El presidente David Adeang calificó "Nauru" como una reliquia colonial, una aproximación deformada impuesta por lenguas occidentales que no reflejaba la ortografía ni la pronunciación utilizadas por la población local . "Naoero" es el nombre tradicional en el idioma nauruano (Dorerin Naoero) y siempre ha sido el que los locales usaban para referirse a su isla
.
El gobierno enmarcó el cambio en torno a tres objetivos fundamentales:
La transición siguió un camino procesal preciso, aunque no estuvo exenta de un giro notable:
El cambio de nombre de Naoero se inscribe en una tendencia global bien establecida de naciones poscoloniales que abandonan los nombres impuestos externamente. Los académicos señalan que esto se está acelerando como una herramienta estratégica en la diplomacia de poder blando, permitiendo a las naciones "redefinir su identidad global y afirmar su soberanía cultural" .
Ejemplos destacados incluyen:
Varias naciones de África Occidental están renombrando actualmente calles y monumentos de la era colonial en un esfuerzo similar . La medida de Nauru es distintiva porque se trata de una corrección del nombre poscolonial para un microestado, pero sigue la misma lógica: recuperar la nomenclatura indígena de un legado administrativo colonial.