El golpe también se reflejó en el volumen total: las llegadas de GNL a Bélgica —que anteriormente era el quinto mayor importador europeo de este combustible— cayeron más de un 40% frente a julio de 2025. Sin embargo, cada cargamento que llegó al país procedía de Rusia . Los datos recopilados por Bloomberg apuntan a unas importaciones de aproximadamente 0,4 millones de toneladas de GNL ruso durante el mes .
El dato belga es excepcional por su contundencia, pero no representa un fenómeno aislado. Es el ejemplo más visible de una contradicción que atraviesa la política energética europea: mientras Bruselas prepara el fin de las compras de gas ruso, las crisis geopolíticas están haciendo más difícil sustituir los volúmenes que aún llegan al continente.
Los países de la Unión Europea importaron volúmenes récord de GNL procedente de la planta rusa de Yamal durante el primer semestre de 2026, incluso después de adoptar formalmente en enero la normativa de eliminación progresiva de la energía rusa . Entre enero y mayo, las importaciones de GNL ruso aumentaron alrededor de un 17% respecto al mismo periodo de 2025 .
Rusia se convirtió en el segundo mayor proveedor de GNL de Europa, con un 13% de las importaciones en el primer trimestre de 2026. En esos tres primeros meses, las compras europeas alcanzaron un récord trimestral y crecieron un 16% interanual . Francia, España, Bélgica, Países Bajos y Portugal continuaron recibiendo GNL ruso durante ese periodo .
La presión sobre el mercado se intensificó porque muchos compradores europeos han pospuesto las compras destinadas a llenar las reservas para el invierno. Los precios persistentemente elevados, impulsados por las interrupciones de suministro en Oriente Medio, han reducido los incentivos para comprar con antelación .
En enero de 2026, los Estados miembros aprobaron formalmente el Reglamento (UE) 2026/261, que establece el veto progresivo a las importaciones de gas ruso: el GNL deberá quedar prohibido a finales de 2026 y el gas transportado por tubería, en 2027 .
La medida supone un cambio histórico. Rusia llegó a representar el 45% de las importaciones de gas de la UE en 2021, una proporción que se había reducido al 12% en 2025 . Pero la regulación contempla un periodo de transición. La prohibición total del GNL entrará en vigor el 1 de enero de 2027; hasta entonces, algunas compras siguen siendo legales. Desde abril de 2026 están vetadas las importaciones vinculadas a contratos de corto plazo, mientras que los contratos de largo plazo pueden mantenerse hasta la fecha límite de 2027 .
Ahí surge la tensión estratégica: la Unión Europea ya ha legislado el final del gas ruso, pero un shock geopolítico ha dejado claro que reemplazar rápidamente los volúmenes restantes no es sencillo. La política marca un calendario; el mercado, en cambio, responde a la disponibilidad inmediata y al precio.
Europa se encamina al invierno de 2026-2027 con reservas de gas especialmente frágiles. Los almacenes subterráneos del continente están aproximadamente entre un 50% y un 55% llenos, el nivel más bajo para esta época del año desde 2021, según los datos citados por Reuters .
El continente afronta dos presiones simultáneas: el conflicto con Irán, que ha interrumpido el tránsito del GNL catarí por el estrecho de Ormuz y ha afectado instalaciones de producción en Qatar, y la guerra entre Rusia y Ucrania . Como consecuencia, las importaciones europeas de GNL se han ralentizado con fuerza y apuntan a apenas 6,3 millones de toneladas en julio de 2026, el registro mensual más bajo desde septiembre de 2021 .
Los precios altos agravan el problema. Mientras los compradores esperan una posible moderación del mercado, las reservas se llenan más lentamente. Si la demanda aumenta con la llegada del frío, Europa podría verse obligada a competir por cargamentos adicionales en un mercado mundial ya tensionado .
Que todo el GNL importado por Bélgica en julio procediera de Rusia no significa que el país dependa exclusivamente del gas ruso en todos los formatos: también recibe gas por gasoducto desde Noruega y el Reino Unido . Pero el episodio sí muestra hasta qué punto puede cambiar el mapa de suministros cuando una ruta estratégica queda perturbada.
La paradoja europea queda así expuesta: el bloque importa cantidades récord de GNL ruso mientras aplica una ley para dejar de comprarlo. No se trata solo de una contradicción belga, sino de un sistema energético atrapado entre objetivos políticos, contratos vigentes y restricciones físicas del mercado. El invierno de 2026-2027 será la prueba decisiva de cuánto margen real tiene Europa para cumplir su calendario sin poner en riesgo el abastecimiento.