Goldman Sachs estima que el gasto de capital (capex) en IA alcanzará los 7,6 billones de dólares en los próximos cinco años . Gigantes tecnológicos como Meta, Oracle y otros han recaudado colectivamente 250.000 millones de dólares en los mercados de deuda solo en 2026, absorbiendo enormes cantidades de capital de los inversores y elevando los rendimientos reales . La escala del endeudamiento relacionado con la IA está obligando a las firmas de inversión a reevaluar los impactos macroeconómicos a largo plazo de esta tecnología . En particular, los rendimientos reales del bono estadounidense a 30 años, medidos por los bonos vinculados a la inflación (TIPS), rondan el 3%, cerca de máximos de 18 años .
Las expectativas de inflación han aumentado considerablemente, y los mercados descuentan ahora una probabilidad significativa de nuevas subidas de tipos en lugar de recortes. A finales de julio de 2026, los operadores veían un 69% de probabilidades de una subida de tipos por parte de la Reserva Federal (Fed) en septiembre . Se espera que los bancos centrales de las principales economías reanuden o mantengan las subidas de tipos en lugar de recortarlos . Los operadores descuentan aproximadamente 400 puntos básicos de subidas de tipos en siete mercados principales, y dos tercios de los 32 mercados de swaps monitorizados apuntan a incrementos .
El déficit federal de EE.UU. se proyecta en 1,9 billones de dólares (5,8% del PIB) para el año fiscal 2026, y se elevaría a 3,1 billones en 2036 . Según el Laboratorio Presupuestario de Yale, desde 2015, la política fiscal acumulada ha elevado los rendimientos de los bonos del Tesoro a largo plazo en aproximadamente 97 puntos básicos . J.P. Morgan señala que la deuda federal en manos del público alcanzará aproximadamente el 100,4% del PIB este año . La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) proyecta que los intereses de la deuda pública absorberán el 14% de todos los ingresos en 2026, y hasta el 30% en 2036 si los rendimientos se mantienen elevados .
La deuda de la era pandémica, los déficits persistentes y el aumento del gasto en defensa están tensionando las finanzas públicas en las economías avanzadas, lo que empuja al alza los rendimientos a largo plazo a nivel global . El rendimiento forward del bono del Tesoro estadounidense a 10 años (dentro de 10 años) alcanzó su nivel más alto en 20 años, y los economistas identifican tres factores detrás de este aumento: la acumulación de deuda de la pandemia, los déficits fiscales persistentes y el incremento del gasto en defensa .
Durante 24 años (1998-2021), las acciones y los bonos mantuvieron una correlación negativa (-0,30 a -0,50), lo que significaba que los bonos amortiguaban las caídas de la renta variable. Desde 2022, la inflación estructural y los déficits persistentes han roto esta relación . En 2022, la correlación entre acciones y bonos se volvió positiva (+0,52), y el S&P 500 cayó un -18,1% mientras que los bonos del Tesoro de EE.UU. bajaron un -13,0%, lo que supuso para los portafolios 60/40 una pérdida real del -17,5%, la peor desde la Gran Depresión
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El FMI confirmó en febrero de 2026 que los bonos se han vuelto estructuralmente menos efectivos como cobertura de la renta variable desde la pandemia . Allianz calcula que el ratio de Sharpe de un portafolio estándar 60/40 ha caído de 0,47 a solo 0,14
. UBS informa de que la correlación entre la renta variable y los bonos en EE.UU. ha caído a un mínimo de casi 30 años, lo que indica una ruptura estructural de la cobertura tradicional
. Los inversores están desplazando sus asignaciones hacia materias primas, infraestructuras, crédito privado y otros activos sensibles a la inflación
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Las acciones tecnológicas son muy sensibles al aumento de los rendimientos porque sus valoraciones dependen de flujos de caja futuros lejanos, que se descuentan más cuando suben los tipos . Una encuesta de Bloomberg reveló que el 80% de los inversores sigue esperando que la renta variable tenga un mejor rendimiento, aunque reconocen que el aumento de los rendimientos es un riesgo clave . Los bonos de las principales empresas tecnológicas estadounidenses se han desplomado, ya que el gasto en IA financiado con deuda genera preocupación sobre el apalancamiento y la capacidad de pago en un contexto de costes de financiación más elevados . Unos rendimientos reales más altos aumentan el coste del capital para la propia construcción de infraestructura de IA que impulsa el ciclo, creando un posible bucle de retroalimentación que podría ralentizar la inversión y el crecimiento .
El aumento de los rendimientos incrementa directamente el gasto del gobierno en intereses. La CBO proyecta que el déficit pasará de 1,9 billones de dólares (2026) a 3,1 billones (2036) . Cada aumento sostenido de los rendimientos añade decenas de miles de millones al servicio anual de la deuda. Si los rendimientos más altos persisten, el aumento de los costes de endeudamiento del Tesoro añadirá 1 billón de dólares a la deuda federal proyectada para 2033, y 2 billones para 2037 . La subasta del bono a 30 años al 5,216% indica que los inversores exigen primas por plazo materialmente más altas para absorber la creciente oferta de deuda del Tesoro .
Los mayores costes de endeudamiento reducen el margen fiscal en países con elevadas ratios de deuda sobre PIB (por ejemplo, EE.UU. en ~100%, Japón en ~260%, Italia, Francia). Las necesidades de gasto en defensa derivadas de la guerra en Irán agravan la presión . Es probable que Japón emita nueva deuda para hacer frente al impacto económico de la guerra, lo que se sumaría a la presión de la oferta en un mercado ya tenso
. El riesgo de dominancia fiscal —donde los bancos centrales se ven presionados a mantener los tipos más bajos de lo que la inflación justificaría para contener los costes de la deuda— está aumentando, amenazando la credibilidad de los bancos centrales y potencialmente alimentando una mayor inflación
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Se espera que los bancos centrales reanuden o mantengan las subidas de tipos en lugar de recortarlos. La combinación de rendimientos reales más altos, una política monetaria más restrictiva y una menor diversificación de los bonos aumenta el riesgo de una desaceleración global sincronizada si la venta masiva continúa . J.P. Morgan advierte que los mercados de bonos gubernamentales están enviando una señal clara: la demanda de préstamos está aumentando, la inflación es persistente y los rendimientos han establecido nuevos rangos de negociación más altos que difícilmente se revertirán rápidamente
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La debacle de 2026 en el mercado de bonos global no es un evento de shock único, sino la intersección de un auge crediticio impulsado por la IA, un shock petrolero geopolítico, déficits fiscales estructuralmente grandes y el desmoronamiento de la correlación tradicional entre acciones y bonos. Cada una de estas fuerzas refuerza a las demás, y los mercados aún no han visto catalizadores claros para una reversión. Los inversores se ven obligados a replantearse las reglas más básicas de la construcción de carteras, ya que el modelo tradicional 60/40 pierde su poder de cobertura y el coste del capital aumenta en todos los ámbitos. La pregunta clave a futuro es si estos rendimientos más altos representan una nueva normalidad o un pico temporal que finalmente se revertirá.