Los informes de prensa que cubrieron el discurso señalaron que los comentarios de Kimmitt fueron una "crítica velada" a Pekín, haciendo eco de décadas de testimonios del gobierno estadounidense que describen las prácticas comerciales de China como fundamentalmente distorsionadoras para los mercados globales.
Kimmitt fue igualmente directo sobre los fracasos de Washington, argumentando que el problema no era solo el comportamiento extranjero, sino la respuesta de los funcionarios estadounidenses ante ello:
Esta autocrítica marcó una diferencia notable con la crítica unilateral habitual hacia China. Como lo expresó un análisis, Kimmitt "culpó a los líderes estadounidenses por permitir el declive industrial" por haber "estado dormidos al volante durante demasiado tiempo".
Kimmitt pronunció estas críticas como parte de un argumento más amplio a favor de un nuevo enfoque de la política económica estadounidense que denominó "Comercio antes que Ayuda" (Trade Over Aid). Enfatizó que las naciones no se vuelven prósperas mediante la dependencia permanente de la ayuda, sino a través de la producción, el comercio, la construcción, la inversión, la innovación y la competencia. Sin embargo, se cuidó de rechazar la noción de que simplemente expandir el acceso al mercado resolvería el problema, argumentando que la vieja fe en el libre comercio por sí solo había demostrado ser "insuficiente y mal aconsejada" frente a socios comerciales que distorsionan sistemáticamente los mercados.
El discurso de Kimmitt refleja una frustración bipartidista persistente dentro de Washington. Las audiencias en el Congreso durante las últimas dos décadas han destacado repetidamente las mismas preocupaciones: el enfoque estatal del gobierno chino, el fracaso de los mecanismos de la OMC para frenar las prácticas desleales y la erosión de la capacidad manufacturera estadounidense. Lo que hizo notables los comentarios de Kimmitt fue el reconocimiento explícito de que los fracasos de la política estadounidense, no solo el comportamiento chino, son parte del problema.
El discurso posiciona la política comercial de la administración Biden (o posterior a Biden) como un término medio: confrontar directamente las distorsiones comerciales, pero también asumir la responsabilidad de reconstruir la propia base industrial de Estados Unidos. La pregunta que queda es si esta crítica dual se traducirá en cambios de política concretos o seguirá siendo un reconocimiento retórico de problemas que se han diagnosticado durante décadas.
Comments
0 comments