Es importante subrayar que la Casa Blanca ha insistido en que el memorando propuesto es solo un acuerdo marco y no un pacto de paz definitivo. Funcionarios estadounidenses han señalado que las conversaciones sobre el programa nuclear de Irán comenzarán después de la firma formal, y que el alivio de las sanciones estará supeditado a inspecciones verificadas .
Un componente llamativo del marco es la creación de un fondo de inversión privado de 300.000 millones de dólares destinado a canalizar capital para la reconstrucción y el desarrollo de la economía iraní. El fondo está estructurado como un vehículo puramente privado, financiado en su totalidad por inversores, no por gobiernos, subvenciones ni reparaciones de guerra .
Según una fuente con conocimiento directo del acuerdo que habló con Reuters, más de la mitad del total —más de 150.000 millones de dólares— ya ha sido comprometida por inversores privados de cinco regiones distintas del mundo. El fondo está diseñado para servir como un incentivo económico mutuo, otorgando tanto a Washington como a Teherán un poderoso interés financiero en concluir y mantener un acuerdo final. Se espera que la inversión se dirija a sectores como la energía, la logística, la manufactura y el transporte, con compromisos procedentes de empresas de Estados Unidos, las naciones árabes del Golfo, Asia, Sudamérica y África .
De forma paralela, el pacto permite a Irán reanudar de inmediato sus ventas de petróleo y, con el tiempo, acceder a sus activos congelados en el extranjero. La revisión del borrador casi definitivo que hizo Bloomberg indicó que el impulso económico que recibirá Irán es el más completo hasta la fecha por poner fin a su control sobre el estrecho de Ormuz y reiterar su compromiso de no buscar armas nucleares .
El obstáculo más formidable para convertir el acuerdo interino en una paz duradera no es bilateral, sino multilateral. La disputa gira en torno al mecanismo de "snapback" (reactivación automática) integrado en la Resolución 2231 del Consejo de Seguridad de la ONU, que avaló el acuerdo nuclear JCPOA de 2015.
En agosto de 2025, el E3 (Francia, Alemania y el Reino Unido) activó formalmente el mecanismo de snapback, alegando un incumplimiento significativo por parte de Irán de sus compromisos del JCPOA. Esta acción reimpuso todas las sanciones de la ONU previas al JCPOA. Sin embargo, Rusia y China impugnaron de inmediato la legalidad de la medida, argumentando que el E3 carecía de legitimación para activar el mecanismo después de que Estados Unidos se hubiera retirado del JCPOA en 2018. Presentaron una carta al Secretario General de la ONU declarando que la invocación era jurídicamente defectuosa y nula .
Esto creó un profundo cisma legal. El 19 de septiembre de 2025, el Consejo de Seguridad no logró adoptar una resolución que habría mantenido el alivio de las sanciones de la ONU. Una resolución posterior de Rusia y China para aplazar las sanciones también fracasó, obteniendo solo cuatro votos. Como resultado, el E3 y Estados Unidos sostienen que las sanciones de la ONU están plenamente en vigor, mientras que Rusia, China e Irán insisten en que no es así .
A fecha del 9 de junio de 2026, este punto muerto seguía intacto. Durante una reunión del Consejo de Seguridad, los miembros permanentes se mantuvieron divididos sobre si las sanciones de la ONU al programa nuclear iraní siguen siendo legalmente operativas. Liberia, un miembro no permanente, advirtió de que la disputa ha creado una "brecha en la supervisión" y pidió un mecanismo de notificación provisional .
Por qué este bloqueo amenaza el acuerdo: Estados Unidos puede levantar sus propias sanciones nacionales mediante una acción ejecutiva, pero las sanciones de la ONU representan una capa jurídica internacional independiente. Teherán ha dejado claro que un alivio económico significativo requiere una resolución de la cuestión de las sanciones de la ONU. Sin ella, los bancos y las empresas extranjeras pueden seguir siendo reacios a tratar con Irán por temor a violar las restricciones impuestas por la ONU. Resolver el impasse exige un grado de unanimidad que el profundamente dividido Consejo de Seguridad ha demostrado hasta ahora ser incapaz de lograr, ya que tanto Rusia como China han señalado una fuerte oposición a anular el snapback .
El plazo de 60 días que se abre el 19 de junio es probablemente el periodo diplomático más crítico entre los dos adversarios en años. Los negociadores deben trabajar simultáneamente en los detalles técnicos de un acuerdo nuclear permanente, una arquitectura duradera para el alivio de las sanciones y un marco de seguridad regional. Pero la viabilidad de todo el paquete económico —en particular el fondo de 300.000 millones de dólares y la liberación de los activos congelados— depende de que la comunidad internacional pueda resolver una disputa legal sobre las sanciones que ya ha paralizado el Consejo de Seguridad durante casi un año. El MoU provisional ha detenido los disparos y ha abierto la vía marítima, pero el camino hacia un acuerdo final pasa directamente por la sede de la ONU en Nueva York.
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