El tramo a 10 años fue de 4.500 millones de dólares y se ofreció inicialmente con una rentabilidad de 0,85 puntos porcentuales —85 puntos básicos— por encima de un bono del Tesoro estadounidense comparable . En el extremo más largo, el bono a 40 años comenzó con una prima de 1,55 puntos porcentuales y terminó fijándose en 1,3 puntos .
Fue la tercera emisión de deuda de Alphabet en 2026. Seis bancos, entre ellos Goldman Sachs y J.P. Morgan, participaron como colocadores .
Hay un matiz importante: aunque la operación se interpreta en el mercado como una forma de financiar la expansión de infraestructura de inteligencia artificial, la documentación de la oferta señala que los fondos se destinarán a fines corporativos generales y podrían utilizarse también para refinanciar deuda .
La emisión recibió órdenes máximas por aproximadamente 115.000 millones de dólares, lo que la dejó sobresuscrita más de 4,6 veces . En otras palabras, los inversores solicitaron casi cinco veces más deuda de la que Alphabet puso a la venta.
El volumen de peticiones convirtió a la operación en el tercer mayor libro de órdenes del mercado de bonos en 2026, solo por detrás de Oracle, con unos 129.000 millones de dólares, y Amazon, con aproximadamente 126.000 millones . La demanda también superó la registrada en emisiones recientes de Amazon y SpaceX, aunque quedó por debajo de la de Oracle .
La lectura inmediata es clara: los grandes inversores institucionales siguen considerando que el crédito de Alphabet es de alta calidad y relativamente defensivo. Pero el tamaño de la demanda cuenta solo una parte de la historia.
Para atraer a los compradores, Alphabet ofreció rentabilidades superiores a las de parte de su deuda ya existente. En algunos tramos, la concesión llegó a 0,4 puntos porcentuales frente a bonos anteriores de la propia compañía, una diferencia poco habitual en operaciones de grado de inversión .
El bono a 10 años, con una prima inicial de 85 puntos básicos sobre el Tesoro, también salió con un diferencial más amplio que el exigido a emisores con calificaciones similares a comienzos de 2026 .
Así se explica la aparente contradicción de la operación: la demanda fue enorme, pero Alphabet tuvo que pagar un precio elevado por ella. El mercado todavía quiere deuda tecnológica de primera línea, aunque exige una compensación mayor por el riesgo asociado al gasto en IA.
La emisión llegó pocas semanas después de varias señales que habían debilitado la confianza del mercado:
La directora financiera, Anat Ashkenazi, explicó a los analistas que Alphabet continúa operando en un entorno con restricciones de oferta y que el gasto de capital seguirá aumentando significativamente en 2027 .
El crecimiento de Google Cloud —los ingresos aumentaron un 82% y el margen operativo se triplicó— quedó eclipsado por la magnitud del desembolso en centros de datos, servidores, chips y redes .
El bono de Alphabet forma parte de un movimiento mucho más amplio. A mediados de julio de 2026, seis compañías —Alphabet, Amazon, Meta, Oracle, Nvidia y SpaceX— habían emitido conjuntamente unos 244.000 millones de dólares en bonos en todo el mundo durante el año, más del doble de los aproximadamente 108.000 millones emitidos en todo 2025 .
Solo Amazon, Alphabet, Meta y Oracle habían colocado unos 194.000 millones de dólares hasta el 7 de julio . Nvidia emitió 25.000 millones en julio, en su primera venta de bonos en cinco años . SpaceX también colocó 25.000 millones poco después de su salida a bolsa .
Goldman Sachs espera que las cinco grandes plataformas de servicios en la nube —incluida Microsoft— lleguen a emitir alrededor de 300.000 millones de dólares al año en los próximos ejercicios . S&P Global calcula que las emisiones de las grandes empresas vinculadas a la IA podrían alcanzar 400.000 millones en 2026 .
El mercado estadounidense de bonos corporativos, por su parte, avanza hacia un volumen anual de 2,46 billones de dólares, un 11,8% más que en 2025, según Barclays . La deuda relacionada con la IA ya representa aproximadamente el 15% de todas las emisiones corporativas estadounidenses acumuladas en el año .
La operación de Alphabet deja al descubierto dos fuerzas que compiten entre sí.
Un libro de órdenes de 115.000 millones de dólares demuestra que los fondos institucionales todavía buscan exposición a deuda tecnológica con calificación elevada. Para las compañías con balances sólidos, el mercado conserva una base profunda de compradores.
Al mismo tiempo, varias señales apuntan a una mayor cautela:
La pregunta que empieza a plantearse en el mercado de bonos es si los ingresos futuros de la infraestructura de IA justificarán el coste actual de construirla. Todavía no existe una respuesta concluyente.
Pese a la volatilidad reciente, J.P. Morgan estima que las grandes plataformas de computación en la nube podrían captar 1,7 billones de dólares adicionales en deuda antes de superar los niveles compatibles con sus calificaciones crediticias actuales, gracias a sus ratios de apalancamiento relativamente bajos .
El banco calcula que la financiación total relacionada con la IA podría llegar a 4,1 billones de dólares hasta 2030. Solo las necesidades de financiación de centros de datos de las grandes plataformas rondarían los 700.000 millones de dólares en 2026 .
Eso implica que los 244.000 millones emitidos hasta ahora podrían ser apenas el comienzo. La cuestión decisiva para el mercado de crédito de grado de inversión de cara a 2027 no es únicamente si estas compañías pueden seguir endeudándose, sino si podrán hacerlo a diferenciales que no penalicen demasiado sus costes de financiación.
La emisión de Alphabet funciona como una radiografía del auge de la infraestructura de IA en 2026: la demanda de capital es gigantesca y el mercado todavía está dispuesto a proporcionarlo, pero cada vez exige más rentabilidad a cambio.
Para los inversores en bonos, la clave será determinar si los diferenciales más amplios de operaciones como esta son un ajuste temporal o el inicio de una reevaluación duradera del riesgo asociado a la IA. Para los accionistas, el paso de financiar el crecimiento con abundante flujo de caja a recurrir en mayor medida a deuda y otros instrumentos de capital marca un cambio relevante en la estrategia financiera de Alphabet y sus competidoras.
J.P. Morgan sostiene que los próximos cinco años de infraestructura de IA requerirán aportaciones de todos los mercados capaces de proporcionar capital . El mercado de bonos, hasta ahora, ha respondido que sí. Pero la factura de ese «sí» está subiendo.