Cuando se reanudaron las hostilidades, Estados Unidos restableció un bloqueo naval sobre toda la costa iraní, incluidos sus puertos y terminales petroleras . La Guardia Revolucionaria de Irán declaró que el estrecho de Ormuz estaba «completamente cerrado» .
El estrecho es uno de los principales cuellos de botella del comercio energético mundial: por él suele transitar aproximadamente una quinta parte del petróleo global. El tráfico diario de buques se desplomó desde más de 130 embarcaciones antes de la guerra hasta cifras de un solo dígito en los días más tensos de julio . La amenaza no era solo militar: cualquier interrupción prolongada podía encarecer los seguros, obligar a desviar cargamentos y reducir la oferta disponible.
El Brent subió un 9% en una sola jornada, hasta los 83 dólares por barril, después de conocerse el bloqueo del 12 de julio . El 20 de julio superó los 90 dólares . Tres días después alcanzó los 96 dólares, mientras se intensificaban los ataques y aumentaban los riesgos para las rutas marítimas regionales .
El 24 de julio, el Brent llegó a superar los 100 dólares por barril, según los informes citados, cuando la crisis se extendió desde Ormuz hasta el mar Rojo . La estructura de precios también favoreció a los inversores: las curvas de futuros de la energía se mantuvieron en backwardation, una situación en la que los contratos de entrega inmediata cotizan por encima de los de vencimiento posterior. Esto suele reflejar una fuerte demanda presente y temores de escasez a corto plazo .
Los ataques de los hutíes, alineados con Irán, introdujeron un nuevo riesgo para el transporte de energía. La amenaza de cerrar o dificultar el paso por el mar Rojo agravó la interrupción del estrecho de Ormuz y puso bajo presión otra ruta marítima clave .
Para los mercados, el problema era acumulativo: no se trataba de una única vía afectada, sino de dos corredores estratégicos que conectan a los productores de Oriente Medio con los consumidores de Europa y Asia.
Aunque la energía concentró buena parte de las ganancias, la agricultura también contribuyó al avance . La confirmación de un episodio de super El Niño elevó el riesgo de problemas de suministro para cereales y materias primas agrícolas blandas. Los riesgos de exportación en el mar Negro y la relación entre biocombustibles y cultivos añadieron apoyo a algunos mercados de granos y semillas oleaginosas .
En los metales, el acero alcanzó máximos de varios años por el temor a nuevas interrupciones de las cadenas de suministro . El repunte, por tanto, no fue uniforme: energía y agricultura lideraron, mientras que el comportamiento de cada materia prima dependió de sus propias condiciones de oferta y demanda.
El oro y la plata lograron avances semanales pese a un entorno que normalmente presiona a los metales preciosos: petróleo más caro, expectativas de inflación al alza, dólar fortalecido, mayores rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense y una mayor probabilidad de una política monetaria más restrictiva de la Reserva Federal .
Su resistencia reflejó la demanda de activos refugio en un contexto de incertidumbre geopolítica extrema. Sin embargo, los tipos de interés y el dólar siguieron siendo obstáculos importantes para una subida más amplia de los metales preciosos.
El índice del dólar estadounidense de Bloomberg había registrado en junio su mejor comportamiento mensual del año, y la divisa continuó firme en julio . La escalada militar elevó las expectativas de inflación y llevó a los mercados a descontar con más fuerza posibles subidas de tipos de la Fed .
Ese escenario complicó las perspectivas de los bonos y de los activos sensibles a los tipos de interés. Un petróleo persistentemente caro puede alimentar la inflación, mientras que una política monetaria más dura encarece la financiación y frena la actividad económica.
Los mercados de renta variable global pasaron a mostrar un comportamiento mixto o negativo. El encarecimiento de la energía reavivó el temor a la estanflación, es decir, una combinación de crecimiento débil e inflación elevada. El petróleo más caro, los rendimientos al alza y un dólar fuerte pesaron sobre los índices bursátiles .
La reacción también puso de manifiesto la diferencia entre los beneficiarios directos del shock —como algunos productores de energía— y las empresas que afrontan mayores costes de transporte, fabricación o consumo energético.
El escenario sigue siendo especialmente sensible a las noticias diplomáticas y militares. Los análisis de S&P Global Market Intelligence apuntan a que los precios de las materias primas podrían mantenerse por encima de los niveles previos al conflicto al menos hasta 2028, debido a los daños persistentes en infraestructuras y a un riesgo geopolítico elevado .
El Banco Mundial ya había previsto un aumento del 24% en los precios de la energía durante 2026, el mayor desde la invasión rusa de Ucrania en 2022 . La escalada de julio reforzó esa perspectiva.
Las señales procedentes de UBS, Saxo Bank e Invesco apuntan a un mercado en el que cualquier indicio de negociación puede verse rápidamente eclipsado por una nueva escalada militar . Mientras sigan amenazadas Ormuz y el mar Rojo, las materias primas continuarán reaccionando no solo a los inventarios y la demanda, sino también a cada movimiento en el tablero geopolítico.