El 31 de julio, Italia anunció la suspensión del acuerdo de libre circulación Schengen con España durante un mes, calificándolo de «medida extraordinaria» para salvaguardar la seguridad nacional . La decisión fue anunciada por Giorgia Meloni junto a sus vice primeros ministros Matteo Salvini y Antonio Tajani
. La suspensión se dirigía a ciudadanos no comunitarios que llegaran desde España por vía aérea o marítima; los ciudadanos de la UE no se vieron afectados .
El gobierno de Meloni argumentó que respondía al fracaso de España en controlar la frontera exterior de la UE . Meloni afirmó que las imágenes de Ceuta recordaban que «la inmigración ilegal no controlada representa una amenaza real para la seguridad de las fronteras de Europa» .
España dio a Italia hasta el 9 de agosto para levantar los controles, calificándolos de «injustificados y discriminatorios» . Ante la negativa de Roma, Madrid impuso sus propios controles fronterizos recíprocos a todo el tráfico aéreo y marítimo procedente de Italia, con efecto a partir de la medianoche del 8 de agosto y durante un mes, hasta el 7 de septiembre
. La policía española comenzó a realizar controles documentales a los pasajeros llegados de Italia en aeropuertos y puertos
.
Italia rechazó el ultimátum español. Un comunicado de la oficina de Meloni afirmó que Italia «no aceptaría ultimátums ni imposiciones de Madrid» y que la suspensión se mantendría al menos hasta el 15 de agosto .
El 1 de agosto, Italia y Dinamarca lideraron una carta abierta conjunta firmada por 22 de los 27 estados miembros de la UE, dirigida al presidente del Consejo Europeo, António Costa, a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y a la presidencia irlandesa . La carta exigía:
Los cuatro miembros de la UE que no firmaron fueron España (objetivo de las críticas), Irlanda (presidencia rotatoria), Francia y Portugal . En respuesta, se celebró una videoconferencia de emergencia de los ministros del Interior de la UE el 4 de agosto
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Meloni enfrentó críticas desde varios frentes. En su flanco derecho, el partido ultraderechista Futuro Nazionale (National Future), fundado por el eurodiputado Roberto Vannacci en febrero de 2026, la acusaba de no ser suficientemente dura en materia migratoria y competía por su base de votantes de cara a las próximas elecciones generales . Los partidos de la oposición italiana atacaron la suspensión de Schengen calificándola de gesto populista para contentar a los halcones de la coalición, más que una medida de seguridad seria . La cobertura europea debatió ampliamente si la postura agresiva de Meloni respondía a un cálculo electoral más que a una genuina preocupación por la seguridad fronteriza .
La suspensión fronteriza de Italia se fijó explícitamente al menos hasta el 15 de agosto, y Meloni declaró que no levantaría las medidas antes de esa fecha . La propia España esperaba una nueva oleada migratoria en torno a esa fecha
. El contexto general muestra:
Incertidumbre clave: Las fuentes no confirman si se materializó un segundo cruce masivo en Ceuta el 15 de agosto. La evidencia disponible muestra que Meloni mantuvo sus controles como precaución, pero los informes sobre el resultado de ese día no se recogieron en el ciclo de noticias cubierto por las fuentes disponibles.
El enfrentamiento entre Italia y España tiene implicaciones de gran alcance para la arquitectura fronteriza europea.
Schengen bajo una tensión sin precedentes. Un estado miembro (Italia) suspendió unilateralmente la libre circulación con otro (España), no por su propia seguridad fronteriza, sino por los supuestos fallos en la frontera exterior de otro país . Esto sienta un precedente desestabilizador para el sistema Schengen.
El pacto migratorio de la UE se enfrenta a su primera gran prueba de estrés. El nuevo Pacto de Migración y Asilo de la UE entró en plena aplicación el 12 de junio de 2026, apenas unas semanas antes de la crisis de Ceuta . La carta abierta de 22 estados exigiendo una acción coordinada señala una profunda desconfianza en las políticas unilaterales de España y un impulso para que la UE asuma el control de la gestión de las fronteras exteriores
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Se acentúa la división norte-sur en la UE. Los estados del sur más expuestos (España, Italia, Grecia) siguen divididos en su enfoque. Italia, respaldada por Dinamarca y un amplio bloque norteño, utiliza la crisis para exigir una disuasión sistemática a nivel de la UE, mientras que España resiste lo que considera «ataques» y politización de la crisis . El enfrentamiento ha puesto de manifiesto que el nuevo pacto no ha resuelto la tensión fundamental entre solidaridad y soberanía nacional en el control fronterizo.