En la mañana del 30 de julio, coincidiendo con la celebración marroquí del Día del Trono, la frontera terrestre entre Marruecos y Ceuta quedó prácticamente desbordada . Miles de personas, en su mayoría migrantes del África subsahariana, llegaron a nado desde la localidad marroquí de Fnideq o cruzaron por tierra hacia la ciudad .
Las estimaciones del Gobierno español situaron en torno a 50.000 el número de entradas producidas en unas 24 horas . La cifra equivale a más de la mitad de la población residente de Ceuta, que ronda las 85.000 personas . Si se confirma, se trataría de la mayor oleada puntual de llegadas irregulares registrada en territorio de la Unión Europea .
La tragedia humana fue igualmente enorme. Al menos 57 personas murieron mientras intentaban atravesar la frontera, según recuentos posteriores . Los primeros informes habían contabilizado cifras menores, principalmente por ahogamientos y por la estampida en los accesos .
Uno de los factores legales inmediatos fue una sentencia del Tribunal Supremo español, dictada a finales de junio de 2026, que impidió devolver de forma sumaria a personas interceptadas en el mar. El tribunal consideró que quienes eran detenidos antes de cruzar la infraestructura física de la frontera no podían ser expulsados automáticamente bajo el procedimiento aplicado hasta entonces .
Algunos observadores también relacionaron el momento de la avalancha con el calendario político marroquí, en particular con la celebración del Día del Trono . Además, agentes de la Guardia Civil llevaban años advirtiendo de la fragilidad de la valla fronteriza .
El Gobierno de Pedro Sánchez calificó la situación de emergencia y movilizó efectivos militares para apoyar a la Guardia Civil. El despliegue incluyó pelotones del Ejército, refuerzos aéreos y navales y equipos de buceo para vigilar las aguas próximas a la frontera .
Sánchez afirmó que su Gobierno estaba «plenamente comprometido con dar una respuesta inmediata» y visitó Ceuta el 31 de julio .
España y Marruecos acordaron acelerar el retorno de las personas que habían entrado irregularmente. Las autoridades españolas informaron de que 25.000 migrantes habían sido devueltos a Marruecos en las primeras 48 horas y aseguraron que intentarían expulsar al resto con la mayor rapidez posible .
La Comisión Europea declaró que ninguna de las personas que habían entrado irregularmente desde Ceuta había llegado a la España peninsular y que no se les permitiría trasladarse a otros países de la UE .
Bruselas ofreció apoyo a España mediante Frontex, la agencia europea encargada de respaldar la gestión de las fronteras exteriores y la vigilancia costera . La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, describió las imágenes de Ceuta como «inaceptables» y reclamó que cesaran de inmediato los cruces peligrosos .
La crisis, sin embargo, puso de manifiesto la falta de una respuesta común. Varios gobiernos europeos cuestionaron la capacidad de España para proteger la frontera exterior del espacio Schengen y reclamaron medidas contra Madrid .
Francia anunció que fortalecería «sin demora» los controles en la frontera con España. El ministro del Interior, Laurent Nunez, activó además una fuerza de intervención rápida para realizar comprobaciones más exhaustivas .
La medida reflejó el temor de París a que la llegada de personas a Ceuta generara movimientos posteriores hacia otros puntos del espacio europeo de libre circulación.
La reacción más contundente llegó de Italia. La primera ministra Giorgia Meloni habló de posibles «medidas extraordinarias» . El 31 de julio, Roma suspendió temporalmente el régimen de libre circulación Schengen con España por mar y aire y reintrodujo controles policiales para los viajeros procedentes de España .
El ministro italiano del Interior, Matteo Piantedosi, indicó que los controles permanecerían durante el mes de agosto . La medida afectó a vuelos y conexiones marítimas y supuso una ruptura temporal de una de las normas más visibles de la integración europea.
El primer ministro sueco, Ulf Kristersson, pidió a España que «actuara rápidamente para recuperar el control de la situación» y cumpliera sus compromisos dentro de la cooperación Schengen .
La ministra finlandesa del Interior, Mari Rantanen, afirmó que España había fracasado por completo en la protección de la frontera exterior del espacio Schengen y pidió a los países de la UE que apoyaran la suspensión de España propuesta por Italia .
Aunque la suspensión total de España del espacio Schengen fue reclamada por varios gobiernos, la respuesta europea quedó dividida entre el apoyo operativo a Madrid, el refuerzo de controles nacionales y las exigencias de sanciones políticas .
El colapso de 2026 no surgió de la nada. Entre enero y octubre de 2025, 2.994 personas cruzaron por tierra desde Marruecos hacia Ceuta, un 33,8 % más que durante el mismo periodo de 2024 . Más de un tercio de esas llegadas correspondió a grupos familiares que solicitaron protección humanitaria .
En agosto, unas 100 personas —entre ellas varios menores— intentaron llegar a nado desde Marruecos. El centro de acogida de la ciudad advirtió entonces de que estaba «cerca del punto de quiebre» . En diciembre, las autoridades marroquíes ya estaban interceptando a cientos de migrantes cerca de la valla, muchos de ellos aprovechando condiciones meteorológicas adversas para intentar el cruce .
La avalancha del 30 de julio convirtió una frontera localizada entre Marruecos y una ciudad autónoma española en un problema europeo de primer orden. España respondió con fuerzas militares y retornos acelerados; Bruselas ofreció apoyo mediante Frontex; Francia reforzó sus controles e Italia restableció temporalmente la vigilancia fronteriza con España.
El episodio también mostró hasta qué punto la presión migratoria puede poner en tensión la libre circulación europea. La cuestión central para la UE no fue solo cómo controlar Ceuta, sino cómo proteger sus fronteras exteriores sin que cada Estado miembro responda por separado y debilite el sistema Schengen.