La Reserva Federal de Nueva York, actuando en nombre del Tesoro de Estados Unidos, vendió euros y compró yenes a través de grandes bancos como Goldman Sachs y Morgan Stanley. Al mismo tiempo, el Ministerio de Finanzas de Japón realizó sus propias operaciones de compra de yenes. En conjunto, Japón gastó hasta 36.580 millones de dólares en la intervención . El secretario del Tesoro, Scott Bessent, llevaba una lista manuscrita con los detalles de la operación .
El yen, que rondaba mínimos de 40 años, se disparó hasta un máximo de tres meses, cerrando en Nueva York en torno a los 157,40 yenes por dólar. La moneda mantuvo sus ganancias en los días siguientes, y ambos gobiernos se comprometieron conjuntamente a intervenir de nuevo si fuera necesario .
En una intervención cambiaria convencional, un país vende sus propias reservas —normalmente dólares estadounidenses— para comprar la moneda objetivo. Que EE. UU. rompiera esa norma usando euros fue calificado por varios analistas como "extraño" y "poco inteligente" . La elección táctica tuvo una sorpresa diplomática: los responsables europeos no fueron advertidos de que su moneda sería vendida en una operación liderada por EE. UU. .
Este método inusual también envió una señal a los mercados: Estados Unidos está dispuesto a utilizar unilateralmente otras divisas importantes en sus operaciones cambiarias, lo que tensa las normas de las alianzas e introduce incertidumbre sobre futuras tácticas de intervención .
Los analistas señalaron una motivación subyacente más allá de estabilizar la moneda: proteger el mercado de bonos del Tesoro estadounidense. Japón es el mayor tenedor extranjero de deuda pública estadounidense. Una caída desordenada del yen corría el riesgo de obligar a los inversores japoneses a liquidar sus enormes tenencias de bonos del Tesoro para obtener dólares, lo que dispararía los costes de endeudamiento de EE. UU. . Para aliviar esa presión, Bessent activó una línea de recompra (repo) de la Reserva Federal utilizando bonos japoneses como garantía .
Esta dinámica colocó a los bonos en el centro de la intervención. Masahiko Loo, de State Street, señaló que el próximo nivel clave a vigilar era 155 yenes por dólar, con la estabilidad del mercado de bonos como preocupación principal para EE. UU. .
El 7 de agosto de 2026, BlackRock publicó un comentario de mercado que llamó la atención. James Turner, responsable global de renta fija para EMEA en BlackRock, dijo que la decisión de EE. UU. de vender euros para apoyar al yen sin avisar a los funcionarios europeos "está añadiendo riesgos geopolíticos y disminuyendo aún más el atractivo de los bonos gubernamentales a largo plazo" .
Turner explicó que, aunque la intervención probablemente no dañe directamente los bonos gubernamentales europeos, la maniobra sorpresa demuestra que los países se están volviendo "un poco menos cooperativos" . La firma expresó su reticencia a mantener bonos de larga duración debido a la mayor volatilidad y a los riesgos asociados con las tensiones geopolíticas y la incertidumbre sobre la deuda a largo plazo .
La visión más amplia de BlackRock, publicada esa misma semana, sostenía que los bonos gubernamentales han cambiado de función: "menos lastre, más ingreso" . El gestor de activos ya había argumentado que la escasez de oferta, la persistencia de la inflación y el aumento de los costes de endeudamiento estaban remodelando el papel de la renta fija en las carteras. La intervención del yen añadió una capa geopolítica a esa tesis.
Reuters describió la situación como una "tormenta perfecta que se avecina en los mercados de divisas y bonos" . El temor de larga data de que uno de los mayores acreedores de Estados Unidos pudiera liquidar bonos del Tesoro, elevando los rendimientos y desencadenando un desplome del mercado, dejó de ser una hipótesis lejana. La intervención puso de relieve el inmenso papel de Japón como el mayor acreedor extranjero de EE. UU. y el potencial de que la defensa de una moneda desencadene una venta masiva transfronteriza de bonos .
Aunque la activación de la línea de repo de la Fed proporcionó un respaldo, la preocupación más profunda sobre la diversificación de reservas y la estabilidad del mercado de bonos soberanos permaneció. Los inversores se quedaron sopesando si la intervención fue una medida de emergencia puntual o un anticipo de una era menos predecible y menos cooperativa en los mercados globales de divisas y bonos.