Paralelamente, el BoJ anunció sus planes de continuar reduciendo sus compras de Bonos del Estado Japonés (JGB) en ¥200 mil millones por trimestre natural, con la intención de detener este proceso y mantener compras estables de ¥2 billones al mes a partir de abril de 2027 .
A pesar de una subida de tipos histórica, la reacción del yen fue apenas un suspiro. La divisa cotizó en torno a los 160,22 yenes por dólar inmediatamente después del anuncio, sin esbozar un repunte significativo . La razón principal es que el mercado ya había descontado el movimiento por completo con antelación; una encuesta de Bloomberg mostró que 49 de 51 economistas esperaban la subida de junio
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Pero el factor de fondo es más profundo: las decisiones del BoJ se ven eclipsadas por la atracción gravitatoria de la política monetaria estadounidense. La narrativa de subidas de tipos de la Reserva Federal (Fed) ha resurgido con fuerza. Tras un sólido informe de empleo en EE. UU. en mayo, las probabilidades de una subida de tipos por parte de la Fed se dispararon al 72%, invirtiendo la dirección esperada de la política estadounidense de flexibilización a endurecimiento .
Con el tipo de los fondos federales ya en el rango del 3,50%-3,75% y con potencial de subir aún más, la brecha de tipos de interés entre Japón y Estados Unidos sigue siendo gigantesca: aproximadamente 275-300 puntos básicos. Esta diferencia sigue alimentando la fortaleza del dólar y poniendo techo a cualquier ganancia del yen . El Ministerio de Finanzas japonés gastó en mayo ¥11,7 billones ($73.500 millones) en intervenciones de compra de yenes, pero el efecto fue fugaz, lo que subraya los límites de la acción directa en el mercado de divisas sin un cambio sostenido en el diferencial de tipos subyacente
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No se espera que la subida de junio sea la última. Una encuesta de Reuters reveló que los economistas anticipan un nuevo aumento de tipos en el cuarto trimestre de 2026, lo que situaría la tasa de referencia en el 1,25% al cierre del año . A principios de año, Oxford Economics había proyectado una tasa terminal del 1% para mediados de 2026, pero ya había señalado planes de añadir una o dos subidas más a su previsión debido a la persistente debilidad del yen
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Las fuerzas impulsoras son claras: una previsión de inflación subyacente del 2,8% para el año fiscal 2026, frente a la estimación anterior del 1,9%, y un índice de precios de producción (IPP) que subió un 6,3% interanual en mayo, el ritmo más rápido en más de tres años . Ambos indicadores están avivados en gran medida por los elevados costes energéticos vinculados a la guerra en Irán.
La normalización gradual del BoJ está enviando ondas expansivas mucho más allá de las fronteras de Japón, siendo el 'carry trade' en yenes el canal más crítico. Durante décadas, inversores de todo el mundo se endeudaban barato en yenes para invertir en activos de mayor rendimiento en el extranjero. Ahora, al subir los tipos japoneses y volverse los bonos nipones (JGB) más atractivos, este cálculo está cambiando.
Los inversores institucionales japoneses, que gestionan unos activos extranjeros estimados en $5 billones, tienen un incentivo cada vez mayor para repatriar capital, ejerciendo una presión mecánica al alza sobre los rendimientos de los bonos de EE. UU., Europa y mercados emergentes . Los analistas advierten que un ritmo de subidas del BoJ más rápido de lo esperado podría desencadenar un desmantelamiento desordenado de estos carry trades, tal como ocurrió en el episodio de agosto de 2024 cuando el índice Nikkei 225 se desplomó un 12% en un solo día
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Por ahora, el foco inmediato sigue estando en los mercados energéticos. La decisión del BoJ estuvo fuertemente influenciada por las crisis de los precios del petróleo derivadas de la guerra en Irán. El creciente optimismo en torno a una posible reapertura del Estrecho de Ormuz, vinculado a las conversaciones de alto el fuego en Irán, dio al banco central la confianza para proceder con la subida. Sin embargo, el resultado de esas negociaciones sigue siendo la mayor variable en las perspectivas de inflación de Japón . La administración de la primera ministra Takaichi ya ha promulgado un presupuesto suplementario de ¥3 billones para proteger a los hogares del aumento de los costes energéticos, lo que pone de manifiesto la presión política interna
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El índice Nikkei 225 subió un 0,46% tras la decisión, una señal de que la subida de tipos fue totalmente digerida y de que los mercados están más centrados en la confianza del BoJ en la demanda interna que en el propio endurecimiento incremental .
Aunque el umbral del 1% es simbólicamente potente —un nivel no visto en 31 años—, la mayoría de los analistas consideran la medida como un paso medido dentro de un ciclo de normalización prudente y plurianual, más que como un punto de inflexión para los mercados . La era del dinero gratis en Japón está llegando a su fin, pero lo está haciendo lentamente. Las variables clave que dictarán el ritmo a partir de ahora son la trayectoria de la Reserva Federal de EE. UU., la evolución del precio del crudo en plenas negociaciones de alto el fuego en Oriente Medio y la magnitud de los flujos de capital de vuelta a Japón a medida que el carry trade se deshace lenta pero inexorablemente.
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