Sin embargo, en algunos rincones del mercado el rally careció de convicción. Bloomberg informó de que, a pesar del desplome del crudo, las rentabilidades de los bonos del Tesoro estadounidense solo bajaron modestamente, a la espera de que los inversores conocieran el texto completo del acuerdo y con la mirada puesta en los próximos eventos de riesgo, como la reunión de la Reserva Federal . La preocupación por la inflación mantuvo a muchos participantes del mercado en modo cauteloso. Estrategas de firmas como KCM Trade, Pepperstone Group y Stifel Nicolaus advirtieron de que era más probable que el acuerdo crease una oportunidad de trading a corto plazo que el inicio de un rally más duradero
. Willem Sels, de HSBC, señaló que el acuerdo de paz no desharía rápidamente el daño económico tangible ya causado y que el impulso inflacionista derivado de meses de elevados costes energéticos y de transporte persistiría
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Uno de los giros más llamativos provocados por el preacuerdo tiene como protagonistas a los bonos del gobierno chino (CGB, por sus siglas en inglés). Durante el conflicto, estos activos emergieron como un refugio seguro inesperado. Una cesta de deuda de alta calidad denominada en yuanes —que abarca bonos gubernamentales y corporativos— fue la de mejor comportamiento entre todos los principales índices agregados de renta fija de Bloomberg en lo que iba de año, con una rentabilidad de alrededor del 1,1% . Los grandes gestores de activos globales se lanzaron a comprar deuda china no por su rendimiento, sino por su correlación casi nula con los mercados occidentales, en medio de una liquidación de deuda soberana global que había disparado las rentabilidades de referencia de EE. UU., Reino Unido, Europa y Japón entre 35 y 60 puntos básicos desde marzo
. En contraste, los rendimientos de los bonos chinos equivalentes habían caído 8 puntos básicos
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El preacuerdo de paz ha comenzado a revertir esa operación. Al disiparse el riesgo geopolítico, la razón de ser de una asignación dedicada a cobertura de guerra se debilita. Los inversores están rotando de nuevo hacia activos de riesgo y deuda pública occidental, lo que señala el inicio del desmontaje del posicionamiento en "bonos chinos como refugio" que se había acumulado durante el conflicto . Este cambio es notable porque revierte un raro momento en el que la deuda china se desacopló de las tendencias globales de tipos y funcionó como un auténtico diversificador de carteras para las instituciones internacionales.
El preacuerdo desencadenó un rápido desarme de las coberturas de la era del conflicto en múltiples clases de activos. Según Bloomberg, los fondos de cobertura están reabriendo sus manuales de inversión previos a la guerra, moviendo capital de vuelta a bonos del Tesoro de EE. UU. a corto plazo, divisas asiáticas castigadas y otras operaciones cíclicas que habían abandonado al estallar el conflicto . Grey Value Management, con sede en Florida, y Reed Capital Partners, en Singapur, identificaron valor en la deuda pública estadounidense a más corto plazo, mientras que Vantage Point Asset Management señaló a las acciones del sudeste asiático, muy golpeadas, como posibles ganadoras
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El dólar estadounidense tocó un mínimo de 10 días al rotar el capital desde posiciones de refugio seguro en el billete verde hacia divisas de mayor riesgo y activos de mercados emergentes . El won surcoreano se fortaleció en 8,7 wones por dólar, hasta 1.511,1, y los bonos del gobierno coreano subieron ante las expectativas de retorno de capital extranjero
. Las coberturas vinculadas al petróleo se liquidaron de forma agresiva, con los futuros del crudo estadounidense cayendo más de un 4% al desaparecer la mayor prima de riesgo de oferta incorporada en los precios de la energía: el bloqueo del estrecho de Ormuz
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A pesar de la reacción positiva del mercado, importantes advertencias están atemperando el entusiasmo. El marco anunciado el domingo es un memorando de entendimiento, un acuerdo inicial, no un tratado de paz definitivo y exhaustivo . La ceremonia de firma formal está prevista para el viernes 19 de junio en Suiza
. Los operadores son muy conscientes de que "un MoU/marco no es ni un acuerdo ni un tratado de paz final"
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La reapertura del estrecho de Ormuz, donde casi 600 barcos esperan para salir, está condicionada a la firma formal y a que el alto el fuego general se mantenga . El marco establece un periodo de alto el fuego de 60 días durante el cual se espera que continúen las conversaciones para abordar cuestiones no resueltas, incluido el crucial programa nuclear de Irán
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Las negociaciones nucleares son una vía completamente separada y sin resolver. El presidente Trump declaró que si Irán no lograba alcanzar un acuerdo nuclear concluyente con EE. UU. —un proceso que sus asesores prevén que comience el viernes en Suiza—, reiniciaría los ataques militares . El memorando de entendimiento exige una suspensión de hostilidades de 60 días, pero la cuestión nuclear sigue siendo el mayor riesgo pendiente
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Irán anunció que todas las acciones militares, incluidas las del Líbano, cesarán de forma permanente a partir del lunes por la noche . Sin embargo, la actividad militar de Israel en el Líbano no está cubierta explícitamente por el marco entre EE. UU. e Irán, y si el compromiso de Teherán se mantiene en medio de las operaciones israelíes en curso sigue siendo una incertidumbre clave
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El rally del mercado de bonos y el desarme de coberturas son reales pero parciales. Hasta que el MoU se firme el viernes, las conversaciones nucleares produzcan un marco y el estrecho de Ormuz se reabra físicamente al tráfico normal, una significativa prima de riesgo de implementación permanecerá incorporada en los precios de la deuda soberana y en el posicionamiento cruzado de activos. El daño inflacionista del conflicto —acumulado durante meses de elevados costes energéticos y de fletes marítimos— no desaparecerá de la noche a la mañana, y la senda de política monetaria de la Reserva Federal sigue siendo una fuente independiente de incertidumbre .
Por ahora, los mercados están poniendo precio a la esperanza, no a la certeza. El preacuerdo ha vuelto a abrir la puerta a un panorama de inversión como el de antes de la guerra, pero los operadores se mantienen con un pie en la salida.