Pero la condena de Huckabee vino con un matiz importante: mientras denunciaba este incidente concreto, defendió el movimiento de colonos en general y al ejército israelí, a pesar del fracaso de este último en poner fin al asedio durante cinco días . Esta postura dual (palabras duras para un episodio, pero ningún cambio en la política general) resultaría reveladora a medida que se desarrollaban los acontecimientos.
La respuesta del ejército israelí (FDI) fue vacilante y contradictoria:
El asedio de Qusra no ocurrió de forma aislada. Amnistía Internacional lo calificó como parte de una 'escalada implacable de violencia de los colonos respaldada por el Estado' en la Cisjordania ocupada . La ONU afirmó que 15 palestinos estaban atrapados en un 'estado de terror', con los colonos cortando las líneas de agua y electricidad para forzar el desplazamiento
.
Este incidente se desarrolló junto a otros acontecimientos que subrayan la tendencia: incursiones militares israelíes en Yenín que bloqueaban la ayuda humanitaria, y la reapertura por parte de Israel de un asentamiento emblemático en otra parte de Cisjordania el mismo día en que se enviaron tropas a Qusra . La violencia de los colonos se ha disparado en toda Cisjordania desde finales de 2023, con más de 500.000 colonos viviendo ahora entre tres millones de palestinos en el territorio ocupado .
El lenguaje inusualmente duro de Huckabee marcó un cambio notable de tono, pero el impacto práctico fue limitado. La intervención de las FDI llegó solo después de días de inacción y fue ampliamente criticada como inadecuada. Netanyahu no comentó la situación de Qusra , y la embajada de EE.UU. describió su papel como de 'coordinación' con las fuerzas israelíes, sin imponer consecuencias .
El asedio de Qusra pone de relieve una brecha persistente entre las reprimendas diplomáticas de Estados Unidos y la aplicación real de la ley sobre el terreno, donde la violencia de los colonos continúa en gran medida sin control. Para las familias atrapadas en esas tres viviendas, la etiqueta de 'terror' no cambió nada en sus menguantes suministros de alimentos, sus líneas de agua cortadas o las tiendas de campaña aún plantadas en sus patios delanteros.