La tecnología ganó importancia después de que las defensas electrónicas ucranianas fueran especialmente eficaces durante 2023 y 2024. Esa presión llevó a Rusia a desarrollar drones conectados por fibra y otras alternativas resistentes a las interferencias, como las redes de radio malladas .
La protección, sin embargo, no es absoluta: el cable puede cortarse, engancharse o romperse. Aun así, mientras permanezca intacto, el dron puede operar en zonas donde un aparato convencional perdería el enlace .
A comienzos de 2026, las fuerzas rusas ya empleaban ampliamente drones FPV de fibra óptica a lo largo de la línea del frente. El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Oleksandr Syrskyi, afirmó en enero que ambos países utilizaban aproximadamente el mismo número total de drones, pero que Ucrania todavía estaba «poniéndose al día» en los sistemas FPV guiados por fibra .
El dato no implica que todos los drones del frente utilicen esta tecnología. Un responsable ucraniano estimó que representaban como máximo el 15 % del conjunto de drones a lo largo de la línea de contacto, aunque su importancia operativa es mayor por su capacidad para atravesar zonas saturadas de guerra electrónica .
Su alcance también está ampliándose. En febrero de 2026, un dron ruso de fibra óptica llegó por primera vez a la ciudad de Járkiv y alcanzó un árbol en el distrito de Kyivskyi . Para julio, Rusia los estaba utilizando en la región de Sumy para eludir las defensas y dañar subestaciones eléctricas de alta tensión .
La misma lógica se ha trasladado a plataformas más grandes. Rusia ha incorporado el control mediante fibra óptica a drones de ala fija como el Molniya, extendiendo la resistencia a las interferencias más allá de los pequeños cuadricópteros FPV .
La expansión rusa depende en gran medida de una cadena de suministro externa. China produce más del 60 % de la fibra óptica mundial y se ha convertido en la fuente principal de este material para Rusia . Además, la única planta rusa de producción de fibra óptica permanece inactiva desde mayo de 2025, después de sufrir daños en ataques ucranianos, lo que dejó a la industria rusa dependiendo de las importaciones chinas .
Las cifras de comercio muestran la escala del flujo. En agosto de 2025, China envió aproximadamente 527.000 kilómetros de cable de fibra óptica a Rusia, casi el triple que en junio. Ucrania recibió apenas 115,8 kilómetros ese mismo mes: una diferencia de unas 456 veces . Ese volumen podía servir para equipar decenas de miles de drones, dependiendo de la longitud de cable utilizada en cada sistema.
La dependencia también ha dado a los proveedores chinos un considerable poder de negociación. A comienzos de 2026, los precios para compradores rusos aumentaron entre 2,5 y cuatro veces frente a niveles anteriores; algunos registros situaron el precio de un tipo de fibra en 40 yuanes por kilómetro, frente a 16 yuanes a comienzos de 2025 .
Las fuentes disponibles documentan sobre todo el suministro de fibra, baterías y otros componentes. No permiten establecer con precisión el alcance de la participación china en la provisión específica de los módems utilizados en estos drones.
La ventaja militar deja un residuo difícil de retirar. Los cables suelen quedar abandonados cuando el dron alcanza su objetivo, es derribado o rompe el enlace. Se acumulan en bosques, tierras agrícolas y zonas residenciales formando entramados parecidos a telarañas .
En el distrito de Vovchansk, en la región de Járkiv, militares ucranianos han descrito bosques cubiertos por miles de kilómetros de cable de fibra óptica dejado por drones rusos . Mientras continúen los combates, su retirada resulta prácticamente imposible.
El material puede atrapar aves y otros animales. También se han observado nidos construidos con fragmentos de cable y hierba; investigadores planean analizar el ADN de esos nidos para identificar las especies afectadas .
El problema no se limita a las fibras. Los restos de plástico, componentes electrónicos y baterías de litio pueden introducir residuos tóxicos en el suelo y el agua, con consecuencias que podrían prolongarse mucho después del final de los combates .
La expansión de estos drones reduce el valor de una inversión central de Ucrania: los sistemas de guerra electrónica capaces de bloquear los enlaces de radio. Frente a un aparato guiado por cable, las defensas deben actuar físicamente.
Entre las opciones se encuentran las armas ligeras, los cañones automáticos, otros drones interceptores, las redes y las barreras físicas. También es posible intentar localizar los puntos de lanzamiento de las bobinas o a los operadores situados detrás de la línea del frente .
Todas esas medidas son más difíciles de desplegar a gran escala que un inhibidor de radio que cubra una zona amplia. Además, el desequilibrio económico puede ser considerable: algunos drones de fibra óptica cuestan tan solo unos 400 dólares, mientras que los sistemas de defensa aérea necesarios para interceptarlos pueden ser mucho más caros .
Por eso Ucrania intenta aumentar su propia producción de drones guiados por fibra. Pero, según las declaraciones disponibles a comienzos de 2026, todavía estaba por detrás de Rusia en este segmento .
La consecuencia es un cambio en la carrera tecnológica: ya no basta con dominar el espectro electromagnético. Los ejércitos también deben controlar la producción de fibra, proteger las rutas de suministro, detectar físicamente los drones y prepararse para gestionar una contaminación de guerra que puede permanecer durante décadas.