El mar tampoco queda al margen. Las olas de calor marinas reducen el oxígeno disuelto en el agua y pueden causar fallos cardíacos en los peces . El resultado es una cadena de impactos: menor producción, interrupciones en el suministro, más costes para agricultores y distribuidores y, finalmente, alimentos más caros.
La FAO —la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura— y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtieron en abril de 2026 de que el calor extremo está llevando los sistemas agroalimentarios al límite y amenaza los medios de vida de más de 1.000 millones de personas .
Corea del Sur atraviesa una ola de calor récord, con temperaturas aparentes cercanas a los 40 °C . El golpe se nota de inmediato en los precios:
La expresión “heatflation” se ha instalado en los medios surcoreanos y en los comunicados oficiales para describir esta combinación de calor extremo y presión sobre la cesta de la compra .
Europa también sufrió una ola de calor severa en junio de 2026. Según Coceral, la asociación europea que representa el comercio de cereales y oleaginosas, el episodio destruyó unos 10 millones de toneladas de trigo, cebada, maíz y avena, con unas pérdidas de ingresos para los agricultores cercanas a 2.000 millones de euros .
La cosecha prevista para los 27 países de la Unión Europea y el Reino Unido es ahora 9 millones de toneladas menor que antes de la ola de calor. De confirmarse, sería la peor cosecha desde 2018 .
Los estudios del Banco Central Europeo (BCE) muestran que estos episodios pueden seguir afectando a los precios incluso después de que remita el calor. El BCE calcula que la ola de calor del verano de 2022 elevó la inflación alimentaria europea en 0,67 puntos porcentuales. Además, estima que un episodio equivalente tendría un impacto un 50 % mayor con el nivel de calentamiento previsto para 2035 .
La inflación de los alimentos en la zona euro promedió el 2,9 % en 2025, por encima de su media de largo plazo anterior a la pandemia, del 2,2 % . Aunque la tasa interanual bajó al 1,6 % en junio de 2026, según la estimación preliminar de Eurostat, los economistas advierten de que el efecto de las pérdidas agrícolas puede reflejarse con retraso .
Oxford Economics prevé, en su escenario central, que la inflación alimentaria de la zona euro aumente desde el 1,5 % de junio de 2026 hasta aproximadamente el 3 % en 2027 . Su análisis considera que las olas de calor podrían ejercer el año próximo una presión mayor sobre los precios que la guerra, en referencia al conflicto de Irán .
A la presión actual se suma un episodio de El Niño que comenzó entre mayo y junio de 2026 y que algunos científicos describen como “super El Niño”. El Centro de Predicción Climática de Estados Unidos calcula en un 81 % la probabilidad de que alcance una intensidad muy fuerte o extraordinaria a finales de año . Se espera que llegue a su máximo durante el invierno del hemisferio norte y podría prolongarse hasta 2027 .
El fenómeno puede provocar sequías en algunas zonas de Asia, lluvias intensas en partes de Sudamérica y episodios de calor extremo en distintas regiones, con efectos directos sobre las cosechas y las cadenas de suministro .
Las principales advertencias económicas son las siguientes:
El Banco Mundial también estima que la producción de arroz podría caer entre un 20 % y un 50 % en las regiones afectadas si El Niño persiste. El sur de Asia, África austral y algunas zonas de Asia oriental se encuentran entre las áreas más expuestas .
El riesgo no procede de un único episodio meteorológico. El posible super El Niño llegaría cuando los mercados agrícolas ya soportan el encarecimiento de la energía y los fertilizantes, las interrupciones logísticas vinculadas a los conflictos de Irán y Ucrania y una demanda creciente de biocombustibles .
Para los países emergentes, la presión puede ser aún mayor: importan petróleo y fertilizantes más caros, tienen cadenas de suministro más frágiles y sus hogares suelen destinar una proporción más elevada de sus ingresos a la alimentación .
Además, un informe de Schroders señaló que más del 50 % de Estados Unidos sufría sequía a finales de mayo de 2026, con unos 250 millones de acres de cultivos afectados. Este factor añade presión a unos mercados agrícolas que ya afrontan numerosos riesgos simultáneos .
La “heatflation” no es una idea abstracta. En Corea del Sur ya se refleja en el precio de verduras y pescado; en Europa, las pérdidas de cereal amenazan con trasladarse a los precios de los próximos meses.
La incertidumbre está ahora en la intensidad y la duración del fenómeno de El Niño. Si alcanza la magnitud que anticipan algunos pronósticos, podría amplificar los daños del calor, elevar los costes de producción y prolongar el shock de los precios de los alimentos hasta 2028. Los efectos más graves recaerían sobre las poblaciones con menos margen para absorber otra subida en productos básicos.