Según los investigadores, Fraggle ya había perdido a sus cuatro crías anteriores. Esta fue, por tanto, su quinta pérdida, y la segunda en un periodo reciente . Antes de morir, la cría presentaba una frecuencia respiratoria elevada, un indicio de que su estado era crítico .
El detalle más inusual no fue únicamente que Fraggle transportara el cuerpo durante casi una semana. Las imágenes mostraron que los 14 delfines de su manada se mantuvieron cerca y nadaron junto a ella durante ese tiempo .
Los investigadores interpretaron esa proximidad como una muestra de los fuertes vínculos sociales de la especie y de una posible respuesta colectiva ante la muerte . No permite saber exactamente qué sentían los animales, pero sí amplía la evidencia de que la reacción ante la pérdida puede involucrar a más individuos que la madre y su cría.
Los científicos han documentado en distintas especies de delfines y ballenas conductas como cargar, empujar, levantar o mantener cerca el cuerpo de un individuo muerto. En la literatura especializada, este comportamiento se denomina conducta epimelética: una forma de cuidado o atención dirigida a otro miembro de la misma especie, incluso después de su muerte .
Un análisis publicado en 2018 examinó 78 registros recopilados entre 1970 y 2016. Los casos involucraban a 20 de las 88 especies de cetáceos existentes y mostraban que la atención prolongada a individuos muertos estaba extendida por todo el grupo . La mayoría de los registros correspondía a parejas de madre y cría, aunque también se habían observado adultos junto a otros adultos fallecidos .
Los delfines de la familia Delphinidae concentraban el 92,3 % de los registros de conducta atenta analizados .
Una investigación de 2018 comparó las respuestas de los cetáceos con las de otros mamíferos acuáticos. En los cetáceos se observaron acciones como transportar, girar, tocar con el hocico, sumergirse con el cuerpo y elevarlo o dejarlo hundir repetidamente .
Los autores relacionaron estos patrones con el largo periodo de inversión materna característico de delfines y ballenas. Las crías dependen de sus madres durante mucho tiempo, lo que podría ayudar a explicar por qué la respuesta a su muerte es tan prolongada y físicamente intensa .
Aun así, la ciencia mantiene una cautela importante: cargar el cuerpo podría deberse en parte a la dificultad instintiva de desprenderse de él, y no necesariamente a una experiencia emocional idéntica al duelo humano . La duración de la conducta, los antecedentes de Fraggle y la presencia coordinada de su manada son compatibles con una respuesta de duelo, pero no permiten traducir de forma directa la experiencia interna de los delfines .
El caso de Fraggle encaja en una serie de observaciones acumuladas durante décadas. En 2018, la orca Tahlequah transportó a su cría muerta durante más de dos semanas y recorrió más de 1.000 millas —unos 1.600 kilómetros— cerca de la Columbia Británica . Aunque aquella duración fue considerada excepcional, los casos de madres que mantienen a sus crías muertas en la superficie durante días o incluso semanas se han registrado en varias especies .
Lo que vuelve especialmente valiosa la observación australiana es la calidad del registro desde el aire y la combinación de dos dimensiones: la atención persistente de una madre y la cercanía de todo su grupo. Fraggle no ofrece una prueba definitiva de que los cetáceos “sientan pena” como los humanos, pero sí una imagen difícil de explicar como una reacción puramente individual y aislada.
En el océano, el duelo quizá no adopte palabras ni rituales reconocibles para nosotros. Puede expresarse permaneciendo cerca, sosteniendo un cuerpo y negándose —durante un tiempo— a dejarlo desaparecer.