Según los informes, la estrategia opera en al menos dos frentes clave: poner a prueba el compromiso de la OTAN con la defensa colectiva y desestabilizar Moldavia, un país situado estratégicamente entre Ucrania y Rumanía, miembro de la OTAN.
Moldavia ocupa un lugar central y creciente en los planes más amplios del Kremlin. Según el informe del NYT y fuentes de inteligencia occidentales, la jerarquía actual de prioridades del Kremlin define dos tareas principales: conquistar Ucrania es la primera, y obtener el control sobre Moldavia es la segunda.
Moldavia tiene un valor estratégico fundamental. Está posicionada como una plataforma para ejercer más presión sobre Kiev y Europa. El Kremlin, según los informes, tampoco ha abandonado su ambición de crear un corredor terrestre a través del sur de Ucrania hasta la región separatista de Transnistria, donde ya están estacionadas tropas rusas.
La investigación detalla una campaña del Kremlin de múltiples capas diseñada para descarrilar al gobierno proeuropeo de Moldavia, liderado por la presidenta Maia Sandu. La operación combina varias tácticas distintas:
La investigación vincula la guerra energética más amplia de Rusia contra Ucrania directamente con la desestabilización de Moldavia. La estrategia implica ataques a la infraestructura ucraniana que tienen efectos colaterales directos y devastadores sobre Moldavia.
La investigación sobre Moldavia forma parte de una alarma mayor que están dando los servicios de inteligencia occidentales. El 6 de agosto de 2026, The Wall Street Journal informó de nuevas evaluaciones de la inteligencia estadounidense que advierten de que Putin podría lanzar un ataque limitado contra un miembro de la OTAN, un movimiento diseñado para poner a prueba el Artículo 5 y fragmentar la alianza.
El plazo para tal ataque se sitúa entre el otoño de 2026 y 2029. Los escenarios bajo consideración van desde ciberataques y sabotajes encubiertos hasta una pequeña incursión terrestre en un país del flanco oriental de la OTAN, como los Estados bálticos o Polonia.
Junto a la amenaza de una prueba militar directa, se está produciendo una campaña acelerada de operaciones híbridas. Un temor clave es un ataque de bandera falsa ruso.
Funcionarios polacos y bálticos han advertido de que Putin podría intentar desencadenar una crisis tan pronto como en el otoño de 2026. Esto se alinea con evaluaciones anteriores. En junio de 2025, el jefe de la defensa alemana, el general Carsten Breuer, advirtió a la BBC que un ataque ruso contra la OTAN en un plazo de cuatro años era un escenario realista, citando el enorme aumento de la producción de tanques en Rusia.
Incertidumbre clave y fuentes: La investigación original del NYT se basa en funcionarios anónimos de dos países. El Kremlin ha negado las acusaciones. Sin embargo, el reportaje está reforzado por evaluaciones corroborantes de la inteligencia estadounidense y europea, datos de fuente abierta sobre ataques energéticos y violaciones del espacio aéreo, y reportajes de investigación independientes sobre las elecciones en Moldavia.