La prohibición amplía el alcance de la normativa estatal. La Ley Senatorial 444 de Nevada, aprobada en mayo de 2025, obliga a los distritos públicos a establecer políticas estrictas sobre el uso de teléfonos y otros dispositivos inalámbricos durante el horario lectivo . Carson City da un paso más al señalar de forma explícita las cámaras incorporadas en prendas y accesorios portátiles.
En la Unión Europea, el debate se centra en si las gafas con cámara ofrecen a las personas que aparecen en las grabaciones una forma realista de saber que están siendo filmadas, oponerse al tratamiento de sus datos y ejercer sus derechos. El Comité Europeo de Protección de Datos (EDPB, por sus siglas en inglés) y las autoridades nacionales están examinando cuestiones como el consentimiento, la transparencia y la privacidad desde el diseño .
La cuestión no es únicamente si el usuario dio permiso para grabarse a sí mismo. También importa qué ocurre con las personas que aparecen en el campo de visión sin saberlo y sin tener una oportunidad práctica de consentir o rechazar la captura.
El caso australiano hizo visible hasta qué punto ha bajado el precio de esta tecnología. Las gafas “camera glasses” de la marca Anko, vendidas por Kmart por 89 dólares australianos, se agotaron en las tiendas y en la web de la cadena a comienzos de agosto de 2026 .
El dispositivo incorpora una cámara de 8 megapíxeles capaz de grabar vídeo a 1080p y funciones de reconocimiento de imágenes mediante inteligencia artificial . Su diseño imita el de unas gafas convencionales, lo que alimenta el temor a que las personas puedan ser grabadas sin advertencia ni consentimiento .
Hay una diferencia especialmente relevante frente a los modelos de Meta: las gafas Anko no tienen un LED visible que indique que están grabando . Eso puede hacer que una grabación sea mucho más difícil de detectar para quienes rodean al usuario.
Australia tampoco cuenta con una regulación específica que establezca cómo debe funcionar la grabación encubierta en tiempo real mediante cámaras portátiles de consumo. La Oficina del Comisionado de Información de Australia (OAIC) determinó en septiembre de 2025 que Kmart había infringido las normas de privacidad al utilizar reconocimiento facial en sus tiendas, pero ese caso no resuelve de forma directa el problema de las cámaras integradas en gafas .
El 7 de julio de 2026, Meta distribuyó una actualización de firmware obligatoria para sus gafas inteligentes Ray-Ban. Desde entonces, la cámara se desactiva si el sistema detecta que el LED de privacidad ha sido manipulado físicamente, tapado o destruido .
La actualización responde a los usuarios que cubrían la luz con cinta adhesiva o pegatinas para grabar sin que las personas cercanas lo advirtieran. Es una barrera técnica importante, pero llega después de que la compañía hubiera enviado aproximadamente 7 millones de gafas equipadas con cámara, según las críticas recogidas sobre el producto .
La empresa también afronta otras controversias:
El contraste resulta llamativo: Meta refuerza el indicador de grabación en sus modelos actuales mientras se informa de la posible evolución hacia dispositivos que registrarían el entorno de manera más continua y menos visible.
El éxito de las gafas Anko muestra que el acceso a cámaras portátiles ya no está limitado a productos premium. Con un precio de 89 dólares australianos, la grabación desde unas gafas puede alcanzar un mercado masivo .
La respuesta normativa, sin embargo, sigue siendo fragmentaria:
Por ahora, la disputa no parece resolverse con una simple actualización de software ni con la prohibición de un modelo concreto. Mientras los fabricantes integran cámaras y asistentes de IA en objetos de uso diario, los legisladores intentan adaptar normas pensadas para dispositivos más visibles. El resultado es un escenario desigual en el que la protección de la privacidad depende cada vez más del país, del establecimiento y de la capacidad de cada persona para detectar que está siendo grabada.