El Boletín Económico posterior del BCE confirmó que las expectativas de inflación a corto plazo de los consumidores disminuyeron tanto en mayo como en junio de 2025, revirtiendo el repunte observado en meses anteriores .
Los datos de la CES de mayo de 2025 no surgieron de la nada. El panorama macroeconómico en pleno 2025 era de presiones sobre los precios que se desvanecían, pero que aún persistían.
En este contexto, la narrativa predominante entre muchos economistas y participantes del mercado era que el proceso de desinflación iba por buen camino y que el BCE no estaba bajo presión inmediata para volver a subir los tipos . El propio banco central había estado recortando los tipos durante todo 2025, situando su tasa de depósito en el 2% en junio . La opinión generalizada, reflejada en los informes de principios de junio de 2025, era que era más probable un nuevo recorte de tipos que una subida .
El alivio en las expectativas de inflación de mayo de 2025 resultó ser un espejismo. La tregua en las tensiones de Oriente Medio se rompió y el conflicto se intensificó drásticamente, desencadenando una grave crisis de precios energéticos.
El rápido deterioro de las perspectivas de inflación forzó un giro dramático en la política del BCE. A finales de mayo de 2026, con la inflación acelerándose en las mayores economías de la UE (Alemania, Francia, Italia y España), los mercados ya esperaban que el BCE subiera los tipos de interés .
El 11 de junio de 2026, el Consejo de Gobierno del BCE subió los tres tipos de interés oficiales en 25 puntos básicos . Esta fue su primera subida de tipos en tres años, marcando una clara reversión del ciclo de flexibilización que había definido su enfoque durante gran parte de 2025 .
En su declaración de política monetaria, el BCE citó explícitamente la guerra en Oriente Medio como catalizador, afirmando que el conflicto "estaba generando presiones inflacionistas" y que la decisión de subir los tipos era "sólida en un abanico de escenarios" .
La presidenta del BCE, Christine Lagarde, defendió la subida argumentando que la inflación de los precios de la energía, que había alcanzado el 10,9%, "se estaba extendiendo por toda la economía" y que esta perspectiva inflacionista más amplia era el factor clave de la decisión .
Los responsables políticos dejaron entrever que podrían producirse nuevas subidas. El miembro del Consejo de Gobierno del BCE, Pierre Wunsch, mantuvo sobre la mesa la posibilidad de una nueva subida en julio de 2026, incluso mientras un acuerdo entre Estados Unidos e Irán comenzaba a aliviar los precios de la energía, declarando que otra subida podría llegar si los signos de inflación se extendían más allá de la energía .
La CES de mayo de 2025 reveló un fuerte descenso en las expectativas de inflación de los consumidores que, en ese momento, se alineaba con la narrativa de una desinflación exitosa. Sin embargo, el posterior shock en los precios de la energía derivado del conflicto en Oriente Medio anuló por completo esas expectativas. Este episodio es un crudo recordatorio de lo vulnerables que son las dinámicas de inflación —y las respuestas políticas que dictan— a eventos geopolíticos impredecibles.