemania, el nivel del agua cayó por debajo de los 25 centímetros, el mínimo registrado en casi 150 años. Las barcazas llegaron a cargar apenas una quinta parte de su capacidad habitual . La siderúrgica alemana Thyssenkrupp tuvo que reducir la producción de arrabio en su planta de Duisburgo después de que el bajo nivel del río interrumpiera la llegada de materias primas
. Parte de la carga tuvo que trasladarse por ferrocarril, encareciendo el transporte y retrasando las entregas de carbón, minerales y otros insumos industriales
.
En el Danubio, la situación fue todavía más extrema. El indicador del nivel del río en Paks, Hungría, marcó menos 123 centímetros el 31 de julio, muy por debajo del anterior récord de menos 98 centímetros, registrado en 2018 . Los barcos no podían navegar completamente cargados y las esperas afectaron al comercio entre Eslovaquia, Hungría, Rumanía y Bulgaria .
La sequía reveló una vulnerabilidad clave del sistema energético europeo: las centrales nucleares necesitan agua de los ríos para refrigerarse. Cuando el caudal baja y la temperatura del agua sube, las plantas deben reducir su producción para operar de forma segura.
El caso más llamativo fue el de la central de Paks, en Hungría, que normalmente aporta cerca de la mitad de la electricidad del país. El primer ministro Peter Magyar advirtió el 30 de julio de que la planta podía apagarse por completo por primera vez en sus 44 años de historia . Para el 2 de agosto, funcionaba a poco más del 10% de sus 2.000 megavatios de capacidad, con una sola de sus ocho turbinas en operación
.
El nivel del Danubio subió temporalmente a mediados de agosto tras las lluvias, lo que permitió recuperar parcialmente la producción hasta el 25%. Sin embargo, la crisis puso de manifiesto las dificultades de depender de ríos vulnerables al calor y a la falta de lluvias .
Rumanía también tuvo que desconectar de la red su último reactor operativo a comienzos de agosto debido a los niveles récord del Danubio, en una situación inédita para el país . En Francia, donde la energía nuclear genera aproximadamente dos tercios de la electricidad, varias centrales redujeron su producción porque los ríos no podían proporcionar suficiente agua de refrigeración
. En total, más de media docena de reactores europeos redujeron su actividad o se detuvieron por problemas relacionados con la refrigeración .
Los precios del gas natural ya estaban elevados por el shock energético asociado a la guerra con Irán. Los cortes y las restricciones provocados por la sequía añadieron presión al sistema: con menos electricidad hidroeléctrica y nuclear disponible, aumentó la necesidad de recurrir a centrales de gas, lo que elevó la exposición a precios altos y a riesgos de suministro .
Hungría declaró un estado de alerta nacional durante todo agosto debido a la caída de la producción eléctrica causada por la sequía y los bajos niveles de los ríos . Los gobiernos tuvieron que adoptar medidas extraordinarias para mantener el suministro energético .
Las altas temperaturas, las restricciones de agua, los suelos agotados y los incendios redujeron el rendimiento de los cultivos y la productividad ganadera en distintas zonas del continente. El Centro Común de Investigación de la UE señaló que la sequía empeoró durante julio y agosto, llevando a los principales ríos europeos a niveles mínimos y alimentando incendios forestales excepcionales .
La organización independiente Energy and Climate Intelligence Unit estimó que la ola de calor de junio podría reducir en unos 2.000 millones de euros el valor de la cosecha europea de cereales. Francia y Hungría concentrarían casi tres cuartas partes de las pérdidas calculadas . En el conjunto de Europa se esperaba una merma de unos 9 millones de toneladas de grano .
Los agricultores afrontaron algunos de los suelos más secos de los que se tiene constancia, mientras varios países impusieron restricciones de emergencia al uso del agua. En buena parte del sur de Inglaterra, por ejemplo, se prohibió utilizar mangueras .
El impacto sanitario fue especialmente grave. Los datos oficiales de EuroMOMO, una red respaldada por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades y la Organización Mundial de la Salud, registraron más de 10.000 muertes adicionales durante la ola de calor de finales de junio. Más de 9.000 correspondieron a personas de 65 años o más . Francia contabilizó al menos 5.764 muertes adicionales durante ese periodo .
Las cifras acumuladas siguieron revisándose en agosto. Alemania informó de 11.900 muertes relacionadas con el calor hasta julio; Francia, de más de 5.700; y España, de 3.001 hasta el 30 de junio . Una recopilación de Wikipedia sitúa en aproximadamente 30.891 las muertes adicionales en Europa, aunque se trata de un agregado colaborativo y las diferencias en los métodos de atribución y los retrasos estadísticos hacen que el balance aún no esté cerrado .
La OMS advirtió de que todavía podían producirse semanas mortales mientras continuaban las olas de calor sucesivas .
Mientras la economía real sufría, las bolsas europeas alcanzaron máximos históricos. Analistas describieron esta aparente desconexión como una forma de “negación” del riesgo climático .
“Los resultados empresariales han sido muy sólidos y la principal preocupación en términos de inflación es la situación en Irán, así que el calentamiento global ocupa realmente un segundo plano”, declaró a AFP Florian Ielpo, responsable de investigación macroeconómica del banco suizo Lombard Odier .
Los índices bursátiles reflejan las expectativas sobre beneficios futuros, los tipos de interés, la composición sectorial y los flujos internacionales de capital. No constituyen, por tanto, una valoración completa del riesgo físico climático crónico .
El mercado puede estar prestando más atención a los beneficios inmediatos y a las narrativas energética y geopolítica que a las pérdidas recurrentes en infraestructuras, alimentos, productividad laboral y seguros . Aun así, hay señales de que algunos inversores comienzan a cubrirse: el volumen negociado en futuros meteorológicos específicos de Europa aumentó casi un 30% en 2026, frente a cambios mínimos en el mercado meteorológico global .
La ola de calor y la sequía de 2026 dejaron una conclusión difícil de ignorar: la sequía ya no es únicamente un riesgo para el campo. También limita el transporte, la producción industrial, la fiabilidad del sistema eléctrico, la salud pública y el crecimiento económico .
La vulnerabilidad de las centrales nucleares ante los bajos niveles de los ríos, la dependencia de las cadenas de suministro del Rin y el impacto directo del calor sobre la productividad apuntan a una nueva realidad para Europa. Como resumió un análisis de Reuters, este verano la realidad del cambio climático golpeó de lleno a la economía europea; el coste definitivo apenas empieza a contabilizarse .