En términos porcentuales, el descenso fue de aproximadamente un 25% a un 30%. Al mismo tiempo, las estaciones dejaron de aplicar los límites de compra que habían sido introducidos durante la escasez . Conductores que hasta entonces necesitaban cupones o se enfrentaban a restricciones pudieron repostar sin esos topes.
El momento llamó especialmente la atención: la rebaja comenzó la víspera de la visita de trabajo de Putin, prevista para el 3 de agosto, y duró apenas un día. El 4 de agosto, después de que el presidente abandonara la ciudad, los precios volvieron a sus niveles anteriores. Un informe describió el salto de la AI-95 —de 67 a 91 rublos— como un aumento ocurrido «en un minuto» .
KNP y las autoridades regionales atribuyeron la caída a una «mejora temporal de la logística» y a la llegada de un nuevo cargamento de combustible . Según los reportes, parte de la gasolina habría llegado desde regiones vecinas, entre ellas Omsk y Achinsk .
Esa explicación es posible, pero no despeja todas las dudas. La rapidez de la rebaja, la eliminación simultánea del racionamiento y el retorno inmediato de los precios alimentaron las sospechas de medios independientes y extranjeros, que interpretaron la medida como una forma temporal de mostrar normalidad durante la visita presidencial .
El antecedente de Irkutsk reforzó esa lectura: allí también se produjo una caída temporal de los precios antes de una visita de Putin, seguida de una recuperación posterior . El patrón no demuestra por sí solo que existiera una orden coordinada, pero sí explica por qué la versión de una simple promoción comercial fue recibida con escepticismo.
La rebaja de Krasnoyarsk ocurrió en un país que llevaba meses enfrentando problemas de suministro. Desde agosto de 2025, los ataques con drones ucranianos contra refinerías rusas habían reducido la capacidad de procesamiento y contribuido al alza de los precios mayoristas de la gasolina y el diésel .
Para junio de 2026, al menos 56 regiones habían aplicado restricciones a la venta de combustible . En julio, la cifra llegó a 60 de las 89 regiones contabilizadas en algunos informes, mientras que estaciones independientes comenzaron a vender gasolina por encima de los 100 rublos por litro por primera vez .
Krasnoyarsk también había sufrido esa escasez. A mediados de julio, KNP llegó a introducir cupones para racionar la gasolina, lo que provocó colas y límites sobre la cantidad que podía comprar cada conductor . Por eso, la súbita disponibilidad de combustible barato el 2 de agosto contrastó con la situación que los residentes habían experimentado apenas unas semanas antes.
El Servicio Federal Antimonopolio ruso (FAS) abrió procedimientos contra varias cadenas de gasolineras por posibles acuerdos de fijación de precios. Además, las exportaciones de gasolina fueron prohibidas, pero las medidas no evitaron que continuaran las carencias .
La visita también estuvo acompañada de un fuerte dispositivo de seguridad. El 3 de agosto, varias calles del centro de Krasnoyarsk —Dubrovinski, Pogranichnikov y Partizana Zhelezniaka— fueron cerradas al tráfico y al estacionamiento bajo el argumento de realizar labores de limpieza . El cierre de espacios públicos antes de una visita presidencial es compatible con los procedimientos de inspección de la Guardia Federal de Protección (FSO).
Un informe de inteligencia europeo obtenido por CNN había señalado en mayo que el Kremlin había reforzado considerablemente la seguridad de Putin tras varios asesinatos de altos mandos militares rusos y ante el temor a una posible conspiración golpista . Entre las medidas descritas figuraban sistemas de vigilancia en las viviendas de colaboradores cercanos, controles más estrictos para visitantes, restricciones de transporte para parte del personal y limitaciones sobre los teléfonos utilizados por quienes trabajan cerca del presidente .
Las colas frente a las gasolineras, los cupones y los precios disparados son señales visibles de una crisis. Que esas imágenes aparecieran durante una visita presidencial podía representar un problema de reputación y, en un entorno de malestar, un posible foco de protestas o quejas públicas.
La rebaja temporal y la suspensión de los límites de compra eliminaron, al menos durante unas horas, algunos de esos signos en las zonas por las que podía pasar Putin. La coincidencia con los cierres de calles y con el precedente de Irkutsk sugiere una estrategia de normalización cuidadosamente limitada en el tiempo, aunque las fuentes disponibles no prueban quién la ordenó ni si fue coordinada a escala federal.
Lo que sí está claro es la anomalía: en una región que había tenido que racionar el combustible, los precios cayeron más de 20 rublos justo antes de la llegada del presidente y volvieron a subir inmediatamente después. En medio de una crisis nacional, ese intervalo de un día convirtió el precio de la gasolina en un indicador visible de cómo las autoridades podían presentar una imagen de normalidad durante un desplazamiento de alto nivel.