Las temperaturas récord llevaron a hogares, oficinas y empresas de todo el continente a utilizar más aire acondicionado y ventiladores. El incremento de la demanda de refrigeración elevó la carga eléctrica en numerosos mercados .
En Francia y Alemania, el coste mayorista adicional superó los 700 millones de euros en una sola semana, según un análisis de la organización ambiental 350.org .
Las centrales nucleares francesas y otras instalaciones térmicas dependen en parte del agua de los ríos para refrigerarse. Cuando subieron las temperaturas del agua y bajaron algunos caudales, varios reactores tuvieron que reducir su producción o dejar de operar a plena capacidad .
Las centrales de gas también perdieron eficiencia con temperaturas extremas . Así, el mismo fenómeno meteorológico que elevaba el consumo reducía parte de la generación disponible.
Un periodo prolongado de vientos débiles en buena parte de Europa recortó de forma significativa la producción eólica, una fuente de electricidad relativamente barata que suele aliviar la presión sobre el mercado .
En las tardes más complicadas, la generación eólica alemana cayó a unos 2 GW, aproximadamente el 16 % de su promedio estacional . En alemán, este episodio se conoce como Hitzeflaute, o “calma de calor” .
La producción solar fue elevada al mediodía, pero eso no evitó los picos de precios de última hora de la tarde y primeras horas de la noche. Cuando el sol se ocultó, los equipos de refrigeración siguieron funcionando y el sistema tuvo que recurrir a centrales de gas con costes marginales más altos .
Es el desfase que suele representarse con la llamada “curva de pato”: mucha oferta solar durante el día y una necesidad repentina de generación flexible al anochecer. El 24 de junio, a las 20:45, el precio mayorista en Bélgica superó los 1.000 €/MWh, frente a un promedio diario de 257,5 €/MWh .
La ola de calor no golpeó a un sistema con abundantes reservas. Europa comenzó el verano con los inventarios de gas por debajo de los niveles habituales para la estación y con los embalses hidroeléctricos nórdicos entre 8 y 12 puntos por debajo de lo normal .
Ese contexto ya había llevado los contratos eléctricos de invierno a una prima superior al 20 % antes de la ola de calor. Con menos margen de seguridad, cualquier interrupción o caída de generación tuvo un impacto mayor en los precios.
El diseño tradicional del sistema europeo se centra en los picos de demanda invernales asociados a la calefacción. Pero el uso creciente del aire acondicionado está haciendo que la demanda estival se acerque a esos máximos, especialmente durante episodios de calor extremo .
La presión se suma al aumento estructural del consumo de centros de datos, vehículos eléctricos y bombas de calor . La red necesita, por tanto, prepararse para picos en ambas estaciones, no solo para el invierno.
Una ola de calor puede elevar el consumo de refrigeración, limitar la producción de centrales refrigeradas con agua y reducir la generación eólica al mismo tiempo . Cuando la producción solar cae al anochecer, las tres presiones se concentran en unas pocas horas.
Ese bucle —más demanda y menos oferta por efecto del mismo tiempo extremo— es especialmente difícil de gestionar para un sistema que combina renovables variables con centrales térmicas y nucleares sensibles a las condiciones ambientales .
La abundancia solar del mediodía no garantiza electricidad barata durante la tarde-noche. Para evitar que la oferta caiga justo cuando persiste la demanda, Europa necesita complementar las fuentes variables con almacenamiento, más capacidad de interconexión y generación despachable de bajas emisiones .
La clave no es abandonar la expansión renovable, sino asegurar que el sistema pueda desplazar electricidad en el tiempo y compartirla entre países cuando una región sufre simultáneamente calor, poco viento y limitaciones térmicas.
El episodio de junio no fue un “cisne negro” imposible de anticipar, sino la coincidencia previsible de vulnerabilidades ya conocidas: mayor demanda de refrigeración, menor producción eólica, pérdida de generación solar al anochecer y menor eficiencia de algunas centrales .
Si las olas de calor se vuelven más frecuentes e intensas, la vieja idea de que el verano es una estación de baja demanda y precios moderados dejará de ser fiable. Los operadores y reguladores tendrán que revisar la planificación estacional, los objetivos de almacenamiento y el diseño de los mercados de capacidad en todo el continente .
La lección central es clara: la seguridad eléctrica europea ya no depende únicamente de superar el invierno. También exige preparar la red para los días más calurosos del año.