El análisis se concentró en los Territorios del Noroeste y el noroeste de Ontario, dos de las zonas más afectadas esta temporada . El mecanismo físico es conocido: el aumento de las temperaturas globales, impulsado por las emisiones derivadas de los combustibles fósiles, seca con mayor rapidez la vegetación y el suelo. El resultado es un paisaje mucho más inflamable, en el que los bosques pueden convertirse rápidamente en combustible .
El estudio advierte además de que cada aumento adicional de la temperatura hará que estas temporadas extremas sean más frecuentes e intensas . Según los datos de observación, unas condiciones meteorológicas tan severas se presentan actualmente, en promedio, una vez cada dos a seis años en los Territorios del Noroeste y una vez cada seis a 15 años en Ontario. En un mundo sin el calentamiento climático actual, habrían sido mucho menos habituales .
Las afirmaciones de que la mala gestión de los bosques es la única responsable —una idea amplificada, entre otros, por el presidente estadounidense Donald Trump, quien ha hablado de castigar a Canadá por su gestión de los incendios— no coinciden con el conjunto de la evidencia científica .
Los especialistas en incendios y clima señalan que las prácticas de gestión forestal sí pueden modificar el comportamiento del fuego a escala local, especialmente en la interfaz entre las zonas urbanizadas y el bosque. Sin embargo, la extensión continental de los incendios de 2026 se explica principalmente por condiciones meteorológicas extremas asociadas al cambio climático .
Los principales puntos científicos son:
En resumen: la gestión forestal puede influir en la propagación de un incendio cerca de una comunidad, pero las condiciones extremas y generalizadas que permitieron que estos fuegos alcanzaran una escala tan amplia están impulsadas principalmente por el cambio climático, no por una única política forestal . Esto no elimina la importancia de mejorar la prevención, los cortafuegos, las alertas y la respuesta: significa que esas medidas deben actuar frente a un clima que ya está generando escenarios más peligrosos.
Las comunidades indígenas, y en particular las Primeras Naciones, han sufrido los efectos de manera desproporcionada. Los datos disponibles muestran una brecha especialmente marcada entre su peso demográfico y su exposición a las evacuaciones.
El impacto no se limita a las Primeras Naciones. Las comunidades remotas y septentrionales también enfrentan mayores dificultades por la falta de infraestructura de evacuación y su cercanía a las zonas de bosque boreal. Las personas con bajos ingresos y los adultos mayores pueden estar más expuestos durante las evacuaciones y los episodios de humo .
Los resultados de 2026 se suman a una tendencia documentada desde hace años. Una ficha informativa canadiense señala que el cambio climático ya había más que duplicado la probabilidad de condiciones meteorológicas extremas para los incendios en el este de Canadá en 2023 . Desde 2014, World Weather Attribution ha realizado más de 100 estudios de atribución y ha encontrado de forma reiterada que el cambio climático provocado por el ser humano intensifica o vuelve más probables numerosos fenómenos extremos .
La conclusión es doble. Reducir las emisiones de combustibles fósiles sigue siendo esencial para limitar el riesgo futuro, porque cada fracción adicional de calentamiento favorece temporadas de incendios más frecuentes e intensas . Pero la adaptación también debe cambiar: la desproporción que afecta a las Primeras Naciones refuerza la necesidad de invertir en preparación, alertas, evacuaciones y recuperación bajo un liderazgo indígena real, aprovechando además sus conocimientos sobre el territorio y el fuego .