Aquí está el análisis completo de lo que ocurrió, por qué y qué esperar a continuación.
La apuesta contra el dólar es una estrategia de inversión que consiste en mover capital de las monedas fiduciarias y los bonos gubernamentales hacia activos duros —principalmente oro y plata, y más recientemente Bitcoin— para preservar el poder adquisitivo mientras los gobiernos acumulan grandes déficits y los bancos centrales imprimen dinero . Se basa en la creencia de que el despilfarro fiscal erosionará el valor del dólar, convirtiendo a los metales preciosos y a los activos digitales escasos en los principales beneficiarios
. Charles Schwab lo define como una apuesta a que "las deudas públicas excesivas, la impresión de dinero sin control y la pérdida de confianza en las monedas fiduciarias" llevarán a los inversores hacia los activos reales
.
Esta estrategia impulsó una enorme subida durante 2025 y principios de 2026. El oro alcanzó un máximo histórico por encima de los 5.594 dólares por onza, la plata tocó brevemente los 120 dólares y el Bitcoin cotizó por encima de los 100.000 dólares . Pero esa subida se revirtió de forma violenta cuando la tesis macroeconómica que la sostenía comenzó a resquebrajarse.
El origen del desplome se remonta a una fecha: el 30 de enero de 2026. Ese día, el presidente Trump seleccionó a Kevin Warsh para dirigir la Reserva Federal . Warsh es considerado un presidente hawkish (partidario de una política monetaria restrictiva) que priorizaría la credibilidad, la disciplina fiscal y un dólar fuerte, lo que socava directamente la tesis de "impresión de dinero" en el núcleo de la estrategia contra el dólar
.
La reacción inicial fue inmediata y severa. El oro cayó un 12% y la plata se desplomó un 32% en una sola sesión, borrando 11 meses de ganancias . Pero eso fue solo el comienzo. La venta se reanudó a finales de junio a través de varios canales que se reforzaron entre sí:
Valor de mercado eliminado: Más de 1,7 billones de dólares se esfumaron en los mercados del oro, la plata y las criptomonedas en una sola ventana de 24 horas a mediados de junio ; otros 1,5 billones se destruyeron en el desplome de 30 horas del 24 de junio
.
Oro: Los 4.000 $ son el suelo psicológico inmediato —fue superado a la baja el 24 de junio . Analistas de CNBC señalan que la conclusión de los conflictos en Oriente Próximo y la postura hawkish de los bancos centrales dejan pocas perspectivas de una recuperación sustancial a corto plazo para el oro y la plata
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Plata: Tras caer por debajo de los 60 $, la plata cotiza en niveles no vistos desde antes de su subida de 2025 y principios de 2026. CNBC informó que la plata se situaba por debajo de los 60 $ con débiles perspectivas de recuperación a corto plazo .
Bitcoin: La zona de soporte crítica está entre 54.000 y 56.000 $ . Nivel Fibonacci clave: 73.869 $ (retroceso del 0,236) —un cierre confirmado de tres días por encima de este nivel reabriría el camino hacia los 76.500 $ o más
. Si se pierden los 59.000 $, el suelo de 54.000–56.000 $ se convierte en la siguiente línea de defensa
. El Índice de Miedo y Avaricia (Crypto Fear & Greed Index) cayó a 12 ("Miedo Extremo")
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Las opiniones de los analistas van desde quienes creen que el suelo está cerca hasta advertencias de más caídas:
La característica definitoria de este cambio es que el capital está saliendo de los activos duros de forma generalizada, no rotando entre ellos. Dinámicas clave:
El desplome simultáneo del oro, la plata y el Bitcoin no es una coincidencia: es el desmoronamiento estructural de la estrategia de la apuesta contra el dólar, amplificado por liquidaciones forzadas y un cambio de régimen hawkish en la Fed. La clave a vigilar es si el Bitcoin mantiene la zona de soporte de 54.000–56.000 $ y si el oro puede recuperar los 4.000 $, ya que ambos activos cotizan ahora en función de las perspectivas del dólar y no de sus propias narrativas de escasez.
Como deja claro JPMorgan, los inversores no están eligiendo entre el oro y el Bitcoin: están optando por salir de ambos en favor de la renta denominada en dólares . Hasta que ese cálculo macroeconómico cambie, es probable que la presión sobre los activos duros persista.