El acuerdo se anunció el 29 de septiembre de 2025. El consorcio comprador está formado por tres socios:
Según la distribución de propiedad comunicada en documentos regulatorios, el PIF controla el 93,4 % de las acciones de EA. Affinity Partners posee el 1,1 %, mientras que Silver Lake y la dirección de la compañía reúnen el 5,5 % restante.
El PIF ya era accionista de EA antes de la compra. En lugar de vender su participación del 9,9 %, la incorporó a la nueva estructura, reduciendo así la cantidad de capital fresco que el grupo necesitaba aportar.
Los accionistas de EA recibieron una oferta de 210 dólares por acción en efectivo. El precio suponía una prima del 25 % sobre los 168,32 dólares a los que cotizaban los títulos antes de que aparecieran los rumores sobre la operación.
El valor total de empresa se situó en torno a 55.000 millones de dólares. De esa cifra, el consorcio aportó aproximadamente 36.000 millones de dólares en capital, mientras que el resto se financió mediante deuda.
En un LBO, una parte relevante del precio de compra se cubre con préstamos que después se incorporan al balance de la compañía adquirida. Eso permite a los inversores reducir su desembolso inicial, pero también hace que el negocio dependa más de sus futuros flujos de caja para pagar intereses y devolver el principal.
El paquete de financiación comprometido rondó los 20.000 millones de dólares, lo que implica un apalancamiento bruto cercano a seis veces al cierre. JPMorgan Chase actuó como principal organizador de la financiación.
Entre los componentes principales figuraron:
La emisión atrajo más de 45.000 millones de dólares en demanda inversora, una señal de apetito por la deuda de alto rendimiento pese a la tensión que atravesaban los mercados de financiación apalancada. En el mercado de préstamos, el tramo estadounidense terminó ampliándose hasta los 6.125 millones de dólares y también aumentaron los tramos europeos.
La compra tuvo que superar revisiones en varios frentes, incluida la supervisión de las inversiones extranjeras en Estados Unidos:
Un día antes del cierre, el 3 de agosto de 2026, Electronic Arts presentó sus últimos resultados trimestrales como compañía pública. El balance fue desigual:
En el conjunto del ejercicio fiscal 2026, EA alcanzó un récord de 8.026 millones de dólares en reservas netas, un 9 % más que el año anterior. El crecimiento estuvo impulsado por el lanzamiento de Battlefield 6 y la expansión de los servicios en directo, el modelo de contenidos y compras recurrentes que sostiene buena parte del negocio actual del videojuego.
Reuters señaló que el incumplimiento trimestral de las previsiones reflejaba, entre otros factores, la presión anticipada por el lanzamiento de Grand Theft Auto VI, de Rockstar Games y Take-Two Interactive. El título podía atraer tiempo de juego y gasto de los usuarios en los trimestres siguientes, restando atención a los juegos de servicio continuo de EA.
La salida de bolsa reduce varias obligaciones y presiones, pero no elimina los retos financieros de la compañía.
EA deja de estar sujeta a la obligación de presentar resultados trimestrales ante la SEC y a la evaluación constante de accionistas y mercados públicos. Como empresa privada, sus nuevos propietarios dispondrán de mayor margen para tomar decisiones estratégicas sin responder cada trimestre a las expectativas de Wall Street.
El cambio de propiedad no implica, por ahora, un relevo en la dirección. Andrew Wilson conserva el cargo de consejero delegado y seguirá al frente de Electronic Arts.
La sede de EA en Redwood City, California, también se mantiene.
Los aproximadamente 20.000 millones de dólares de deuda deberán atenderse principalmente con el flujo de caja generado por franquicias como EA Sports FC, Madden, Battlefield 6 y otros servicios en directo.
Analistas del sector han advertido de que esa carga podría limitar la inversión en nuevas propiedades intelectuales y aumentar la presión para reducir costes. También persiste el debate sobre la propiedad de un gran desarrollador occidental por parte de un fondo soberano extranjero.
La adquisición representa la pieza más ambiciosa de la estrategia de Arabia Saudí para ganar peso en la industria del videojuego como parte de Visión 2030, el plan del reino para diversificar su economía y reducir su dependencia del petróleo.
El brazo de videojuegos del PIF, Savvy Games Group, ya había comprado Scopely por 4.900 millones de dólares en 2023 y la división de videojuegos de Niantic —incluido Pokémon Go— por 3.500 millones en marzo de 2025.
Además, el PIF mantiene participaciones en Nintendo, Take-Two Interactive, Activision Blizzard y otras compañías del sector. Arabia Saudí también ha acogido la Copa Mundial de Esports y será la sede de los Juegos Olímpicos de Esports de 2027.
La compra de EA llega después de la adquisición de Activision Blizzard por parte de Microsoft por 69.000 millones de dólares en 2023. Por valor, la operación de EA es la segunda mayor compra de la historia del videojuego y, por su estructura de financiación, la mayor compra apalancada jamás registrada.
El resultado deja a EA con más libertad frente a los mercados públicos, pero también con una obligación clara: mantener el rendimiento de sus grandes franquicias para sostener una deuda extraordinaria mientras sus nuevos propietarios intentan convertir la compañía en uno de los pilares de la ambición saudí en el entretenimiento digital.