A mediados de julio, S&P Global informó que los flujos de petróleo del Golfo seguían estando un 50% por debajo de los niveles previos a la guerra . La escalada en julio —que incluyó el bloqueo naval estadounidense de toda la costa de Irán anunciado el 13 de julio— empujó al Brent a un máximo de un mes
. Los planes de las refinerías asiáticas para aumentar la producción en agosto se vieron directamente amenazados
.
El alto el fuego nunca fue duradero: cada tregua se rompía rápidamente y los flujos de petróleo del Golfo nunca se recuperaron a los niveles anteriores a la guerra durante julio.
Julio fue testigo de una volatilidad extrema dentro del mes:
El Brent cerró julio con un alza de aproximadamente el 20% en el mes, a pesar del retroceso de finales de mes . La Perspectiva Energética a Corto Plazo de la EIA de julio pronosticó un Brent promedio de $96/barril para todo el año 2026 y de $76 en 2027
.
Los analistas revisaron al alza los pronósticos del precio del petróleo para 2026:
A finales de mayo, una encuesta de Reuters a 33 economistas y analistas proyectó que el Brent promediaría $84.44/barril en 2026 y el WTI $84.63 . La perspectiva de la EIA de abril asumió un Brent de $103/barril en marzo de 2026
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Las cinco grandes casas comerciales de Japón fueron las principales beneficiarias de la interrupción del suministro:
El camino hacia la normalización seguía siendo profundamente incierto a finales de julio de 2026:
En resumen, julio de 2026 fue un mes de latigazos —un breve regreso a los precios previos a la guerra, un dramático pico a $100 y un retroceso a finales de mes— pero sin una resolución duradera. Los volúmenes de importación asiáticos se recuperaron solo de forma fraccionaria desde los mínimos de la crisis, y la tregua en el Estrecho de Ormuz resultó ser un respiro temporal, no un punto de inflexión. Las casas comerciales japonesas registraron previsiones de ganancias récord gracias a los elevados precios de la energía, mientras que las perspectivas más amplias dependían por completo de si la diplomacia entre EE. UU. e Irán podía producir una reapertura duradera del estrecho, una posibilidad que seguía fuera de alcance.