La reacción más inmediata se produjo en el mercado energético. El Brent cayó alrededor de un 4%, hasta unos 92,80 dólares por barril, al desvanecerse parte de la prima de riesgo acumulada durante semanas de ataques . En otras referencias de mercado se registraron descensos todavía mayores durante la negociación inicial .
Las bolsas interpretaron la caída del petróleo como una señal de menor riesgo para la economía mundial. El Dow Jones avanzó unos 260 puntos, alrededor de un 0,6%-0,7%, y encadenó su segunda sesión positiva . Los futuros del S&P 500 y del Nasdaq llegaron a subir un 1% y un 1,6%, respectivamente, antes de que la sesión se volviera más irregular .
La compra fue relativamente amplia: la mayoría de los índices sectoriales avanzaron, ante la expectativa de que una menor tensión facilitara el transporte marítimo y redujera el riesgo de interrupciones en el estrecho de Ormuz . El embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas, Mike Waltz, afirmó que el presidente Donald Trump había decidido pausar la acción militar para buscar una salida diplomática .
Pero el mercado no ignoró la fragilidad del acuerdo. Los hutíes atacaron instalaciones petroleras en Arabia Saudí y Ucrania golpeó un buque comercial iraní en el mar Caspio durante el mismo fin de semana . Aun así, el relato dominante del lunes fue el del alivio.
El martes 28 de julio, el repunte se resquebrajó. La presión se concentró en los semiconductores, el núcleo de la subida bursátil vinculada a la IA. El ETF iShares Semiconductor, conocido por sus siglas SOXX, llegó a caer más de un 3% en las operaciones previas a la apertura, mientras los futuros del Nasdaq pasaron a terreno negativo .
Nvidia perdió un 5% y los mercados asiáticos de chips sufrieron aún más. El índice surcoreano KOSPI cayó hasta un mínimo de tres meses .
El temor no fue solo técnico ni puntual. Los inversores empezaron a preguntarse si el gasto necesario para construir la economía de la IA —semiconductores, centros de datos, electricidad y financiación— está creciendo más rápido que los beneficios que puede generar.
El Wall Street Journal informó de que Nvidia negociaba la posibilidad de ofrecer garantías de financiación por unos 250.000 millones de dólares para un proyecto de centro de datos en Ohio . La cifra, presentada en el contexto de esas conversaciones, puso de relieve la magnitud del capital que exige el sector y alimentó la preocupación sobre posibles excesos de inversión. A ello se sumaron las informaciones sobre una competencia china cada vez mayor en los chips para IA .
El resultado fue una divergencia muy visible: el Dow Jones resistió mejor, apoyado por la caída del petróleo y por sectores menos expuestos a la tecnología, mientras el Nasdaq y los mercados asiáticos retrocedieron con fuerza por su elevada exposición a los semiconductores . Más que un pánico generalizado, el movimiento pareció una rotación, aunque reveló la vulnerabilidad de las empresas tecnológicas ante una posible fatiga del gasto de capital.
La secuencia también mostró cómo se comportan distintas clases de activos ante un shock geopolítico y tecnológico. El Brent siguió bajando el martes, acercándose a los 87 dólares mientras la tregua parecía mantenerse .
Sin embargo, el descenso del crudo no provocó una subida generalizada de los bonos. Las rentabilidades de los bonos del Tesoro estadounidense se mantuvieron relativamente estables, una señal de que el mercado no consideraba que el petróleo más barato fuera suficiente para cambiar las expectativas sobre la política de la Reserva Federal .
El dólar se debilitó en términos generales, en parte por la reducción del riesgo geopolítico y en parte por el posicionamiento de los operadores antes de la decisión de tipos de la Fed . Asia soportó la mayor parte del golpe por su peso en fabricantes de chips, mientras que las bolsas estadounidenses y europeas resistieron relativamente mejor gracias al impulso que el petróleo barato dio a sectores como materiales e industriales .
La reunión de la Reserva Federal del 29 de julio añadió otra fuente de incertidumbre. Según los precios del mercado citados en varios informes, se descontaba una probabilidad del 38% de una subida de tipos. Saxo Bank calificó la reunión de “en directo”, en referencia a que los operadores contemplaban una posible sorpresa de tono restrictivo .
Ese riesgo era especialmente relevante para las empresas de crecimiento y los fabricantes de chips: unos tipos más altos suelen presionar las valoraciones de compañías cuyos beneficios se esperan más adelante. Además, el S&P 500 y el Nasdaq llegaban tras encadenar dos semanas de descensos , mientras que la temporada de resultados del segundo trimestre ofrecía señales mixtas y las acciones de chips ya venían debilitadas .
La agenda del 27 al 31 de julio concentró varios acontecimientos capaces de decidir el rumbo de la operación relacionada con la IA:
Alphabet ya había presentado sus resultados y había decepcionado a los inversores, lo que pesaba sobre el ánimo del mercado .
La pregunta de fondo era sencilla, pero decisiva: ¿la caída de los semiconductores era una corrección temporal dentro de una tendencia alcista o el comienzo de una retirada más profunda de la operación de la IA? La respuesta dependería de si las grandes tecnológicas podían justificar con beneficios el enorme gasto en infraestructura y de cómo la Fed equilibrara inflación, crecimiento y tipos de interés .