Simultáneamente, el estrecho de Ormuz —una vía marítima por la que transitaba aproximadamente el 10% de la producción mundial de aluminio— quedó prácticamente cerrado. Esto bloqueó las exportaciones de los productores del Golfo hacia Europa, Estados Unidos y Asia, e impidió la importación de bauxita y alúmina, las materias primas de las que dependen las fundiciones de la región .
Según el Instituto Internacional del Aluminio, la producción de aluminio primario en el Golfo cayó a una tasa anualizada de 2 millones de toneladas entre febrero y mayo de 2026 —aproximadamente el 3% de la producción anual mundial eliminado en cuestión de meses .
Con el metal físico desapareciendo del mercado, los fabricantes, comerciantes y consumidores recurrieron a la LME como proveedor de último recurso. Las existencias disponibles ("on-warrant") se redujeron a la mitad, pasando de aproximadamente 440.000 toneladas en enero a unas 250.000 toneladas a mediados de agosto .
El shock llevó el precio del aluminio a tres meses en la LME a un máximo de cuatro años de 3.787,50 dólares por tonelada a principios de junio de 2026 . Algunos analistas pronosticaron en ese momento que los precios podrían superar los 4.000 dólares por tonelada, acercándose a máximos históricos
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Sin embargo, a finales de julio, los precios habían retrocedido hasta aproximadamente los 3.170 dólares por tonelada —más o menos donde estaban antes de la escalada de la guerra . Esta recuperación parcial sugiere que el mercado descontó cierta destrucción de la demanda debido a una desaceleración económica global y la expectativa de que la producción en el Golfo se reanudara. Pero la escasez subyacente sigue siendo severa, con inventarios cercanos a mínimos históricos y la nueva oferta de China e Indonesia incapaz de compensar la caída
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Lo que queda en el sistema de la LME está extraordinariamente concentrado —una señal de alarma estructural para un mercado que se supone debe ser profundo y líquido.
Esta concentración no se ha debido a un aumento del volumen ruso, sino a la retirada activa de todos los demás orígenes . Como señaló un análisis, se trata de una "concentración pasiva" —y deja al mercado peligrosamente expuesto.
La crisis del aluminio es una advertencia que va mucho más allá de un solo metal.
Dependencia occidental de las importaciones: La región del Golfo suministraba a Europa y Estados Unidos millones de toneladas de aluminio primario y alúmina de alta pureza. Su pérdida repentina expuso la escasa capacidad de producción sobrante fuera de China . La UE clasifica el aluminio como una materia prima crítica y estratégica en virtud de su Ley de Materias Primas Críticas .
Aluminio de grado militar: el eslabón más débil: Un simulacro de guerra del Pentágono realizado a mediados de 2025 —meses antes de que comenzara la guerra con Irán— simuló un conflicto importante y concluyó que la cadena de suministro de aluminio de EE. UU. "potencialmente no resistiría bien" . La vulnerabilidad específica era el aluminio de alta pureza, una forma ultrarrefinada esencial para aviones de combate y vehículos blindados. EE. UU. depende de las importaciones de los EAU para aproximadamente el 90% de ese metal .
Cascada de puntos de estrangulamiento: El cierre del estrecho de Ormuz no solo bloqueó el aluminio terminado. También bloqueó la bauxita y la alúmina que importan las fundiciones del Golfo, creando un colapso de producción que se retroalimenta a sí mismo . Un único punto de estrangulamiento marítimo amenazó toda una cadena de valor de minerales críticos.
Impacto industrial en cadena: Los sectores de la construcción, el envasado, el transporte y la energía verde —marcos solares, paneles de carrocería de vehículos eléctricos, carcasas de baterías— se enfrentan a picos de costes y escasez de materiales debido a la crisis . La consultora Wood Mackenzie estimó que el mercado mundial podría enfrentarse a un déficit de oferta de hasta 4 millones de toneladas en 2026
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La guerra con Irán transformó por completo un mercado de aluminio que antes estaba bien abastecido en solo seis meses. La producción en el Golfo se desplomó en 2 millones de toneladas al año, las existencias de la LME se agotaron hasta un mínimo de 36 años, el metal entregable restante es aproximadamente un 93% ruso y está en manos de una sola entidad, los precios se dispararon un 30% antes de estabilizarse en un equilibrio precario, y un simulacro de guerra del Pentágono realizado antes del conflicto ya había señalado exactamente esta vulnerabilidad .
Este episodio es una advertencia para todas las cadenas de suministro de minerales críticos que dependen de un grupo reducido de productores, puntos de estrangulamiento únicos e inventarios bursátiles muy ajustados. La pregunta no es si llegará la próxima crisis, sino a qué metal afectará.