El resultado confirma que la nube sigue siendo el principal motor de expansión de Microsoft, en un momento en que los inversores exigen pruebas de que las enormes inversiones en IA acabarán convirtiéndose en beneficios y flujo de caja.
Azure fue el gran protagonista del trimestre. Sus ingresos crecieron un 43%, por encima del crecimiento del 41% registrado en el trimestre anterior y del consenso de los analistas, situado cerca del 40%.
Además, el negocio cloud superó por primera vez los 100.000 millones de dólares de ingresos anuales en FY2026, con un crecimiento del 41% en el conjunto del ejercicio.
La monetización de la IA también ganó velocidad:
La última cifra es especialmente relevante. En términos sencillos, Microsoft afirma que podría vender más servicios de IA de los que hoy puede ofrecer. Pero esa oportunidad obliga a seguir destinando cantidades extraordinarias a servidores, chips, centros de datos y redes.
La dirección anticipa otro año de crecimiento de dos dígitos tanto en ingresos como en beneficio operativo durante el ejercicio fiscal 2027.
Para el primer trimestre, que comenzó en julio, la compañía prevé:
Microsoft también advirtió de que el cambio en la composición del negocio —con más infraestructura de IA, inicialmente menos rentable que el software— presionará los márgenes brutos. A cambio, espera contener el crecimiento de los gastos operativos en un rango medio-alto de un solo dígito; la plantilla, según la dirección, debería reducirse.
La principal inquietud de los analistas no está en la demanda, sino en la dependencia de un único socio. Nuevas divulgaciones citadas en el contexto del informe indican que alrededor del 70% de los aproximadamente 24.100 millones de dólares de ingresos de IA de Microsoft en FY2026 procedería de su alianza con OpenAI.
La concentración no se limita a los ingresos actuales. A comienzos de año se informó de que OpenAI representaba cerca del 45% de las obligaciones de rendimiento pendientes comerciales de Microsoft, conocidas como RPO, una medida de ingresos contratados pero todavía no reconocidos. El volumen total de ese compromiso ascendía a 625.000 millones de dólares.
El vínculo beneficia a ambas compañías: OpenAI necesita financiación y capacidad informática, mientras Microsoft integra sus modelos y servicios en Azure y en productos como Copilot. Pero esa interdependencia también puede amplificar el impacto de cualquier deterioro, renegociación o reestructuración de la relación.
OpenAI, de hecho, ha señalado su propia dependencia de Microsoft como un riesgo empresarial en un documento similar a un folleto de salida a bolsa. Para los inversores, la advertencia plantea una cuestión incómoda: si la alianza puede ser un riesgo para OpenAI, también puede serlo para la narrativa de crecimiento de Microsoft.
El segundo gran foco de preocupación es el ritmo de inversión. En un trimestre anterior, el gasto de capital aumentó un 66%, hasta 37.500 millones de dólares. La previsión de 255.000-260.000 millones para FY2027 ha llevado a algunos analistas a describir la estrategia como una inversión sin un límite claro.
La apuesta solo será sostenible si los nuevos centros de datos generan suficientes ingresos y beneficios. Microsoft mantiene una sólida generación de caja: el flujo de caja libre del cuarto trimestre fue de 19.600 millones de dólares, por encima de los 13.440 millones esperados. No obstante, esa cifra cayó un 23% respecto al mismo periodo del año anterior.
La brecha entre el gasto en infraestructura y el efectivo que produce el negocio será, por tanto, una de las métricas que más vigilará el mercado. Un crecimiento rápido de Azure puede justificar la inversión; un crecimiento que se desacelere mientras el gasto sigue subiendo podría reducir el rendimiento del capital invertido.
Que la demanda supere la capacidad es una señal positiva, pero no garantiza que la inversión vaya a traducirse rápidamente en beneficios. Microsoft debe ampliar su infraestructura y, al mismo tiempo, convertir el uso de modelos y servicios de IA en ingresos recurrentes capaces de justificar el desembolso.
Google Cloud y AWS también están invirtiendo agresivamente en IA. Además, las autoridades reguladoras del Reino Unido y de la Unión Europea examinan la relación entre Microsoft y OpenAI. Cualquier modificación estructural impuesta a la alianza podría abrir un agujero relevante en las previsiones de ingresos.
El desplazamiento hacia la infraestructura de IA puede reducir los márgenes brutos frente a un modelo basado principalmente en software. Microsoft también ha ampliado de 15 a 25 años la vida útil contable de oficinas y centros de datos, un cambio que compensará parte de la presión, pero no elimina el desafío de rentabilidad asociado al nuevo ciclo de inversión.
El trimestre demuestra que Microsoft aún está convirtiendo la fiebre por la IA en crecimiento tangible: Azure acelera, supera los 100.000 millones de dólares anuales y la nube sostiene unos ingresos récord. Pero el mercado ya no se conforma con cifras de demanda.
Ahora quiere saber si Microsoft puede diversificar sus ingresos de IA más allá de OpenAI y si el crecimiento de Azure será suficientemente rentable para absorber una inversión anual de cientos de miles de millones. La respuesta a esas dos preguntas será más importante que el próximo récord de ingresos.