El desplome del precio del petróleo no ocurre en el vacío. Golpea sobre una base fiscal ya en ruinas. En el primer trimestre de 2026, Arabia Saudita registró un déficit de 125.700 millones de riyales saudíes (unos $33.500 millones), el mayor desfase trimestral desde 2018 .
Esta cifra colosal consumió el 76% de todo el déficit presupuestado para el año completo (165.000 millones de riyales, equivalentes a $44.000 millones) en tan solo noventa días . Fue el resultado de un gasto público disparado un 20% hasta la cifra récord de 387.000 millones de riyales, combinado con una caída de los ingresos petroleros
. Todo este agujero se financió exclusivamente mediante la emisión de deuda, sin tocar las reservas del gobierno, que aun así ascienden a 400.900 millones de riyales
. Con los precios del petróleo ahora a la baja, es casi seguro que el déficit final del año pulverizará la previsión oficial.
Para cubrir el creciente agujero fiscal, Riad está pidiendo prestado a un ritmo cada vez más acelerado. A finales de 2025, la deuda del gobierno central se situaba en 1.519 billones de riyales (33% del PIB) . Al cierre del primer trimestre de 2026, ya se había disparado hasta aproximadamente 1.67 billones de riyales, un incremento cercano al 10% en solo tres meses
.
El plan de endeudamiento anual, aprobado en enero, calculaba unas necesidades de financiación de 217.000 millones de riyales ($57.800 millones) para cubrir el déficit y los vencimientos de deuda . La emisión de deuda en dólares del reino se disparó un 49% en 2025, alcanzando cerca de $100.000 millones
. Tanto el gobierno como el Fondo de Inversión Pública (PIF) han recurrido intensamente a los mercados de deuda, en una etapa que el informe de riesgo país de la aseguradora Allianz describe como "un periodo de elevada vulnerabilidad externa"
.
La dependencia del gobierno de los dividendos de su petrolera nacional, Saudi Aramco, está chocando de frente con la merma de la capacidad de esta para pagarlos. Aramco anunció un dividendo base para el primer trimestre de $21.900 millones, un 3.5% más que el año anterior .
Sin embargo, la compañía solo generó $18.600 millones en flujo de caja libre durante ese periodo. El resultado es un déficit de caja trimestral de $3.300 millones, la primera vez desde la pandemia que el pago al accionista supera el efectivo generado por las operaciones . El pasado 9 de junio, Aramco desembolsó ese dividendo, lo que hizo caer sus reservas de efectivo desde $75.200 millones hasta unos $53.300 millones, el colchón de caja más bajo en años
.
Con los nuevos precios del petróleo, aún más bajos, la capacidad de Aramco para reconstruir ese colchón antes del próximo pago de dividendos es prácticamente nula. El gobierno, dueño de la inmensa mayoría de las acciones, se enfrenta a un menú de opciones muy poco apetecible: permitir que Aramco se endeude más para mantener el pago, reducir el dividendo y abrir un nuevo boquete en el presupuesto del Estado, o presionar a la compañía para que recorte sus propias inversiones.
El Fondo de Inversión Pública, el motor de los megaproyectos farónicos de Visión 2030 como NEOM, se encuentra con el balance muy limitado en el peor momento. Sus ingresos por dividendos de Aramco ya se habían desplomado: en 2025 recibió $85.500 millones, frente a los $124.000 millones de 2024, un batacazo de $38.500 millones provocado por el colapso del dividendo variable ligado al rendimiento .
Para mantener el ritmo de gasto en sus proyectos estrella, el propio PIF ha seguido los pasos del gobierno y ha aumentado su endeudamiento en los mercados internacionales. Con los ingresos del petróleo en declive y los costes de financiación global al alza, la capacidad del fondo para sostener el gasto doméstico y desplegar capital en el exterior se ha visto materialmente reducida .
El inesperado escenario de paz coloca a Arabia Saudita ante una amarga ironía. La noticia elimina una amenaza militar real y desatasca una arteria vital del comercio energético mundial, pero al mismo tiempo arrebata los altos precios del petróleo que el modelo fiscal de Visión 2030 exige para sobrevivir.
El reino ha entrado en la segunda mitad de 2026 sin red de seguridad. Con el déficit del año ya prácticamente agotado en el primer trimestre, la deuda creciendo a tasas de doble dígito, Aramco pagando más de lo que ingresa y el fondo soberano pidiendo prestado en lugar de invertir, los responsables políticos en Riad deberán elegir entre opciones espinosas: una desaceleración drástica de los proyectos Visión 2030, un recorte políticamente muy sensible del dividendo de Aramco, un nuevo aumento de la emisión de deuda soberana, o una combinación de todas ellas. Y el mercado del petróleo no ofrece, por ahora, ningún alivio.
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