La decisión altera el acuerdo de inversión firmado con Turquía en 2024, presentado entonces como un paso importante para convertir al país en un centro regional de fabricación de vehículos eléctricos. Para BYD, sin embargo, fabricar dentro de la Unión Europea resulta más atractivo que producir en Turquía y exportar desde allí al mercado comunitario.
El principal factor es la barrera arancelaria de la UE para los vehículos eléctricos fabricados en China. El arancel del 27 % hace menos conveniente producir en Turquía si los automóviles destinados al mercado comunitario siguen estando sujetos a gravámenes al cruzar la frontera. Fabricar directamente en Hungría, un Estado miembro de la UE, reduce esa exposición .
La estrategia europea de BYD no se limita a Szeged. Tras poner en marcha su primera planta europea, la compañía busca una segunda instalación de ensamblaje, posiblemente mediante la adquisición de una fábrica ya existente en el sur de Europa. España figura entre los países considerados .
La cronología del proyecto de Szeged se ha retrasado varias veces:
La diferencia entre la producción en serie y el ensamblaje completo refleja que el arranque industrial será gradual. Informaciones anteriores señalaban que la fábrica funcionaría por debajo de su capacidad durante al menos los dos primeros años y produciría solo decenas de miles de vehículos en 2026, frente a una capacidad anual de diseño de 300.000 unidades .
El primer modelo previsto para salir de la línea húngara es el BYD Seagull, un vehículo eléctrico compacto .
El Ministerio de Industria y Tecnología de Turquía suspendió a comienzos de 2026 las exenciones de impuestos a la importación de BYD después de constatar que el proyecto de Manisa llevaba tiempo sin avances visibles .
El acuerdo de inversión, no obstante, continúa técnicamente vigente. El Gobierno turco sostiene que también siguen vigentes las obligaciones y garantías asumidas por la empresa . Si BYD no ejecuta la inversión, Ankara podría exigir la devolución de los beneficios ya recibidos, junto con los intereses previstos en la legislación turca y en el contrato de inversión .
En julio de 2026, el ministro Mehmet Fatih Kacir dijo ante los parlamentarios que Turquía iniciaría acciones legales para recuperar los incentivos si BYD cancela formalmente el proyecto . Medios turcos informaron de que el Gobierno reclamaría las exenciones fiscales con intereses .
La retirada del beneficio arancelario ya tuvo un efecto visible en las ventas locales: BYD vendió 152 vehículos en Turquía en mayo de 2026, frente a 3.866 en enero del mismo año .
El retroceso del proyecto afectó a la imagen de China en Turquía, un socio estratégico para Pekín. Según Middle East Eye, el Gobierno chino intensificó de forma considerable sus actividades de relaciones públicas en el país después de que se deteriorara la percepción sobre la inversión de BYD . Un consultor del Gobierno turco describió la operación como una “ofensiva propagandística” .
La campaña incluye:
El 4 de agosto de 2026, CGTN publicó un artículo de opinión sobre los 55 años de relaciones entre China y Turquía, con énfasis en la idea de un “futuro compartido” . Ese mismo día, China Daily difundió otro texto titulado “Del Bósforo al Yangtsé: las relaciones entre Turquía y China a los 55 años” .
Estos mensajes apuntan a separar el tropiezo de BYD de la relación bilateral en su conjunto. Para Pekín, el objetivo es evitar que una disputa empresarial se convierta en un problema político más amplio; para Ankara, el caso pone en duda la fiabilidad de una inversión anunciada con gran visibilidad.
Las fuentes disponibles no aportan información actual y verificable sobre el estado de una eventual planta de ensamblaje de BYD en Malasia. Por tanto, no es posible confirmar un calendario, una ubicación definitiva ni una decisión reciente sobre ese proyecto.
Tampoco aparecen en los resultados disponibles datos recientes y confirmados sobre las ventas globales de BYD en julio de 2026 o su cuota de mercado europea durante 2026. Del mismo modo, China presentó en octubre de 2024 una reclamación ante la Organización Mundial del Comercio contra el arancel adicional del 40 % aplicado por Turquía a los vehículos eléctricos chinos, pero las fuentes consultadas no incluyen un fallo de la OMC .
El caso BYD ilustra el dilema al que se enfrentan los fabricantes chinos de vehículos eléctricos: necesitan producir dentro de la UE para sortear la barrera arancelaria, pero al mismo tiempo dependen de compromisos de inversión con países cercanos que no forman parte del bloque.
Ankara considera que el acuerdo de 2024 fue desplazado en favor de Hungría, lo que perjudica sus aspiraciones de convertirse en una plataforma industrial para los vehículos eléctricos . Turquía mantiene la presión mediante la suspensión de incentivos y la amenaza de recuperar los beneficios con intereses, mientras Pekín utiliza medios, viajes y mensajes diplomáticos para limitar el coste reputacional.
Por ahora, la planta turca está en pausa y no cancelada formalmente. Esa distinción mantiene abierto el frente legal, pero también deja claro que el centro de gravedad de la expansión europea de BYD se ha trasladado a Hungría.