En primer lugar, anunciaron el alivio condicionado de sanciones. Las potencias declararon estar "dispuestas a levantar las sanciones pertinentes" contra Irán, pero ataron firmemente esta medida a "pasos claros y verificables" por parte de Teherán en relación con su programa nuclear . Esta postura refleja un delicado equilibrio entre recompensar el incipiente acuerdo y mantener la presión para garantizar que Irán cumpla con la parte más dura del pacto.
En segundo lugar, y quizás de forma más contundente, exigieron una navegación incondicional en el Estrecho de Ormuz. Las potencias subrayaron que la "reapertura urgente" del estrecho con "libertad de navegación incondicional e irrestricta" es un punto innegociable . Esta demanda introduce un posible punto de fricción, ya que señala que insistirán en el acceso abierto a esta vía marítima —por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial— independientemente de cómo se implementen los términos del MOU .
Este compromiso actual se construye sobre posiciones anteriores. Ya en marzo de 2026, el Reino Unido, Francia, Alemania e Italia, junto con los Países Bajos y Japón, habían condenado enérgicamente los ataques iraníes contra buques comerciales e infraestructuras civiles en la zona, exigiendo el cese inmediato de amenazas, minado y obstrucción del tráfico marítimo .
Si bien el texto final del MOU no se ha publicado oficialmente, altos funcionarios estadounidenses y la agencia de noticias iraní Mehr News han detallado sus provisiones centrales. El acuerdo es un marco inicial y se estructura en dos etapas :
El sultanato de Omán fue el arquitecto principal de la mediación que culminó en este histórico entendimiento. A lo largo de las negociaciones entre 2025 y 2026, los funcionarios omaníes actuaron como el canal de comunicación indispensable, transportando mensajes entre las delegaciones de Estados Unidos e Irán durante múltiples rondas de conversaciones indirectas . Estas reuniones tuvieron lugar en diferentes escenarios, incluyendo sesiones en Ginebra y Roma .
La idoneidad de Omán para este rol no fue casualidad. El país mantiene lazos diplomáticos históricamente sólidos tanto con Washington como con Teherán, una posición única en una región a menudo dividida . A diferencia de otros actores que recurren a la presión financiera o política, Omán ha cultivado un perfil de interlocutor neutral y confiable .
El ministro de Asuntos Exteriores omaní, Badr Albusaidi, se convirtió en el rostro visible de esta mediación. Ya a finales de febrero de 2026, Albusaidi había descrito públicamente un "gran avance" en las negociaciones, expresando su confianza en que "un acuerdo de paz está a nuestro alcance" . Su labor fue clave para compensar las complejidades de las conversaciones, reuniéndose por separado con figuras como el enviado especial estadounidense Steve Witkoff y el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, para acercar posturas .