La evidencia central surgió de un ingenioso experimento. El equipo de investigación alimentó con la carcasa de una cabra a un dragón de Komodo llamado Rinca, en el Zoo Atlanta. Después de que el dragón terminara de comer, los investigadores recogieron y escanearon en 3D los 72 huesos restantes, creando una biblioteca de referencia de las marcas características de los dientes de Komodo. Estas marcas —surcos anchos y poco profundos que a menudo terminan en un abanico de estrías producidas por los dientes serrados del dragón— se convirtieron en la clave para interpretar los huesos antiguos .
Mediante microscopía de alta potencia, el equipo comparó estas marcas conocidas de dientes de Komodo con las marcas encontradas en huesos de Stegodon (un pariente enano del elefante) excavados en la cueva de Liang Bua, el mismo sitio donde se descubrió al H. floresiensis en 2003. El resultado fue contundente. Veatch declaró que se sorprendió al comprobar que "casi todas resultaron ser marcas de dientes de dragón de Komodo" .
Crucialmente, la distribución de las marcas contaba una historia sobre quién comía primero. Las marcas de dientes de dragón de Komodo se concentraban en las partes más carnosas: hombros y caderas. En cambio, las marcas de corte hechas con herramientas de piedra por los hobbits solo aparecían en las partes menos apetitosas, como pies y costillas. Este patrón espacial es una firma clásica del carroñeo: el superdepredador come primero, y los carroñeros más pequeños llegan después para aprovechar las sobras .
Durante años, los huesos carbonizados encontrados en Liang Bua se consideraron prueba de que el H. floresiensis controlaba el fuego. El nuevo estudio desmonta sistemáticamente esa hipótesis. El equipo analizó aproximadamente 4.500 huesos de roedores depositados en la cueva por búhos a lo largo de miles de años. Ni un solo hueso mostraba señales de carbonización o quema. Si se hubieran construido hogueras en la cueva, argumenta el equipo, los huesos subyacentes mostrarían claras alteraciones térmicas .
Tampoco ningún hueso de Stegodon presentaba marcas de carbonización . Los huesos quemados que antes se atribuían al H. floresiensis fueron refechados a capas más recientes de la cueva, ocupadas por el Homo sapiens —hace unos 46.000 años—, mucho después de que los hobbits y los Stegodon hubieran desaparecido. La evidencia del fuego era un caso de estratigrafía mal interpretada .
Sin fuego para cocinar, la dieta de los hobbits era necesariamente diferente de lo que se había supuesto. Aunque el análisis del desgaste dental ha indicado desde hace tiempo una dieta dura y fibrosa que requería una masticación forzosa —lo que sugiere que consumían plantas—, la parte cárnica de su dieta era cruda y obtenida del carroñeo . Las proteínas del veneno de Komodo, que pueden ser peligrosas, se descomponen con las enzimas del estómago, por lo que el carroñeo no suponía un riesgo de envenenamiento para los hobbits . Probablemente complementaban su dieta con pequeños animales, insectos y alimentos vegetales locales .
El estudio aclara el lugar de los hobbits en el ecosistema de Flores. Los dragones de Komodo (Varanus komodoensis) eran los superdepredadores indiscutibles, que utilizaban su mordedura venenosa para abatir a los Stegodon . El H. floresiensis era solo un miembro más de un amplio gremio de carroñeros en la isla, junto con buitres, cigüeñas gigantes y cuervos, que se alimentaban de los cadáveres de Stegodon .
A pesar del dominio de los dragones, los hobbits no solían ser presas de ellos. Los dragones de Komodo modernos rara vez atacan a los humanos sin provocación, y los autores sugieren que vivir en grupos y mantener cierta cautela era probablemente una protección suficiente .
Quizás la implicación más profunda del estudio es lo que sugiere sobre el lugar del H. floresiensis en el árbol genealógico de los homínidos. La ausencia de caza mayor y de control del fuego indica un repertorio de comportamiento significativamente menos avanzado de lo que se suponía. Esto socava directamente la idea de que eran una forma enana del Homo erectus, del que se sabe que usaba fuego y cazaba grandes presas .
En cambio, el estudio refuerza una opinión minoritaria: que el H. floresiensis podría descender de un homínido más primitivo —posiblemente parecido al Homo habilis o incluso al Australopithecus— que llegó a Flores hace más de un millón de años, antes de la evolución de comportamientos avanzados en especies posteriores del género Homo .
La autora principal, Veatch, declaró: "Un repertorio de comportamiento más simple podría indicar un ancestro que se separó del linaje Homo antes de que se produjeran estas adaptaciones de comportamiento más avanzadas" . El Dr. Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, que no participó en el estudio, señaló que "refuerza la opinión minoritaria de que el floresiensis no pertenece realmente al género Homo y debería ser reclasificado" .
No todos los expertos están completamente convencidos. La paleoecóloga Kay Behrensmeyer, del Smithsonian, afirmó que es "muy difícil distinguir la caza del carroñeo basándose únicamente en las marcas de modificación ósea" y que aún no está totalmente convencida de la hipótesis del "solo carroñeo" —aunque calificó de convincente el caso del equipo para identificar las marcas de Komodo frente a las de herramientas .
El estudio también tiene un alcance específico. No descarta la posibilidad de que el H. floresiensis capturara ocasionalmente animales pequeños por sí mismo. Lo que sí derriba, de forma definitiva y con nueva evidencia experimental, es la hipótesis de la caza mayor y el uso controlado del fuego .