La inversión de capital, o capex, está creciendo a un ritmo que pocos ciclos tecnológicos habían registrado:
La cifra exacta varía según la definición de capex que utilice cada empresa. Amazon, por ejemplo, informa principalmente de inversiones de capital en efectivo, mientras que otras compañías pueden incluir de forma distinta los pagos de arrendamientos financieros. Aun así, la tendencia general es clara: la infraestructura de IA está absorbiendo una proporción cada vez mayor del efectivo generado por estas compañías .
Una revisión de documentos presentados ante la SEC —el regulador bursátil estadounidense— citada por Nikkei Asia identificó 1,65 billones de dólares en obligaciones fuera de balance entre Alphabet, Amazon, Microsoft, Meta y Oracle .
No se trata necesariamente de deuda ilegal u oculta en sentido estricto. Son compromisos contractuales futuros, sobre todo arrendamientos de centros de datos y acuerdos de compra a largo plazo de servidores, equipos y capacidad de infraestructura. En buena parte, aparecen en las notas a pie de página de los informes financieros, no en la cifra principal de deuda.
Los datos más destacados son los siguientes:
La explicación contable es importante: bajo las normas contables estadounidenses, los compromisos contractuales que todavía no se han materializado no siempre se reconocen inmediatamente como pasivos del balance. Por eso, para evaluar el riesgo real, los inversores deben leer también las notas de los estados financieros .
El gasto de capital no se refleja de golpe en la cuenta de resultados. La mayor parte se registra primero como un activo y después se distribuye como depreciación durante su vida útil.
En los cuatro trimestres hasta marzo de 2026, las cuatro grandes empresas compraron 433.900 millones de dólares en propiedades y equipos, pero reconocieron solo unos 149.000 millones en depreciación . En otras palabras, el dinero salió de caja mucho antes de que todo el coste apareciera en los beneficios.
Otra estimación calcula que los cinco grandes operadores de centros de datos reconocerán aproximadamente 211.000 millones de dólares de depreciación en 2026 frente a unos 760.000 millones de capex. La diferencia, cercana a 549.000 millones, podría presionar los resultados entre 2027 y 2029 .
Los servidores suelen depreciarse en un plazo de entre cuatro y seis años, mientras que los edificios pueden tener una vida contable mucho más larga . Por eso, el impacto de las inversiones actuales puede prolongarse durante años, incluso si el ritmo de construcción se modera.
La señal positiva es que los ingresos empiezan a acercarse a esa carga. Según Bloomberg, las ventas mundiales de IA, excluida China, alcanzaron 25.000 millones de dólares en el primer trimestre de 2026, frente a unos 21.000 millones de depreciación estimada asociada a centros de datos y chips. Fue el segundo trimestre consecutivo en que las ventas superaron esa depreciación .
La inversión masiva está empezando a cambiar una de las principales fortalezas históricas de Big Tech: su enorme generación de efectivo libre.
El flujo de caja libre agregado de las cuatro grandes compañías se acercó a cero a mediados de 2026. Eso significa que, en conjunto, están destinando prácticamente todo el efectivo generado por sus operaciones —y en algunos casos más— a inversiones de capital .
Alphabet ofreció una señal especialmente llamativa: registró flujo de caja libre negativo en el segundo trimestre de 2026 después de que su capex de IA se duplicara hasta 44.900 millones de dólares, por encima de los 39.100 millones generados por sus operaciones . La depreciación de propiedades y equipos de Alphabet también subió hasta 7.100 millones en el trimestre, frente a 5.000 millones un año antes .
Los analistas no esperan que este ritmo continúe indefinidamente. UBS calcula que el crecimiento del capex de los grandes operadores podría pasar del 76 % en 2026 al 25 % en 2027 y apenas al 6 % en 2028 . Sin embargo, Morgan Stanley considera que incluso las previsiones actualizadas de Wall Street para el gasto en nube de 2027 siguen siendo unos 200.000 millones de dólares demasiado bajas, después de haber sido revisadas al alza en 170.000 millones en un solo trimestre .
El resultado es una tensión evidente: los inversores empiezan a exigir pruebas de rentabilidad, mientras las empresas sostienen que todavía están en una fase de expansión limitada por la falta de capacidad y que la demanda continúa superando a la oferta .
El despliegue también ha alimentado la conversación sobre una mayor financiación en los mercados de deuda. Sin embargo, las fuentes disponibles para este análisis no permiten verificar de forma independiente algunas cifras concretas mencionadas sobre una previsión de 540.000 millones de dólares en emisiones del sector tecnológico, medios y telecomunicaciones, ni sobre supuestas emisiones individuales de 25.000 millones de dólares de Nvidia y Amazon.
La conclusión prudente es que el aumento del capex y de los compromisos contractuales apunta a una necesidad creciente de financiación, pero no debe presentarse como confirmada ninguna cifra de emisiones que no esté respaldada por los documentos disponibles.
Los defensores de la estrategia señalan que los ingresos de IA ya superan la depreciación estimada por segundo trimestre consecutivo . También recuerdan que los servicios en la nube siguen creciendo y que las empresas están construyendo capacidad para una demanda que, según sus directivos, todavía no pueden atender por completo.
Microsoft ofrece uno de los ejemplos más favorables: Azure superó los 100.000 millones de dólares de ingresos anuales y la compañía prevé volver a generar flujo de caja libre positivo en el ejercicio fiscal 2027 .
La preocupación es que la depreciación todavía no ha alcanzado su punto máximo. El gasto de hoy se convertirá en un coste recurrente en la cuenta de resultados de los próximos años, independientemente de que los ingresos de IA lleguen o no al ritmo previsto. La estimación de 549.000 millones de dólares en costes aplazados resume la dimensión de esa posible presión .
Además, los 1,65 billones de dólares en compromisos fuera de balance sugieren que la exposición financiera total es mucho mayor de lo que indica la deuda registrada. Si el crecimiento de los ingresos decepciona, un flujo de caja libre cercano a cero dejaría menos margen para absorber el golpe .
Wall Street sigue siendo mayoritariamente optimista, pero cada vez más inversores se preparan para una desaceleración del gasto . El verdadero examen no será determinar quién construye más centros de datos, sino si esos centros generan retornos suficientes antes de que la depreciación y los compromisos contractuales pesen sobre los resultados.
Goldman Sachs calcula que la inversión acumulada de los grandes operadores podría superar los 5,3 billones de dólares hasta 2030 . Para que la apuesta tenga sentido, los ingresos y los márgenes de la IA tendrán que crecer a una escala comparable. Esa es la cuestión financiera central de la actual era de la inteligencia artificial.