Para agravar la escasez, una sequía severa en las Grandes Llanuras de Estados Unidos redujo la cosecha de trigo rojo duro de invierno (HRW) a su nivel más bajo desde la campaña 1957/58 . El Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA) pronosticó que la producción total de trigo estadounidense caería a su menor nivel desde 1970/71 . El problema no era aislado. La consultora Expana proyectó una producción mundial de trigo de 778,8 millones de toneladas, 37,3 millones menos que la temporada anterior, con la mayor parte del descenso concentrada en los principales países exportadores . El Consejo Internacional de Cereales (CIC) estimó un déficit de producción global de aproximadamente 7 millones de toneladas para la campaña 2026/27 .
Las lluvias que rompieron la sequía en el norte de Nueva Gales del Sur y el sur de Queensland a finales de mayo y junio, seguidas de condiciones invernales favorables, llevaron al Servicio Agrícola Exterior del USDA a revisar al alza la previsión de la cosecha de trigo australiana para 2026/27 hasta 31 millones de toneladas, un aumento de 2 millones respecto a la estimación anterior . El banco Rabobank también destacó una perspectiva más positiva para los cultivos de invierno gracias a las lluvias oportunas y la mejora de la humedad del suelo .
Lo paradójico es que esta mejora local no contuvo los precios. Al ser tan graves las interrupciones en el Mar Negro y los recortes de producción global, el trigo australiano se convirtió en una de las pocas fuentes de suministro fiables. Los compradores empezaron a pujar al alza para asegurárselo. En la práctica, el mejor panorama local hizo que hubiera más trigo australiano disponible para la exportación, lo que atrajo aún más demanda a un mercado global ya muy ajustado. Lejos de frenar los precios, la mejor cosecha amplificó la presión alcista .
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) informó de que su Índice de Precios de los Alimentos se situó en una media de 131,1 puntos en julio de 2026, un 0,6% más que en junio y el nivel más alto desde enero de 2023, lo que supone un máximo de más de tres años . El Índice de Precios de los Cereales de la FAO subió un 3,4% intermensual, hasta 113,8 puntos, un 6,9% por encima del nivel de julio de 2025 . Dentro de los cereales, el precio del trigo se disparó un 5,8% solo en julio, impulsado por las interrupciones en las exportaciones del Mar Negro y el impacto de las olas de calor en las regiones productoras . El índice general se vio empujado al alza por las subidas de cereales, aceites vegetales y azúcar, compensadas en parte por los descensos en los índices de carne y productos lácteos . A pesar de los aumentos mensuales e interanuales, el índice se mantiene 29,1 puntos (un 18,2%) por debajo de su máximo histórico de marzo de 2022, registrado tras la invasión rusa de Ucrania .