El efecto dominó fue inmediato:
La venta de la semana del 12 de julio fue una reversión total de la semana anterior (del 5 al 11 de julio), cuando los inversores japoneses habían comprado un neto de ¥1.09 billones en bonos extranjeros a largo plazo y ¥745.7 mil millones en deuda a corto plazo . El giro fue de aproximadamente ¥1.8 billones en solo dos semanas .
La desinversión no se limitó a los bonos foráneos:
Ante la caída libre del yen, la ministra de Finanzas de Japón, Satsuki Katayama, reiteró en múltiples ocasiones la "disposición del gobierno para tomar medidas decisivas" en el mercado de divisas, aunque sin lograr frenar la depreciación .
La venta masiva de bonos extranjeros por parte de los inversores japoneses fue una respuesta directa al repunte del crudo Brent por encima de los $100, desencadenado por las tensiones en Oriente Medio. Esto reavivó los temores inflacionarios, disparó los rendimientos del Tesoro estadounidense a máximos de 18 meses, aumentó la probabilidad de una subida de tasas de la Fed y debilitó el yen a niveles no vistos en 40 años, revirtiendo por completo las fuertes compras de la semana anterior.