El detonante inmediato fue una nueva depreciación del yen. Una moneda más débil encarece las importaciones, especialmente la energía, y puede intensificar la inflación que llega a los hogares japoneses. Ante ese escenario, los operadores comenzaron a descontar que el BOJ podría subir los tipos en septiembre para respaldar la divisa y contener las presiones sobre los precios .
La subida, sin embargo, venía gestándose desde hacía años. El rendimiento del bono a dos años pasó de niveles inferiores al 0,1% en 2022 a medida que el BOJ fue abandonando su política monetaria ultralaxa: primero flexibilizó y finalmente puso fin al control de la curva de rendimientos, después abandonó los tipos negativos en marzo de 2024 y, en junio de 2026, elevó el tipo oficial al 1% .
La última aceleración sugiere que el mercado ve cada vez más probable que la inflación supere el objetivo del 2% del banco central y obligue a las autoridades a endurecer la política más rápido de lo previsto.
El 31 de julio de 2026, según el horario de la costa este de Estados Unidos, el Ministerio de Finanzas de Japón compró yenes y vendió dólares en coordinación con el Tesoro estadounidense. Fue la primera intervención conjunta de ambos países desde 1998 . Corea del Sur también intervino al mismo tiempo .
La operación se estimó en unos 14 billones de yenes, aproximadamente 93.000 millones de dólares, lo que la convirtió en la mayor intervención individual de compra de yenes registrada en las fuentes citadas . El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, confirmó la acción, que se produjo en el marco de una declaración conjunta de los ministros de Finanzas de Estados Unidos y Japón emitida en septiembre de 2025 .
El momento fue significativo: la intervención coincidió con el cierre de la reunión del BOJ del 30 y 31 de julio . El banco mantuvo el tipo oficial en el 1%, pero advirtió por primera vez de que la inflación subyacente podría superar su objetivo del 2%. Además, modificó su orientación futura para poner el foco en los riesgos alcistas para los precios, una señal de que una subida en septiembre estaba sobre la mesa .
La coordinación con Washington también eliminó una de las restricciones que podían frenar al BOJ. Hasta entonces, una política de subidas agresivas podía fortalecer aún más el yen y generar oposición estadounidense. La intervención conjunta mostró que, al menos en ese momento, ambos gobiernos compartían el objetivo de frenar la depreciación desordenada de la moneda .
Para los operadores, la combinación fue clara: intervención cambiaria más un BOJ con un tono más duro. El yen se alejó de mínimos cercanos a cuatro décadas y registró su mayor avance diario frente al dólar en casi dos años . Después, el rendimiento del bono a dos años siguió subiendo mientras el mercado aumentaba la probabilidad asignada a una subida en septiembre .
JPMorgan elevó su previsión de subidas del BOJ hasta 2027: pasó de esperar dos movimientos a anticipar tres, con un tipo oficial del 2% a finales de 2027 .
La entidad todavía considera octubre de 2026 como su escenario central, pero reconoce un «riesgo significativo al alza» para una subida en septiembre tras la intervención sobre el yen y el comunicado restrictivo del BOJ .
La previsión implica que el banco estadounidense ve margen para un ciclo de endurecimiento más intenso que el descontado anteriormente. No significa que una subida en septiembre esté asegurada, sino que el umbral para que el BOJ actúe antes de octubre parece haberse reducido.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) también proyecta que el tipo oficial japonés llegue al 2% a finales de 2027. Su argumento es que, con una inflación cercana al 2%, el tipo actual del 1% seguiría en la parte baja del rango considerado neutral para la economía .
El Fondo Monetario Internacional (FMI) mantiene una posición favorable a que el BOJ continúe retirando gradualmente el estímulo monetario.
Dan Katz, número dos del FMI, describió en agosto a Japón como una economía inmersa en una «transformación estructural de largo plazo» y señaló que la recuperación económica está dando al banco central margen para seguir normalizando su política después de décadas de tipos excepcionalmente bajos .
El organismo ya había recomendado anteriormente que el BOJ siguiera subiendo los tipos pese a los riesgos derivados de la guerra en Irán y del encarecimiento de la energía. En su evaluación, los riesgos para el crecimiento y la inflación estaban relativamente equilibrados y justificaban una retirada gradual del apoyo monetario .
La previsión de referencia del FMI apunta a un tipo de aproximadamente 1,2% a finales de 2026 y a un nivel neutral cercano al 1,5% en 2027 . Ese nivel neutral es una estimación del tipo que ni estimula ni frena de forma significativa la actividad económica; su cálculo está sujeto a incertidumbre.
Los inversores llegan a la reunión del 17 y 18 de septiembre atentos a varias variables:
La reunión del 17 y 18 de septiembre se ha convertido en el principal foco del mercado. La intervención cambiaria conjunta, el tono más restrictivo del comunicado de julio y el respaldo del FMI y la OCDE han creado un entorno en el que una subida en septiembre es una posibilidad real.
Aun así, la previsión base de JPMorgan sigue situando el primer movimiento en octubre . La diferencia entre septiembre y octubre puede parecer pequeña, pero para los mercados de bonos y divisas representa una señal importante sobre la velocidad con la que Japón está abandonando su era de tipos ultrabajos.
No hay información suficiente en las fuentes disponibles para identificar con seguridad a los tres miembros del consejo del BOJ que ofrecerán discursos antes de la decisión de septiembre ni las fechas exactas de esas intervenciones. El banco central suele aplicar un periodo de silencio aproximadamente una semana antes de sus reuniones, y sus responsables acostumbran a pronunciar discursos en las semanas previas, pero no se ha localizado un calendario oficial concluyente.
Por ahora, el mensaje del mercado es inequívoco: la era de los tipos ultrabajos en Japón ha quedado atrás y la atención ya no está puesta en si habrá normalización, sino en la rapidez con la que continuará.