Danuri ya había fotografiado dos veces la zona prevista para el impacto el 9 de julio de 2026. Esas imágenes de referencia, tomadas antes de la colisión, permiten distinguir con precisión qué cambió en el terreno.
El día del impacto, el orbitador comenzó a observar el área unos 30 minutos antes de la colisión. Los ingenieros ajustaron rápidamente su órbita y lograron que Danuri pasara ocho veces sobre el lugar: una vez antes del impacto y siete después, utilizando su cámara de alta resolución LUTI, el Lunar Terrain Imager.
Las imágenes posteriores muestran una marca oscura y reciente, además de un campo de material expulsado que se extiende desde un nuevo cráter. Los investigadores calculan que la etapa, que viajaba a unos 8.690 km/h, pudo abrir un cráter de hasta 27 metros de diámetro.
El fragmento del cohete procedía del lanzamiento de enero de 2025 que puso en ruta a Blue Ghost, de Firefly Aerospace, y a Hakuto-R, de la empresa japonesa ispace, dos módulos de aterrizaje lunar comerciales.
Tras liberar esas cargas, la etapa quedó en una órbita elevada alrededor de la Tierra. Con el tiempo, la presión de la radiación solar y pequeñas perturbaciones gravitatorias fueron modificando su trayectoria hasta hacerla cruzar el camino de la Luna. No se trató de una maniobra de eliminación controlada.
Astrónomos independientes detectaron primero la trayectoria de colisión mediante datos de seguimiento disponibles públicamente. Después, observatorios terrestres aportaron confirmación adicional: el Very Large Telescope (VLT), instalado en Chile, detectó en tiempo real la huella química de la nube de escombros, mientras que científicos del Observatorio Lowell, en Arizona, midieron una nube de sodio y litio de varias decenas de kilómetros.
Además de LUTI, la cámara polarimétrica de campo amplio de Danuri, PolCam, observó la misma región antes y después del choque. Este instrumento mide la dirección y la intensidad de la luz reflejada por la superficie lunar.
Esas variaciones permiten estudiar propiedades de la capa superficial de regolito —el polvo y la roca fragmentada que cubren la Luna—, como el tamaño de los granos, su compactación y su composición.
Los datos ayudarán a determinar en qué se diferencia el efecto de un objeto humano hueco que impacta a gran velocidad del producido por un meteoroide natural. La Korea AeroSpace Administration informó de cambios en los patrones de polarización compatibles con una redistribución del material fino expulsado por el impacto.
La Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) de la NASA tiene previsto obtener sus propias imágenes de alta resolución del cráter reciente. La misión ya dispone de imágenes de referencia anteriores al impacto, por lo que sus nuevos datos permitirán medir con mayor precisión el tamaño del cráter y la distribución del material expulsado.
También se buscarán oportunidades para que ShadowCam, el instrumento de la NASA instalado a bordo de Danuri, observe zonas en sombra permanente cercanas al lugar del impacto. Su sensibilidad en condiciones de poca luz podría ayudar a identificar cambios sutiles en la superficie.
Los investigadores combinarán las imágenes detalladas de LUTI, las mediciones polarimétricas de PolCam, las fotografías de la cámara de ángulo estrecho de LRO y los espectros de las nubes observadas por telescopios terrestres. El objetivo es construir una visión completa de la física de la colisión y de sus efectos sobre el regolito lunar.
La masa, la velocidad y la estructura de la etapa del Falcon 9 se conocen con bastante precisión. Eso convierte el impacto en un punto de calibración excepcional para los modelos que simulan cómo los objetos huecos fabricados por humanos deforman la superficie lunar.
Al comparar las dimensiones del cráter y la distribución del material expulsado con las predicciones, los científicos podrán poner a prueba esas simulaciones. Los resultados podrían servir para calcular márgenes de aterrizaje más seguros y delimitar zonas de riesgo por escombros en futuras misiones, incluidas las del programa Artemis de la NASA y las operaciones de módulos de aterrizaje comerciales.
Lo que pudo haber sido una colisión difícil de detectar se transformó así en un experimento natural cuidadosamente documentado. Las observaciones de Danuri demuestran que una respuesta rápida y coordinada desde la órbita lunar puede capturar cambios fugaces y convertir un impacto accidental en una oportunidad científica.