La acción del 30 de julio fue la culminación de una larga campaña que comenzó meses antes:
Un factor clave que permitió la intervención conjunta fue la exhaustiva coordinación previa entre Estados Unidos y Japón:
Corea del Sur llevaba semanas mostrando su disposición a actuar. El 2 de julio, su jefe de divisas advirtió que el won estaba significativamente desalineado, y el 14 de marzo, los ministros de Finanzas de Japón y Corea del Sur expresaron conjuntamente su preocupación por la rápida depreciación de sus monedas y su disposición a actuar contra la volatilidad excesiva .
La intervención del 30 de julio de 2026 fue el punto culminante de meses de crecientes advertencias verbales, repetidas operaciones unilaterales de compra de yenes por parte de Japón por un total de más de 73 mil millones de dólares, subidas de tipos del BoJ y una estrecha coordinación diplomática entre Estados Unidos y Japón, todo ello impulsado por un yen que había caído a mínimos de cuatro décadas debido a una crisis energética. La incorporación de Corea del Sur en una operación conjunta marcó un nuevo nivel de cooperación regional.
Sin embargo, las intervenciones anteriores en 2026 solo habían tenido efectos temporales, con el yen deslizándose repetidamente de vuelta a los niveles de intervención. Los analistas advirtieron que la acción coordinada por sí sola podría no revertir las fuerzas estructurales que impulsan la fortaleza del dólar y el legado de la política monetaria expansiva prolongada del BoJ .