El BCE ya había actuado ante esa preocupación. El 11 de junio, el Consejo de Gobierno subió los tres tipos de interés clave en 25 puntos básicos —su primera alza de tipos desde septiembre de 2023— y vinculó explícitamente la decisión al shock energético causado por el conflicto de Oriente Medio . Los nuevos tipos entraron en vigor el 17 de junio: la facilidad de depósito subió al 2,25 %, el tipo de interés de las operaciones principales de financiación al 2,40 % y la facilidad marginal de crédito al 2,65 % .
El BCE también publicó sus proyecciones actualizadas del Eurosistema, que mostraron una revisión significativa al alza de las perspectivas de inflación. Ahora se espera que la inflación general, que se mide mediante el Índice Armonizado de Precios de Consumo (IAPC), promedie el 3,0 % en 2026, frente a la previsión anterior del 2,6 %, y el 2,3 % en 2027, frente al 2,0 % previo. La inflación subyacente, que excluye los precios volátiles de la energía y los alimentos, también se revisó sustancialmente al alza, situándose en el 2,5 % tanto para 2026 como para 2027, en comparación con las estimaciones anteriores del 2,3 % y el 2,2 %, respectivamente .
Este es el núcleo del argumento de Lane sobre el "efecto de transmisión gradual". El impacto inmediato del cierre del estrecho de Ormuz provocó una caída rápida y masiva de la oferta mundial de petróleo, pero el impacto inflacionario total tarda en materializarse. Los mayores costes energéticos se trasladan primero a la producción de alimentos, el transporte y los bienes manufacturados, y, con el tiempo, al sector servicios. Como dijo Lane en un discurso anterior en Tokio, "incluso si el shock energético inicial empieza a disminuir, los efectos secundarios persistirán durante algún tiempo" .
La Encuesta de Previsores Profesionales del BCE para el segundo trimestre de 2026 respalda esta opinión. Las expectativas de inflación general (IAPC) se "revisaron marcadamente al alza" para 2026 y, en menor medida, para 2027, mientras que las expectativas a más largo plazo se mantuvieron ancladas . Esto sugiere que los analistas ven el repunte energético como lo suficientemente persistente como para elevar la inflación a corto plazo, pero no tan arraigado como para desanclar permanentemente las expectativas. Las expectativas de inflación subyacente también se revisaron al alza en el corto plazo, lo que refuerza la idea de que el contagio a la economía en general está en marcha .
¿Y ahora qué cabe esperar de la política del BCE? Tanto Lane como la presidenta del BCE, Christine Lagarde, han subrayado que el Consejo de Gobierno no seguirá una senda preestablecida, sino que decidirá reunión a reunión en función de los datos que vayan llegando . Sin embargo, el comunicado de la decisión de junio señalaba que se espera que la inflación subyacente se mantenga por encima del 2 % durante todo el horizonte de previsión 2026-2028, un resultado que el BCE considera incompatible con una única subida de un cuarto de punto .
Las encuestas a economistas muestran un fuerte consenso a favor de un mayor endurecimiento monetario. Un sondeo de Reuters entre 80 economistas reveló que más del 90 % predecía la subida de junio, y se considera que una nueva subida en septiembre es el escenario base más probable . Los analistas de Barclays y J.P. Morgan ya habían pronosticado hasta tres subidas de tipos de 25 puntos básicos cada una en 2026 . Los economistas de Desjardins, observando la notable revisión al alza de las previsiones de inflación subyacente, también esperan al menos una subida más este año .
Mientras el BCE lidera la ofensiva, otros bancos centrales están navegando por el mismo panorama inflacionario impulsado por la energía. El Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra se reúne el 18 de junio y es casi seguro que mantendrá su tipo de interés de referencia en el 3,75 %, donde se encuentra desde diciembre de 2025 . En su reunión de abril, el comité votó por 8 a 1 a favor de mantener los tipos, con un miembro que ya se mostró partidario de subirlos al 4 % . Aunque la inflación interanual del IPC del Reino Unido cayó al 2,8 % en abril, el Banco espera que vuelva a subir por encima del 3,5 % más adelante este año, impulsada en gran medida por el aumento de los precios de la energía . Actualmente, los mercados financieros descuentan un endurecimiento adicional de unos 50 puntos básicos en los próximos 12 meses, en lugar de los recortes de tipos que se esperaban antes del inicio del conflicto en Oriente Medio .
La conclusión clave de la intervención de Lane en Reuters es que la brecha entre una resolución geopolítica y la normalización económica es amplia. Los analistas advierten de que podrían pasar semanas o incluso meses hasta que el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz se reanude por completo, y el petróleo que ya estaba en tránsito antes de la guerra tardará aún más en llegar a los mercados de destino . Ese desfase temporal significa que los datos de inflación de los próximos meses seguirán reflejando el shock energético que ya se ha producido, incluso si los precios del crudo siguen bajando en los titulares.
Para los hogares y las empresas de toda Europa, esto se traduce en un período más largo de precios elevados. Para el BCE, que tiene su sede en Fráncfort, significa que la lucha contra la inflación está lejos de haber terminado, y que nuevas subidas de los tipos de interés siguen estando firmemente sobre la mesa.
El BCE ya había actuado ante esa preocupación. El 11 de junio, el Consejo de Gobierno subió los tres tipos de interés clave en 25 puntos básicos —su primera alza de tipos desde septiembre de 2023— y vinculó explícitamente la decisión al shock energético causado por el conflicto de Oriente Medio . Los nuevos tipos entraron en vigor el 17 de junio: la facilidad de depósito subió al 2,25 %, el tipo de interés de las operaciones principales de financiación al 2,40 % y la facilidad marginal de crédito al 2,65 % .
El BCE también publicó sus proyecciones actualizadas del Eurosistema, que mostraron una revisión significativa al alza de las perspectivas de inflación. Ahora se espera que la inflación general, que se mide mediante el Índice Armonizado de Precios de Consumo (IAPC), promedie el 3,0 % en 2026, frente a la previsión anterior del 2,6 %, y el 2,3 % en 2027, frente al 2,0 % previo. La inflación subyacente, que excluye los precios volátiles de la energía y los alimentos, también se revisó sustancialmente al alza, situándose en el 2,5 % tanto para 2026 como para 2027, en comparación con las estimaciones anteriores del 2,3 % y el 2,2 %, respectivamente .
Este es el núcleo del argumento de Lane sobre el "efecto de transmisión gradual". El impacto inmediato del cierre del estrecho de Ormuz provocó una caída rápida y masiva de la oferta mundial de petróleo, pero el impacto inflacionario total tarda en materializarse. Los mayores costes energéticos se trasladan primero a la producción de alimentos, el transporte y los bienes manufacturados, y, con el tiempo, al sector servicios. Como dijo Lane en un discurso anterior en Tokio, "incluso si el shock energético inicial empieza a disminuir, los efectos secundarios persistirán durante algún tiempo" .
La Encuesta de Previsores Profesionales del BCE para el segundo trimestre de 2026 respalda esta opinión. Las expectativas de inflación general (IAPC) se "revisaron marcadamente al alza" para 2026 y, en menor medida, para 2027, mientras que las expectativas a más largo plazo se mantuvieron ancladas . Esto sugiere que los analistas ven el repunte energético como lo suficientemente persistente como para elevar la inflación a corto plazo, pero no tan arraigado como para desanclar permanentemente las expectativas. Las expectativas de inflación subyacente también se revisaron al alza en el corto plazo, lo que refuerza la idea de que el contagio a la economía en general está en marcha .
¿Y ahora qué cabe esperar de la política del BCE? Tanto Lane como la presidenta del BCE, Christine Lagarde, han subrayado que el Consejo de Gobierno no seguirá una senda preestablecida, sino que decidirá reunión a reunión en función de los datos que vayan llegando . Sin embargo, el comunicado de la decisión de junio señalaba que se espera que la inflación subyacente se mantenga por encima del 2 % durante todo el horizonte de previsión 2026-2028, un resultado que el BCE considera incompatible con una única subida de un cuarto de punto .
Las encuestas a economistas muestran un fuerte consenso a favor de un mayor endurecimiento monetario. Un sondeo de Reuters entre 80 economistas reveló que más del 90 % predecía la subida de junio, y se considera que una nueva subida en septiembre es el escenario base más probable . Los analistas de Barclays y J.P. Morgan ya habían pronosticado hasta tres subidas de tipos de 25 puntos básicos cada una en 2026 . Los economistas de Desjardins, observando la notable revisión al alza de las previsiones de inflación subyacente, también esperan al menos una subida más este año .
Mientras el BCE lidera la ofensiva, otros bancos centrales están navegando por el mismo panorama inflacionario impulsado por la energía. El Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra se reúne el 18 de junio y es casi seguro que mantendrá su tipo de interés de referencia en el 3,75 %, donde se encuentra desde diciembre de 2025 . En su reunión de abril, el comité votó por 8 a 1 a favor de mantener los tipos, con un miembro que ya se mostró partidario de subirlos al 4 % . Aunque la inflación interanual del IPC del Reino Unido cayó al 2,8 % en abril, el Banco espera que vuelva a subir por encima del 3,5 % más adelante este año, impulsada en gran medida por el aumento de los precios de la energía . Actualmente, los mercados financieros descuentan un endurecimiento adicional de unos 50 puntos básicos en los próximos 12 meses, en lugar de los recortes de tipos que se esperaban antes del inicio del conflicto en Oriente Medio .
La conclusión clave de la intervención de Lane en Reuters es que la brecha entre una resolución geopolítica y la normalización económica es amplia. Los analistas advierten de que podrían pasar semanas o incluso meses hasta que el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz se reanude por completo, y el petróleo que ya estaba en tránsito antes de la guerra tardará aún más en llegar a los mercados de destino . Ese desfase temporal significa que los datos de inflación de los próximos meses seguirán reflejando el shock energético que ya se ha producido, incluso si los precios del crudo siguen bajando en los titulares.
Para los hogares y las empresas de toda Europa, esto se traduce en un período más largo de precios elevados. Para el BCE, que tiene su sede en Fráncfort, significa que la lucha contra la inflación está lejos de haber terminado, y que nuevas subidas de los tipos de interés siguen estando firmemente sobre la mesa.