Hezbolá — El secretario general, Naim Qassem, rechazó el pacto de plano el 27 de junio, calificándolo de "humillante, vergonzoso y una rendición de la soberanía" . Declaró formalmente el pacto "nulo y sin valor", denunció la vinculación entre la retirada israelí y el desarme, y prometió continuar la "resistencia" hasta lograr la retirada total israelí . Hezbolá y sus aliados de Amal lideraron protestas en Beirut .
Funcionarios israelíes — El primer ministro Benjamín Netanyahu calificó el acuerdo como "un gran logro para el Estado de Israel" y dijo que envía "un mensaje claro de que Irán y Hezbolá no tienen cabida en los futuros arreglos de seguridad de Líbano" . Lo caracterizó como un duro revés para la influencia regional de Teherán . Funcionarios israelíes han insistido en que el gobierno libanés debe cumplir su compromiso de desarmar a Hezbolá .
Primer ministro libanés — El primer ministro Nayib Mikati (o Nawaf Salam, según la fuente) ha adoptado una postura cautelosa y orientada al futuro. Antes del acuerdo, señaló que una paz sostenible con Israel podría eventualmente abrir vías para la normalización de relaciones y asociaciones económicas, aunque reconoció que esos objetivos siguen siendo lejanos . El presidente Joseph Aoun (con gran peso en asuntos de seguridad) calificó la firma como "el primer paso en el camino para restaurar la soberanía de Líbano" , presentando el acuerdo como una forma de que Líbano reafirme el control estatal sobre todo su territorio.