Esta postura es coherente con la posición que Vance ha mantenido durante años. Se ha opuesto repetidamente a más ayuda militar estadounidense para Ucrania, ha bloqueado el ingreso de Kiev en la OTAN y ha propuesto una "zona desmilitarizada" que congelaría el conflicto en las líneas del frente actuales. En declaraciones anteriores, Vance insistió en que Europa debe asumir la "parte del león" de las garantías de seguridad de posguerra, señalando que Estados Unidos no comprometería tropas para hacer cumplir ningún acuerdo de paz.
Los líderes europeos reunidos en Ankara han expresado su apoyo a la reciente campaña de Ucrania de ataques profundos dentro de Rusia con drones y misiles de largo alcance, una estrategia que ha alcanzado refinerías de petróleo, instalaciones militares e infraestructura en los alrededores de Moscú. Los aliados de la OTAN consideran la capacidad de Ucrania para golpear suelo ruso como una necesidad militar legítima para degradar la capacidad de combate de Rusia.
La agenda de la cumbre incluye tres prioridades centrales establecidas por el secretario general Mark Rutte: aumentar la inversión en defensa de los aliados, reforzar el reparto de cargas transatlánticas y enviar una señal de apoyo continuo a Ucrania, contrarrestando directamente el impulso de la administración Trump para reducir el compromiso estadounidense.
La división sobre Ucrania es solo una dimensión de una fractura transatlántica más profunda. El presidente Trump asiste a la cumbre presionando a los aliados para que se comprometan a destinar el 5 % del PIB a gastos de defensa y ha cuestionado la garantía de defensa mutua de la OTAN después de que los aliados se negaran a respaldar sus operaciones militares contra Irán. Trump ha calificado la relación entre Estados Unidos y la OTAN de "ridícula" y "unilateral", y su administración estaría considerando medidas punitivas contra los aliados europeos que no aumenten su gasto.
La ruptura es tal que la OTAN contempla poner fin a la tradición de las cumbres anuales para evitar enfrentamientos repetidos con Trump. La Fundación Carnegie describe un "ajuste estructural" en el que los aliados europeos se preparan para una alianza liderada por Europa con menos dependencia de Washington.
Rusia lanzó una oleada masiva de 570 misiles y drones contra Ucrania la noche del 1 al 2 de julio, matando al menos a 27 personas e hiriendo a 91, con Kiev como objetivo principal. El 5 y 6 de julio, un segundo bombardeo masivo golpeó el histórico distrito de Podil en Kiev, causando al menos 22 muertos y exponiendo las carencias de las defensas aéreas ucranianas. Rusia ha declarado explícitamente que "seguirá aumentando la presión" sobre Ucrania, presentando estos ataques como represalias por los ataques ucranianos en territorio ruso.
Estos ataques se producen justo antes de la cumbre de Ankara, colocando la escasez de defensas aéreas de Ucrania y la necesidad de más apoyo occidental en el centro de la agenda, mientras la administración Trump impulsa el mensaje opuesto de contención.
La división puede resumirse en cuatro dimensiones clave:
La pregunta central es si la guerra debe congelarse mediante negociaciones (posición Trump-Vance) o librarse desde una posición de fuerza ucraniana que incluya ataques transfronterizos (posición europea de la OTAN), todo mientras los ataques con misiles rusos sobre ciudades ucranianas se intensifican.