Las conversaciones para reabrir el estrecho de Ormuz no registraron avances visibles, lo que mantuvo elevados los precios del petróleo y alimentó la incertidumbre inflacionaria . EE.UU. declaró que podría mantener un bloqueo naval a Irán de forma indefinida, mientras que Teherán dijo que no permitiría la reapertura del estrecho hasta que se cumplieran sus condiciones
. Los inversores temían que unos costes energéticos sostenidos obligaran al BCE a seguir endureciendo su política monetaria
.
La perspectiva de un mayor endurecimiento monetario fue el canal principal a través del cual el riesgo geopolítico se transmitió a los mercados de bonos:
La segunda estimación del PIB del segundo trimestre de la eurozona a cargo de Eurostat, publicada el 14 de agosto, confirmó una expansión trimestral del 0,4%, el doble del consenso inicial del 0,2% . Un crecimiento más sólido redujo los argumentos para una pausa temprana del BCE, presionando aún más los precios de los bonos .
La intensa emisión de deuda soberana por parte de los principales gobiernos de la eurozona (Francia, Italia y España) se sumó al exceso de oferta, y las rentabilidades subieron en parte para atraer compradores en un entorno geopolítico incierto .
Las ventas minoristas de julio en EE.UU. resultaron más débiles de lo esperado, lo que hizo caer brevemente las rentabilidades de los bonos del Tesoro estadounidense. Sin embargo, el efecto sobre los bonos europeos fue efímero, ya que el riesgo de Ormuz y las expectativas de subida de tipos del BCE volvieron a imponerse .
La venta de bonos no desencadenó un movimiento generalizado de aversión al riesgo en todas las clases de activos:
La venta masiva de bonos del 14 de agosto fue un ejemplo clásico de cómo un shock de oferta geopolítico en los mercados energéticos puede transmitirse a través de las expectativas de inflación hasta fijar el precio de la política monetaria. Con el pulso por el estrecho de Ormuz sin resolver, el BCE parece dispuesto a aplicar lo que muchos esperan que sea su última subida de tipos del ciclo en septiembre. Que ese sea o no el punto máximo dependerá de si el pulso se intensifica o se desescala, una cuestión que los mercados de bonos seguirán vigilando de cerca.