Lo siguiente debe tratarse como un diseño de política local, no como una conversión basada en evidencia directamente probada .
Si se cambia a Norton, el protocolo de prevención de lesiones por presión debería redactarse así:
Usar Norton como herramienta de cribado de riesgo.
No convertir directamente las puntuaciones de Braden a Norton.
Vincular los niveles de riesgo de Norton a un paquete de prevención, no solo a la frecuencia de giro.
Mantener la recolocación individualizada.
Auditar los resultados después del cambio.
Si se cambia a Norton, utilice una redacción de política como esta:
"Los pacientes serán evaluados para determinar el riesgo de lesiones por presión utilizando la Escala Norton. El nivel de riesgo de Norton activará un paquete de prevención de lesiones por presión individualizado, que incluye la recolocación programada cuando el paciente tenga movilidad reducida o no pueda recolocarse de forma independiente. La frecuencia de la recolocación se basará en el nivel de riesgo, la tolerancia de la piel/tejidos, la superficie de apoyo, la estabilidad hemodinámica, la comodidad, las lesiones por presión existentes y el juicio clínico. Las puntuaciones de Norton no se utilizarán como una conversión numérica directa de las puntuaciones de Braden."
Para una tabla de protocolo, evite escribir "puntuación Norton = frecuencia de giro exacta" a menos que su hospital lo etiquete claramente como un estándar operativo local y no como una regla universal basada en la evidencia .
Cambiar de Braden a Norton es defendible si su hospital desea una herramienta estructurada de riesgo de lesiones por presión, porque tanto Braden como Norton tienen evidencia que respalda su valor predictivo . Sin embargo, Norton no debe utilizarse como un reemplazo directo de los umbrales de Braden, como "Braden <16", y no debe utilizarse solo para imponer un intervalo de recolocación fijo
. El enfoque más basado en la evidencia es utilizar Norton para identificar el riesgo, y luego aplicar un paquete de prevención individualizado con una frecuencia de recolocación determinada por el riesgo clínico, la movilidad, los hallazgos cutáneos, la superficie de apoyo y la tolerancia del paciente
.
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