La capacidad solar mundial se ha triplicado en solo cuatro años . Después de superar el umbral de 1 TW en 2022, la fotovoltaica tardó menos de dos años en rebasar los 2 TW —a finales de 2024— y poco más de un año adicional en alcanzar los 3 TW .
El ritmo, sin embargo, podría moderarse por primera vez en más de dos décadas. SolarPower Europe prevé que las instalaciones globales bajen un 8% en 2026, hasta los 612 GW, principalmente por la contracción del mercado chino .
China añadió aproximadamente entre 278 y 315 GW de energía solar en 2025, lo que representó alrededor del 62-68% de todas las nuevas instalaciones mundiales . La región de Asia-Pacífico concentra aproximadamente el 68% de la capacidad instalada global .
Al cierre de 2025, China contaba con cerca de 1.464 GW solares acumulados, casi la mitad del total mundial . Además, dispone de más de 709 GW de proyectos potenciales, más de un tercio de la capacidad solar planificada en todo el mundo .
Pero la expansión se frenó con fuerza en 2026. El país incorporó 72,07 GW durante el primer semestre, un 66% menos que en el mismo periodo del año anterior. La caída refleja, en parte, el adelanto de conexiones registrado en 2025 antes de la entrada en vigor de reformas de precios . Aun así, las instalaciones del primer semestre de 2026 siguieron por encima del promedio registrado entre 2021 y 2024 .
El plan económico quinquenal de Pekín y las nuevas reglas de precios buscan enfriar el ritmo más acelerado y orientar el sector hacia una expansión más ordenada. El resultado puede ser un mercado chino menos explosivo, pero también más centrado en la rentabilidad, la calidad de los proyectos y su compatibilidad con la red.
La expansión ya no depende exclusivamente de China. Veintiséis países cuentan ahora con al menos 10 GW de capacidad fotovoltaica acumulada, frente a los pocos que habían alcanzado ese nivel hace unos años .
India añadió aproximadamente 49 GW en 2025, una cifra récord, mientras el Sudeste Asiático se consolida como otro de los motores del crecimiento . Para 2026 se esperan más de 100 GW de nuevas instalaciones fuera de China, con avances en Oriente Medio, África y América Latina .
La diversificación geográfica ofrece una base más amplia para el crecimiento mundial, pero no elimina los obstáculos. En muchos mercados emergentes las redes son más débiles, la financiación resulta más cara y las reglas cambian con mayor frecuencia. Esos factores pueden retrasar los proyectos incluso cuando la energía solar es una de las opciones más competitivas para generar electricidad.
La transmisión se ha convertido en la principal restricción para nuevos proyectos. Wood Mackenzie identifica la falta de infraestructura de transmisión como el gran límite para el despliegue, por encima del suministro de módulos .
Muchas redes fueron diseñadas para centrales grandes y relativamente estables, no para recibir cantidades crecientes de electricidad variable desde parques solares distribuidos o alejados de los centros de consumo . Cuando la penetración fotovoltaica aumenta, aparecen problemas de fluctuación de tensión, inestabilidad de frecuencia, menor inercia del sistema, deterioro de la calidad eléctrica y coordinación de las protecciones .
Los costes de integración pueden superar los 25-40 dólares por MWh cuando la solar alcanza una penetración del 50% . La congestión también provoca que parte de la electricidad renovable tenga que limitarse: en algunas regiones, el recorte de generación llega aproximadamente al 5%, mientras que los episodios de precios negativos son cada vez más habituales en mercados con mucha solar, como California y algunas zonas de Europa .
El problema también es administrativo. Solo en Estados Unidos hay más de 2,6 TW de proyectos de energía limpia atrapados en las colas de interconexión. Cerca del 80% de los proyectos que entran en esas colas nunca llega a la operación comercial . Además, el tiempo medio de espera para conectarse a la red estadounidense se ha duplicado desde 2015 y supera los tres años .
En este contexto, el almacenamiento está pasando de ser un complemento a convertirse en un requisito práctico para muchos proyectos solares de gran escala. Para 2025, la viabilidad de nuevas plantas dependía cada vez más de integrar sistemas de almacenamiento con baterías, conocidos como BESS por sus siglas en inglés. La solar fotovoltaica independiente dejó de ser la configuración predeterminada para muchos proyectos a escala de red .
Las baterías permiten desplazar parte de la producción del mediodía hacia las horas de mayor demanda, reducir los vertidos y ofrecer servicios de estabilidad. En determinadas configuraciones, el almacenamiento puede reducir un 11,8% las necesidades de capacidad de los transformadores y disminuir un 27,1% adicional la expansión de líneas aéreas, además de mejorar la estabilidad de tensión .
Pero la tecnología todavía se enfrenta a reglas de mercado poco adaptadas. En muchos sistemas eléctricos, las baterías pueden pagar cargos tanto al cargarse como al descargar energía, debido a su doble papel de consumidor y generador. Esa situación reduce la rentabilidad de las inversiones .
La Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) y distintos organismos del sector reclaman mercados que permitan combinar ingresos por venta de energía, capacidad y servicios auxiliares. También piden procesos de interconexión más rápidos y marcos regulatorios que reconozcan el papel del almacenamiento en la flexibilidad de la red .
El hito de los 3 TW demuestra que la solar ya opera a escala global. La cuestión decisiva ahora es cuánto de esa capacidad puede utilizarse realmente.
La siguiente fase exigirá construir más líneas y subestaciones, modernizar redes envejecidas, acelerar las conexiones, coordinar la demanda y desplegar almacenamiento allí donde aporte mayor flexibilidad. También pondrá a prueba la capacidad del mercado mundial para absorber la desaceleración deliberada de China sin perder impulso en India, Asia Sudoriental, Oriente Medio, África y América Latina.
La industria ha resuelto en gran medida el desafío de fabricar paneles a gran escala. Ahora debe resolver uno menos visible, pero igual de determinante: conectar esos millones de módulos a redes que no fueron diseñadas para recibirlos.