Dentro de la eurozona, el comportamiento fue muy desigual. Alemania se consolidó como el motor del crecimiento: su sector manufacturero creció al ritmo más rápido en años, impulsado por una sólida actividad industrial . En cambio, Francia volvió a caer en terreno de contracción, lo que profundiza la brecha entre las dos mayores economías del bloque. Italia también perdió impulso, con los nuevos pedidos estancados .
El telón de fondo de esta recuperación a medias es la guerra en Oriente Medio, que sigue sacudiendo los mercados energéticos. El conflicto, iniciado a finales de febrero de 2026, disparó los precios del crudo y el gas. Pero el impacto va más allá: los productos refinados —gasolina, diésel, combustible para aviones— subieron entre un 40% y un 45%, superando con creces el repunte del petróleo en bruto . La volatilidad de los precios energéticos ha vuelto a niveles de principios de 2022 .
Además, el bloqueo del estrecho de Ormuz está interrumpiendo el suministro de energía y otros bienes no energéticos desde los países del Golfo, generando nuevos cuellos de botella en las cadenas de suministro globales .
Esta situación se ha convertido ya en una fuente clara de presiones inflacionistas. El Boletín Económico del BCE de junio de 2026 lo dice sin rodeos: "La guerra en Oriente Medio está generando presiones inflacionistas" . Como resultado, el BCE ya subió los tipos en 25 puntos básicos en junio y, aunque los mantuvo sin cambios en su reunión del 23 de julio, la mayoría de los economistas consultados por Reuters espera un nuevo aumento en septiembre .
El propio BCE reconoce que el panorama es incierto. Las proyecciones de junio sitúan la inflación general en el 3,0% para 2026, el 2,3% en 2027 y el 2,0% en 2028 . Pero la subida de los precios energéticos, sumada a la debilidad de los nuevos pedidos y la dependencia de los pedidos atrasados, pone en duda que el crecimiento de la producción industrial sea sostenible a medio plazo .
En resumen: la producción industrial de la eurozona disfrutó en julio de su mejor mes en años, pero ese crecimiento se apoya en pilares endebles. La demanda no termina de despegar, los precios de la energía siguen al alza y el BCE se debate entre frenar la inflación y no ahogar una recuperación que aún parece muy vulnerable.