El 24 de julio de 2026, el Banco de Rusia recortó su tasa de interés de referencia en 25 puntos básicos, situándola en el 14%, desde el 14,25% anterior . El recorte fue menor de lo que esperaba el mercado (que anticipaba una reducción de 50 puntos básicos), lo que refleja el difícil equilibrio del banco central entre apoyar un crecimiento estancado y combatir el aumento de la inflación
. Al mismo tiempo, el banco redujo su perspectiva de crecimiento del PIB hasta el 0,0–1,0%, por debajo del pronóstico anterior del 0,5–1,5% realizado en abril
. La gobernadora, Elvira Nabiullina, indicó que el crecimiento podría ser nulo para el año
.
El banco central ahora espera una inflación del 6–7% para 2026, un aumento significativo con respecto a su pronóstico anterior del 4,5–5,5%, citando "el aumento significativo de los precios de los combustibles que ya se ha producido" . Los datos reales de Rosstat confirman esta tendencia: la inflación anual se aceleró al 6,02% en junio de 2026, frente al 5,3% de mayo, con una inflación mensual que se disparó al 0,87% en junio desde apenas el 0,17% de mayo
. En algunas regiones, los precios minoristas de la gasolina han alcanzado algunos de los niveles más altos de Europa
. Los analistas externos encuestados por el Banco de Rusia han elevado su pronóstico de tasa clave promedio para 2026 al 14,5%, lo que indica que los mercados financieros esperan que el actual ciclo de flexibilización del banco central pueda ser de corta duración
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La causa principal de la crisis es una intensificación dramática de la campaña de drones de largo alcance de Ucrania contra la infraestructura petrolera rusa. Los drones ucranianos atacaron las refinerías de petróleo rusas al menos 194 veces solo en 2026, según un análisis del Financial Times y Rochan Consulting . Se estima que los ataques han eliminado entre el 20% y el 40% de la capacidad de refinación de petróleo de Rusia
. Los ataques clave en la cronología incluyen:
El impacto en el mercado interno de combustibles ha sido severo y generalizado. Para julio de 2026, casi todas las 83 regiones de Rusia habían informado de escasez de gasolina o interrupciones en el suministro . Muchas gasolineras introdujeron el racionamiento de combustible, con colas de coches de horas de duración en los surtidores
. En algunas regiones, las rutas de autobús se acortaron o suspendieron debido a los problemas de suministro de combustible
. Moscú impuso una prohibición a las exportaciones de gasolina en abril de 2026 para tratar de preservar el suministro interno, pero esto no ha aliviado la escasez
. Los efectos dominó económicos son amplios: elevan los precios de una amplia gama de bienes y servicios, aceleran la inflación, ralentizan la producción industrial y empujan a la economía hacia la estanflación —una combinación de crecimiento estancado e inflación creciente que a los responsables políticos les resulta cada vez más difícil de manejar
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El rápido deterioro representa un giro brusco con respecto a las proyecciones oficiales realizadas apenas unos meses antes. En abril de 2026, el banco central había pronosticado un crecimiento del PIB del 0,5–1,5% para el año y una inflación que se desaceleraría al 4,5–5,5% . Ambas proyecciones ahora se han rebajado significativamente. La trayectoria provocó una serie de reconocimientos cada vez más sombríos por parte del presidente Putin:
A pesar del empeoramiento de los datos, el Kremlin declaró el 16 de julio que las dificultades de la economía "no son críticas", aunque los analistas independientes describen la situación como un declive económico en cámara lenta .
El efecto combinado de los ataques sostenidos con drones ucranianos contra la capacidad de refinación, el gasto impulsado por la guerra y la creciente presión inflacionaria ha llevado a la economía rusa a un estado frágil. El crecimiento del PIB es efectivamente nulo, la inflación está muy por encima del objetivo y se acelera, y una crisis de combustible estival está alterando la vida cotidiana en todo el país —un panorama mucho más sombrío de lo que anticipaban las proyecciones oficiales de hace apenas unos meses. El banco central se enfrenta a un camino cada vez más estrecho: recortar las tasas corre el riesgo de avivar aún más la inflación, mientras que mantenerlas o subirlas podría asfixiar aún más un crecimiento ya de por sí estancado.