El equipo utilizó el Daily Severity Rating (DSR), un indicador que combina temperatura, humedad, velocidad del viento y sequía. La métrica estima lo difícil que resulta controlar un incendio una vez que comienza .
En lugar de emplear grandes conjuntos de simulaciones climáticas, los investigadores analizaron observaciones meteorológicas históricas y se concentraron en los siete días con los valores de DSR más altos en cada región afectada . Después compararon la probabilidad de que se produjeran condiciones de esa intensidad en el clima actual —aproximadamente 1,4 °C más cálido que en la era preindustrial— y en un clima sin el calentamiento moderno .
Los autores calificaron sus estimaciones de conservadoras. En el clima actual, un episodio de condiciones de incendio de esa intensidad podría producirse aproximadamente una vez cada seis años en el centro de España y una vez cada 20 años en el suroeste de Francia .
El estudio también señaló una combinación especialmente peligrosa: un invierno húmedo seguido de una primavera excepcionalmente seca y calurosa. Ese patrón favoreció una vegetación abundante que, al deshidratarse, se convirtió en una enorme reserva de combustible para las llamas .
Los científicos describen este fenómeno como una especie de “latigazo meteorológico”: una sucesión rápida de condiciones muy húmedas y muy secas. Según WWA, estos cambios bruscos se están volviendo más frecuentes a medida que el planeta se calienta .
Los datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS) indicaban que unas 434.976 hectáreas habían ardido en la Unión Europea a finales de julio, con España y Francia entre los países más afectados . A comienzos de agosto, algunas estimaciones ya superaban las 500.000 hectáreas .
El clima propicio para los incendios en la UE había sido un 43 % más severo desde el inicio del año que el promedio registrado hasta finales de julio durante las dos décadas anteriores. La devastación estaba relacionada con unos 1.400 incendios, más del doble de la media histórica .
Los fuegos también habían liberado aproximadamente 18 millones de toneladas de CO₂ hasta finales de julio, más del doble que en el mismo periodo de 2025 . Esa liberación añade emisiones a la atmósfera y puede alimentar un círculo vicioso de calentamiento y condiciones más favorables para futuros incendios.
Las primeras estimaciones de AccuWeather, citadas por Reuters, situaron el coste económico total entre 15.600 y 19.100 millones de euros —unos 18.000-22.000 millones de dólares— . La cifra incluye daños en viviendas e infraestructuras, gastos de extinción, retirada de escombros, pérdidas agrícolas y futuras indemnizaciones de seguros .
Un análisis del Financial Times situó en 3.100 millones de euros los costes de restauración acumulados en los cinco países de la eurozona más afectados: Francia, España, Portugal, Grecia y Rumanía .
La temporada también volvió a poner el foco en la brecha de los seguros climáticos. Aunque las aseguradoras nacionales asumirían buena parte de las pérdidas inmediatas, crece la duda sobre quién podrá cubrir daños cada vez más frecuentes y costosos. En Francia, las pérdidas totales podrían alcanzar entre 10.000 y 15.000 millones de euros, con varios miles de millones en daños asegurados, según Morningstar DBRS .
El calor y la falta de lluvias que secaron la vegetación también redujeron de forma extrema el caudal de algunos de los ríos más importantes de Europa.
En el Rin, el nivel del agua en Kaub —un punto crítico para las embarcaciones que transportan mercancías hacia el sur de Alemania y Suiza— cayó por debajo de los 24 centímetros, el nivel más bajo desde que comenzaron los registros en 1880 . La situación afectó al transporte fluvial de carbón, combustibles, productos químicos y bienes industriales, y elevó los costes de los fletes .
El Danubio también alcanzó mínimos históricos en varios países . En Hungría, la central nuclear de Paks estuvo a pocos milímetros de una parada forzosa porque el bajo nivel del río amenazaba sus sistemas de refrigeración. La planta suministra aproximadamente el 40 % de la electricidad del país .
En Rumanía, la Armada realizó una explosión controlada para retirar rocas cerca del canal de Bala y mantener el flujo de agua necesario para la central nuclear de Cernavodă . Serbia, por su parte, tuvo que reducir la generación hidroeléctrica . Los bajos caudales limitaron además la producción de energía en otras zonas, presionaron al alza los precios y sumaron problemas a los daños directos de los incendios .
La magnitud de la crisis está modificando el debate político europeo. El 6 de agosto, el comisario europeo de Medio Ambiente anunció que la UE presionará a los Estados miembros para que inviertan más en la gestión preventiva del territorio .
Entre las medidas planteadas figuran:
Estas medidas pueden reducir el riesgo local, pero no sustituyen a la reducción de emisiones. Los científicos de WWA y otros análisis vinculan directamente la intensificación del clima extremo de incendios con el calentamiento global de aproximadamente 1,4 °C respecto a la era preindustrial .
El mensaje de fondo es doble: Europa necesita preparar mejor sus paisajes para un clima más cálido y seco, y también reducir su dependencia de los combustibles fósiles. Sin recortes rápidos de emisiones, los incendios extremos, la escasez de agua, los problemas energéticos y las interrupciones económicas podrían dejar de ser crisis aisladas para convertirse en un riesgo sistémico cada vez más difícil de gestionar .