El 13 de noviembre de 2025, el Bundestag (Parlamento alemán) dio un paso sin precedentes al crear formalmente una "Comisión para la revisión de las relaciones económicas con relevancia para la seguridad entre Alemania y China". La moción, presentada por la coalición CDU/CSU y SPD, fue aprobada con el apoyo de AfD, mientras que Los Verdes y La Izquierda se abstuvieron.
Según un informe de Reuters de noviembre de 2025, el gobierno alemán está realizando una reevaluación sistemática de sus políticas comerciales, centrándose en sectores sensibles para la seguridad. Un detonante clave fueron las restricciones de Pekín a la exportación de tierras raras, que demostraron la rapidez con la que las cadenas de suministro alemanas podrían verse interrumpidas.
Un análisis conjunto de MERICS y la Fundación Hinrich (mayo de 2025) identificó tres vulnerabilidades convergentes:
El 9 de febrero de 2026, el Alto Comisariado de Estrategia y Planificación de Francia (Haut-Commissariat au Plan) publicó un informe contundente en el que describía la expansión industrial china como una "apisonadora" que aplasta a la industria europea.
El 27 de julio de 2026, la asociación italiana de fabricantes de máquinas-herramienta (UCIMU) instó a la UE a reforzar urgentemente las medidas de defensa comercial frente a la competencia china. Los puntos clave:
La Comisión Europea ha comenzado a implementar medidas defensivas concretas. Desde el 1 de julio de 2026:
China ha rechazado sistemáticamente las acusaciones de sobrecapacidad industrial, especialmente en sectores como vehículos eléctricos, acero y tecnología verde. En múltiples declaraciones oficiales durante 2025 y 2026, Pekín ha argumentado que su producción industrial está impulsada por la demanda del mercado, la innovación y la ventaja comparativa, no por una sobreproducción dirigida por el Estado. Esta postura sigue siendo un punto central de fricción en los diálogos comerciales entre la UE y China.
En resumen: Alemania ha pasado de una estrategia declarativa a una revisión legislativa vinculante de sus vulnerabilidades comerciales, impulsada por un déficit récord de 87.000 millones de euros, el impacto de las restricciones de Pekín a las tierras raras y las advertencias de Francia. Italia se suma a la presión para que la UE actúe, y Bruselas ha respondido con aranceles más altos y cargos a las importaciones de paquetes, mientras Pekín sigue rechazando las acusaciones de sobrecapacidad.