La planta de Manisa estaba prevista sobre un terreno de 1,6 millones de metros cuadrados y debía alcanzar una capacidad inicial de 150.000 vehículos al año . También se había proyectado que generara hasta 5.000 empleos directos .
Pero el terreno permaneció sin obras relevantes. La explicación ofrecida por BYD es una repriorización estratégica: la compañía decidió dirigir capital, cadena logística y capacidad de gestión hacia su presencia industrial en Europa, en lugar de mantener el proyecto turco como foco inmediato .
«Hungría es la prioridad número uno ahora mismo», declaró Li a Reuters. La segunda prioridad, añadió, es encontrar una segunda planta de producción en Europa .
El cambio refleja una diferencia clave entre ambos proyectos. Turquía ofrece una posición geográfica cercana a Europa y forma parte de una unión aduanera con la Unión Europea para los bienes industriales, pero no proporciona exactamente el mismo acceso que fabricar dentro de un Estado miembro. Para BYD, establecer una base física en la UE se volvió más urgente a medida que aumentaron las barreras comerciales a los vehículos fabricados en China .
El Ministerio de Industria y Tecnología de Turquía suspendió a comienzos de 2026 las exenciones de impuestos de importación concedidas a BYD . La medida afecta a un arancel adicional del 40% que la compañía podía evitar mientras estuviera vinculada al compromiso de construir la fábrica .
Un funcionario del ministerio explicó que los incentivos se suspendieron porque la inversión se había estancado . El acuerdo, sus obligaciones y sus garantías, no obstante, seguirían vigentes.
El ministro de Industria y Tecnología, Mehmet Fatih Kacir, dijo ante los legisladores que se iniciarán procedimientos legales para recuperar los incentivos otorgados, junto con los intereses correspondientes, si el proyecto se cancela formalmente . El terreno de 1,6 millones de metros cuadrados reservado en la zona industrial organizada de Manisa también podría ser recuperado por el Estado .
La disputa llega en un momento especialmente sensible para la política comercial turca. A finales de julio de 2026, un panel de la Organización Mundial del Comercio concluyó que algunos elementos del recargo del 40% aplicado por Turquía a los vehículos eléctricos chinos incumplen las normas comerciales internacionales .
La retirada de la exención encareció de forma considerable los modelos de BYD en Turquía y debilitó su principal ventaja: el precio. La propia compañía describió el efecto como una «disminución significativa de las ventas locales» .
Los datos muestran la magnitud del impacto. BYD vendió 3.866 vehículos en Turquía en enero de 2026. En mayo, después de que la suspensión de los beneficios surtiera efecto, la cifra cayó a solo 152 unidades . Eso equivale a una reducción mensual cercana al 96%.
Como referencia, BYD vendió 45.537 vehículos en Turquía durante todo 2025 . La pérdida del beneficio arancelario convirtió en pocas semanas una posición comercial sólida en un mercado mucho más difícil.
La fábrica de BYD en Szeged, en el sur de Hungría, tiene previsto comenzar el ensamblaje de vehículos en el cuarto trimestre de 2026, aproximadamente un año más tarde de lo planeado originalmente .
Fabricar dentro de Hungría permitiría a BYD abastecer el mercado único europeo desde territorio comunitario y evitar los aranceles adicionales de la UE a los vehículos eléctricos fabricados en China . Esa ventaja regulatoria es más importante para la estrategia europea de la compañía que el menor coste potencial de producir en un país cercano a la UE.
BYD también está explorando la posibilidad de adquirir o hacerse cargo de una planta existente en el sur de Europa para establecer una segunda base de producción . En otras palabras, la empresa no solo está retrasando Turquía: está redibujando su mapa industrial alrededor de la fabricación dentro de Europa.
El proyecto de Turquía no es el único frente de incertidumbre para BYD. La compañía también planeaba invertir 1.300 millones de ringgit —aproximadamente 280 millones de dólares— en una planta de ensamblaje en Tanjung Malim, Malasia. BYD obtuvo una licencia provisional de fabricación en septiembre de 2025, pero el proyecto quedó en el limbo por desacuerdos con el Ministerio de Inversión, Comercio e Industria de Malasia (MITI) .
Las principales condiciones son:
Estas reglas podrían dificultar que BYD produzca localmente modelos de menor precio, como el Dolphin o el Atto 3, para venderlos en el mercado malasio .
El ministro Johari Abdul Ghani sostiene que las condiciones no están dirigidas específicamente contra BYD y que se aplican a todos los nuevos proyectos de ensamblaje completo desmontado —conocidos como CKD— de gran volumen desde septiembre de 2025 . BYD, sin embargo, estaría «revisando sus planes» porque no ha logrado aceptar los términos .
Los tropiezos de Turquía y Malasia apuntan a un reto mayor. BYD construyó buena parte de su expansión internacional sobre vehículos fabricados en China, pero ahora se enfrenta a aranceles, requisitos de contenido local, cuotas de exportación y condiciones de precio en distintos mercados.
La presión europea hizo que una fábrica dentro de la UE pasara de ser una opción de expansión a una prioridad estratégica. Al mismo tiempo, Turquía dejó claro que los incentivos fiscales pueden desaparecer si una inversión prometida no avanza, mientras que Malasia está intentando atraer producción sin renunciar a proteger a sus fabricantes nacionales.
Para BYD, la siguiente etapa de crecimiento no dependerá únicamente de vender más vehículos. También exigirá decidir dónde fabricarlos, qué compromisos aceptar y cómo mantener precios competitivos en un mundo en el que las barreras comerciales pesan cada vez más que la distancia entre la fábrica y el consumidor.